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En Galilea

Juan el Bautista había mirado “a Jesús que andaba por allí” (Juan 1:36).

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En la sinagoga

Desde el comienzo de su ministerio, “recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos” (Mateo 4:23). No estuvo solamente en uno o dos lugares, sino que fue a toda Galilea predicando el evangelio del reino. Cada uno tenía la oportunidad de oírle. ¿Qué encontraba en esos edificios? Legalismo, formalismos, apariencias exteriores y, sobre todo, la miseria humana.

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En los hechos y en las epístolas

Su título de Señor es destacado. Cuando Esteban es apedreado, pide al Señor Jesús que reciba su espíritu. El Señor ordena a Ananías que vaya e imponga las manos a Pablo. Cuando ese fiel discípulo lleva a cabo esta misión, dice: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino…” (Hechos 7:59; 9:11-17).

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Episodios

El arca, figura de Cristo, abrió un camino a través del Jordán, el río de la muerte. En el río se levantan doce piedras que representan las doce tribus; se quedarán allí indicando la posición de aquellos que se hallan unidos a Cristo en su muerte.

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Este es mi Hijo amado

Era necesario que ese amor del Padre por el Hijo fuera proclamado públicamente y que los suyos estuvieran conscientes de ese amor.

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Getsemaní, el huerto de la noche

“Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua” (Lucas 22:7). Después de todas las fiestas de pascua que habían marcado la sucesión de los años desde la salida de Egipto, una última se ofrecería según la ordenanza divina.

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Hacia Jerusalén

En la parábola de Lucas 10, el samaritano “iba de camino” (v. 33); había dejado el lugar de bendición (Jerusalén) para ir al de maldición (Jericó), figura del Salvador que se había humillado a sí mismo para llegar a ser obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, a fin de socorrer a los miserables caídos a lo largo del camino.

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Hijo unigénito

El Hijo unigénito (Monogenes, eingeborene Sohn, only-begotten Son), Aquel a quien Dios “ha dado” (Juan 3:16), “su don inefable” (2 Co­rintios 9:15). Él es Hijo:

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Jesús

Al anunciar el milagroso nacimiento del niño, el ángel había dicho a María: “Llamarás su nombre Jesús” (Lucas 1:31), o sea, Jehová Salvador. Más tarde, ante la inquietud de José, un ángel del Señor se le aparece en sueños y repite: “Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

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Junto al mar

“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar” (Mateo 4:18). ¿Le vemos nosotros recorrer así la ribera? Los dos hombres dejaron sus redes, fuente de sus recursos, y le siguieron; Jesús les haría pescadores de hombres.

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La justificación

El pecador debe ser declarado justo; de lo contrario, será condenado.

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La reconciliación y la propiciación

La reconciliación es una de las bendiciones que nos concede la obra de Cristo; la propiciación es el lado de Dios. a)  La reconciliación

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La redención

Éramos esclavos del pecado y de Satanás. Por lo tanto, teníamos que ser libertados.

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La remisión de los pecados y la purificación

El pecado es presentado de dos maneras distintas: como deuda, por ejemplo en las parábolas; y como contaminación, representada por la lepra. Al aspecto de la deuda, le corresponde la remisión de las culpas, el perdón; al de la contaminación, le corresponde la purificación. a)  Remisión – perdón

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La salvación

“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

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La vida eterna

“Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo…, y juntamente con él nos resucitó” (Efesios 2:5-6; véase también Colosenses 2:13 y 3:1). El nuevo nacimiento nos ha hecho empezar una nueva vida. Somos hechos “participantes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). Podemos, entonces, andar “en vida nueva” (Romanos 6:4).

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Las pescas milagrosas

En Lucas 5 Pedro, quien ya se había encontrado con Jesús a orillas del Jordán, conoce su poder y encuentra en él a su Salvador. Ante el milagro, exclama: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Pero Jesús no se apartó. No rechazó al pecador que estaba de rodillas ante él; al contrario, le dijo: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.

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Las travesías

Al atardecer de una jornada, después de que el Señor enseñó a la multitud anunciando la Palabra “conforme a lo que podían oír”, dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado”. Iban a cruzar el mar, símbolo de toda la agitación de las circunstancias de la vida, pero Jesús estaba con los suyos. ¿Por qué temieron ante el viento y las olas, y no tenían fe?

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Mi Señor

María Magdalena lloraba por la desaparición de su Señor (Juan 20:13). Cuando por fin, Tomás cree que ha resucitado, dice: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28). Pablo habla de “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:8). Conocerle como Salvador da la paz con Dios, pero nos obliga en la práctica a decirle “Señor mío”, y a obedecerle en todo.

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Objetos

En primer lugar, el arca del Lugar Santísimo nos habla de Su persona. Era de madera y oro, lo que recuerda su humanidad y su divinidad. En ella estaba el maná, figura del que descendió del cielo (Juan 6:32-38); las tablas de la ley, su perfecta obediencia; la vara de Aarón, símbolo de vida y resurrección.

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Ofrendas

A lo largo del Antiguo Testamento, se ofrecieron sacrificios. No eran más que imágenes de “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). La primera alusión se halla en Génesis 3:21, cuando Dios, tras la caída, viste a Adán y Eva con pieles, para lo cual tuvo que morir una víctima.

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Personajes

Hay tres hombres que son, de un modo particular, figuras del Señor Jesús: José, Moisés y David.

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Rey de reyes y Señor de señores

La imagen del sueño de Nabucodonosor representaba los cuatro imperios de las naciones. Bastó “una piedra” para desmenuzarla. Entonces, dominio, gloria y reino son dados al “hijo de hombre”, y “su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 2:44-45; 7:13-14).

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Se apartó

Ezequiel había visto la nube dejar lentamente el santuario, detenerse a la entrada del templo, después a la puerta de la ciudad, para luego desvanecerse en el monte de los Olivos. Jesús se apartó. “Salió Jesús de la casa” (Mateo 13:1); se fue “a un lugar desierto y apartado” (Mateo 14:13); “de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón” (Mateo 15:21).

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