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El cántico de la liberación, capítulo 22

Llegamos aquí a la liberación definitiva de David. Todos su enemigos, de los cuales Saúl formaba parte (v. 1), han desaparecido. Este cántico que tendría lugar, históricamente, al principio del capítulo 7 (v. 1), se coloca aquí, porque el último de los adversarios de David y de su pueblo acaba de ser aniquilado (cap.

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El conductor

En el momento en que empezaba esa nueva etapa de la historia de Israel, Josué fue llamado a tomar la conducción del pueblo. Este hombre digno de nuestra atención aparece por primera vez en Éxodo 17, en ocasión al combate contra Amalec; en esta oportunidad, su aparición como jefe de los ejércitos de Israel nos da la clave de su carácter típico.

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El gobierno de Dios - Og, rey de Basán

Moisés continuó: “Volvimos, pues, y subimos camino de Basán, y nos salió al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei. Y me dijo Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo, que habitaba en Hesbón.

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El ministerio de Cristo en el pasado

Volvámonos ahora al capítulo 21 del libro del Éxodo, donde leemos lo siguiente:

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El profeta en el monte Carmelo

El primer versículo del capítulo 18 nos muestra una nueva orden que se le da al profeta: “Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra”. Se le ordena a Elías salir de su retiro en Sarepta, para presentarse en público y comparecer de nuevo delante del rey Acab.

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El profeta en el monte Horeb

Entre los que ocuparon un lugar destacado en la historia de la Iglesia de Cristo, hay pocos cuya carrera no ha estado marcada de manera especial por grandes vicisitudes. De ellos, así como de “los que descienden al mar en naves, y hacen negocio en las muchas aguas”, se podría decir: “Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal” (Salmo 107:23, 26).

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El profeta en el retiro

No bien nuestro profeta hubo dado su testimonio, se le llamó nuevamente a soledad y retiro, lejos de las miradas del pueblo. Y vino a él palabra de Jehová, diciendo:

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El reinado de Ezequías

En el capítulo 30 del segundo libro de Crónicas tenemos el reconfortante y alentador relato de la Pascua celebrada en los tiempos de Ezequías, cuando la unidad visible de la nación no existía más y cuando todo estaba en ruinas.

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El servicio, capítulo 17

El rey, como lo hemos visto, había devuelto a Sadoc, a Abiatar y a Husai a Jerusalén, para emplearles en su servicio. Las demostraciones de abnegación no bastan, por preciosas que sean al corazón del amo, y no son sino el preludio del servicio.

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El valor y la autoridad de la Palabra de Dios

La historia de Josías nos enseña una lección sumamente importante: el valor y la autoridad de la Palabra de Dios. Es imposible calcular la importancia de tal lección para toda edad, ambiente y situación, para el creyente individual y para la iglesia de Dios en su conjunto. La suprema autoridad de las Escrituras debe estar profundamente grabada en cada corazón.

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Elí y su casa

El comienzo del primer libro de Samuel proporciona una muy solemne prueba de esta verdad: “Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.

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Éxodo 34:6-7

No quisiera terminar este artículo sin citar un pasaje que a menudo se cita erróneamente como la expresión de la gracia, y que en realidad es la manifestación del divino gobierno: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová!

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Hanún, capítulo 10

La gracia de David no se dirige al remanente judío solamente. En el capítulo 10, se presenta a unos gentiles rebeldes. Moab y Amón, descendientes de Lot, formaban casi un solo pueblo, habiéndose sido siempre aliados, entre sí y con los enemigos de Israel, para perjudicar al pueblo de Dios.

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Hebrón, capítulo 2

Al mismo tiempo que pronuncia un lamento sobre Saúl y sobre Jonatán, David –lo hemos visto– tenía el propósito de enseñar a los hijos de Judá a servirse del arco. Hemos notado que el arco significa, para el creyente, la fuerza de Dios que solo se manifiesta en la dependencia. Al principio del capítulo 2, la conducta de David es la ilustración de esta verdad.

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Is-boset, capítulo 4

Este capítulo es el último de los que cuentan los preludios de la realeza de David. Satanás, el seductor, no se desanima en su obra malvada contra el ungido de Jehová y, rechazado una primera vez, no teme volver a la carga. En el capítulo 1 había ofrecido la corona a David por medio de un amalecita.

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Joab, capítulo 14

Hemos notado más arriba que el primer libro de Crónicas guarda silencio sobre los acontecimientos que nos ocupan. En nuestro relato, David no es figura de Cristo más que incidentalmente; representa más bien al remanente restaurado, que atraviesa la tribulación con la culpabilidad de la muerte del Justo.

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Josafat - 2 Crónicas 17 a 20

Josafat, rey de Judá, se nos presenta en el capítulo 17 del segundo libro de las Crónicas. Allí vemos a Dios, en su gracia, estableciendo a su siervo en el reino, y al pueblo de Dios reconociéndolo. Lo primero que hace Josafat es hacerse “fuerte contra Israel”. Esto es digno de notarse. Israel y su rey fueron siempre una trampa para el corazón de Josafat.

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Josías celebra la pascua

Para concluir nuestros comentarios sobre «La vida y los tiempos de Josías» llamaremos la atención sobre dos cosas: en primer lugar, la celebración de la pascua; y, en segundo lugar, el solemne final de su vida. Si las omitiéramos, nuestro bosquejo de este período realmente interesante quedaría incompleto.

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Josías comenzó buscando a Dios

Este niño piadoso se halló en circunstancias y pruebas particularmente difíciles. Estaba rodeado de diversos errores que persistían desde mucho tiempo atrás; pero

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La caída, capítulo 11

Al leer este capítulo, un sentimiento de profunda humillación llena el corazón de todo hijo de Dios. Hace más de treinta siglos que ocurrieron estos hechos, pero treinta siglos transcurridos no impiden que Dios haya sido deshonrado por uno de sus siervos. El pecado puede haberse borrado, pero el ultraje hecho a Dios subsiste.

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La casa de Acab

Dejaremos a nuestro profeta por un momento para volver nuestra atención hacia el triste estado de cosas en Israel durante el tiempo cuando Elías se hallaba a solas con Dios. Terrible, por cierto, debe ser el estado de cosas en la tierra, cuando “el cielo se cerrare” (1 Reyes 8:35).

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La casa del siervo de Dios en el libro de los Números

Pero debo proseguir con las pruebas bíblicas. En el libro de los Números, los “niños” también nos son presentados. Ya hemos visto que el verdadero propósito de un creyente en comunión con Dios es salir con sus hijos de Egipto. Ellos deben ser sacados de allí a toda costa; pero ni la fe ni la fidelidad de los padres cristianos se contentan con eso.

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La casa del siervo de Dios en el libro del Éxodo

Nos remitimos ahora a los primeros capítulos del libro del Éxodo, donde vemos que una de las cuatro objeciones de Faraón a dejar que Israel fuese plenamente liberado, se refería específicamente a los niños (Éxodo 10:8-9):

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La endecha de David, capítulo 1:17-27

“Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá” (v. 18). Es una enseñanza para ellos. Como testigos del desastre de Israel, debían saber cómo evitarlo ellos mismos en el porvenir. Saúl había sido por vencido por los arqueros (1 Samuel 31:3), cuando él mismo estaba privado de esta arma.

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