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Pensar y obrar como Cristo

Si participo del sentir y de los pensamientos de Cristo, no soportaré ver el mal en los santos, sino que desearé verlos semejantes a Cristo. Él obra actualmente en el corazón de los santos, como lo leemos en Efesios 5:26: “para santificarla, purificándola por el lavamiento de agua por la palabra” (versión francesa de J. N.

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Pequeño resumen

Hay tres cosas que están íntimamente unidas: la obra de Cristo; la Palabra de Dios; y su salvación. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Gracias a Dios, esta es nuestra herencia mediante la fe.

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Perfeccionados para siempre

Veamos Hebreos 10:14: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Esto no quiere decir que se haya quitado por completo el mal del corazón del creyente, ni que éste nunca volverá a pecar. La obra de Cristo es tan maravillosa, y Él llevó tan plenamente sobre sí nuestras culpas, que Dios no volverá a suscitar la cuestión de nuestros pecados.

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Pesar trapos inmundos

Muchos creen que en el día del juicio sus buenas obras serán puestas en un platillo de la balanza sostenida por la Justicia, y sus pecados en el otro platillo, y que, en caso de que pesaran más las buenas obras, entrarán en el cielo.

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¿Por cuántos pecados?

Permítame dirigirle una pregunta: ¿Por cuántos de sus pecados fue entregado el Señor Jesucristo? Él fue entregado por nuestros pecados. ¿Por cuántos? Aún no habíamos nacido cuando Cristo murió en la cruz. La historia de nuestras vidas pertenecía al futuro. Pero Dios conocía todos nuestros pasos y él entregó a Cristo por nuestros pecados. ¿Por cuántos?

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Primero obediente, luego exaltado

Nosotros tenemos que tener el mismo sentimiento, el mismo pensamiento que estaba en Cristo. Dios le había “preparado cuerpo”, o, como lo dice otro pasaje, le había “horadado la oreja”. Como hombre, Él había tomado forma de siervo. Vino –la plenitud de la Deidad– a habitar en ese cuerpo y manifestó en él la obediencia perfecta, de manera que Dios le ensalzó a su diestra.

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¿Qué sucede cuando uno peca después de su conversión?

Saben ustedes que, cuando nos convertimos, empezamos a formar parte de la familia de Dios. Dios es nuestro Padre. Pues bien, algunos de ustedes son padres o madres y saben perfectamente que, cuando sus hijos quieren ser dueños de su voluntad y les desobedecen, ustedes no dejan de castigarlos, pero nunca mandan que las autoridades los apresen.

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Regocijarse en el Señor es olvidarse de uno mismo

¡Qué objetivo era el que Pablo tenía ante sí! ¡Qué energía producía! Los ojos de Pablo están fijos en todo aquello que se encuentra más allá del desierto. Él es un viajero que lo atraviesa, y, en su camino, se regocija siempre en el Señor. Así predicara en público o recibiera apaciblemente en su casa a todos aquellos que acudían a verle, él se regocijaba.

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Regocijo permanente

“Regocijaos en el Señor siempre” (v. 4). ¿Quién era el hombre que podía hablar así de parte de Dios? ¿El hombre que había estado en el tercer cielo? No, sino aquel que estaba prisionero en Roma. Eso era regocijarse siempre, como en otra parte lo dice el salmista: “En todo tiempo bendeciré a Jehová”.

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Resultado de la oración, y la suministración del Espíritu

Vean ahora cómo Pablo se eleva por encima de todas las pruebas de esos cuatro años de prisión (dos en Cesarea y dos en Roma). “Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio” (v. 12).

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Salvación presente y futura

La voz “salvación” no es una palabra vacía, sino de gran significación. Toca no solamente a lo futuro, sino también a lo presente. Se refiere tanto a la actual salvaguardia contra el poder del pecado como a la liberación de la futura pena por el pecado.

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Satanás es el dios de este siglo

A quien pregunte los motivos por los cuales tal actitud debe caracterizarnos, respondemos: ¿No sabe que Satanás es “el dios de este siglo” (o mundo), “el príncipe de la potestad del aire” (2 Corintios 4:4; Efesios 2:2), el director de este sistema monstruoso? Él es su energía, su genio inspirador y su príncipe.

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Satanás vencido y atado

Los filipenses se hallaban aquí en una tribulación positiva; pero la vida cristiana por entero es una vida de lucha contra Satanás, lo que no significa que permanentemente debamos pensar en eso si nos hemos puesto toda la armadura de Dios; pero, si no tenemos conciencia de la victoria de Cristo, corremos el riesgo de ser intimidados; y aunque poco conocemos este conflicto, en alguna medida lo c

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Seguir un mismo modelo

“Hermanos, sed imitadores de mí…” dice el apóstol, colocándose ahora a sí mismo, de manera notable, como modelo ante los santos. Pone en contraste a aquellos cuya “ciudadanía (o conversación) está en los cielos” con aquellos “que solo piensan en lo terrenal” (v. 17 y subsiguientes). El fin de estos es la perdición, pues son enemigos del cristianismo.

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Si uno sufre, los demás sufren con él

“Por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia” (v. 7). Poco sentimos cuán real es la unidad del Espíritu; hemos perdido grandemente la realidad de ella, aunque reconozcamos el hecho como una verdad.

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Siervo para siempre

Cristo no solo tomó la forma de siervo, sino que también tomó ese lugar para siempre, así como no dejará nunca de ser hombre ni abandonará el verdadero lugar de este ante Dios. Cristo tomó la forma de hombre y cumplió sus años de servicio en la tierra según la figura del siervo hebreo del capítulo 21 del Éxodo.

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Somos limpios de todo pecado

Consideremos, en primer lugar, el versículo 7: ¿De qué somos limpiados? De todo pecado. Pasemos ahora al 8: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. ¿Se contradicen estos versículos? Ciertamente que no. Ambos están perfectamente de acuerdo.

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Tener un mismo sentimiento

Pablo dice: “Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (v. 15). ¿Puede ser que alguno haya dado el primer paso y el lector esté más adelantado? Si lo está, una cosa debe hacer: mostrar mayor gracia para con aquel que aún no lo esté, pues de todas maneras Cristo lo ha hecho suyo y le ha perdonado sus pecados.

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Tener un mismo sentimiento

Los filipenses, en su preocupación por Pablo, habían manifestado esas cosas de las que el apóstol habla en el versículo 1. Sin embargo, ellos no estaban perfectamente unidos en Cristo. Pero el apóstol no quería hacerles un reproche al ver todo el amor que sentían por él.

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“Toda la Escritura es inspirada por Dios”

Tengamos la certeza de que es así, desde el primero hasta el último versículo. Hemos leído algunos versículos del capítulo 10 del evangelio según Juan y podemos estar seguros de que ninguna otra parte de la Escritura contradice estas dulces palabras salidas de la boca de nuestro Señor Jesús.

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Un orden de cosas completo

¿Puede haber sistema más admirable y completo? Lo abarca todo. La satisfacción y el pretendido gozo que contiene son suficientes para que la gran e inconstante masa de la humanidad se halle siempre en actividad y goce de una relativa alegría. Los corazones se apresuran a buscar lo que los pueda satisfacer, los espíritus se hallan atareados.

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Una oveja no tiene ninguna mano

Entonces, ¿cómo puede asegurarse? Le es imposible hacerlo, pero el pastor la asegura, la agarra por las cuatro patas, la pone sobre sus hombros y la lleva a su casa. Estamos en las manos del Hijo y en las manos del Padre. Quiere decir que tenemos una doble garantía del amor divino, como nos lo dice el Señor Jesucristo: “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás”.

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Una paz inmutable

Unas palabras más para explicar el último punto. Los hombres hablan de los problemas por los cuales pasa su paz. Mi deseo es grabar en su mente esta verdad de la Escritura: “Él es nuestra paz” (Efesios 2:14). Es muy frecuente que, cuando alguien tiene deseos de obtener la paz, la busque en su propio corazón. Es un error:

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Una posición clara

Así son las cosas: cuando un alma ha llegado realmente al conocimiento de Dios, o más bien, a ser conocida por Dios, se siente atraída hacia las cosas celestiales por su unión con Cristo. No tiene ningún deseo de participar en el sistema u orden de cosas del mundo, y bien puede pensar: ¿cómo podría yo retornar a tan débiles y miserables principios?

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