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Mi pecado mancha el testimonio del Señor Jesús

Por mi pecado yo hago comprender a todos los que me ven (Dios, los ángeles, el diablo y sus ángeles, los creyentes y el mundo) que no tomo en cuenta a Dios, que más bien hago caso al diablo y que no me he dejado separar enteramente del mundo por la cruz del Señor Jesús (Gálatas 6:14).

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Mi pecado me aleja de los hijos de Dios

Este es otro punto importante: Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él esta en luz, tenemos comunión los unos con los otros (1 Juan 1:6-7).

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Mi pecado me coloca bajo la disciplina de la asamblea

En la Palabra de Dios encontramos varias formas de disciplina ejercidas por la asamblea o iglesia local reunida en el Nombre del Señor Jesús. Esto comienza con formas de actuar de carácter pastoral, como la de restaurar a un hermano que ha sido sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1).

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Mi pecado ofende a Dios

Este es un punto poco considerado. No olvidemos que el pecado ha entrado en el mundo porque el hombre ha creído en las mentiras del diablo y no en las declaraciones de su Dios y Creador. El diablo sugirió que Dios había mentido, no queriendo el bien del hombre.

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La Iglesia del Dios viviente

Ministerios carnales e infructuosos

Gálatas 5:13 nos recuerda: “A libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. La libertad del Espíritu no ha de usarse como licencia para la carne, de modo que ésta actúe y se exalte en la asamblea.

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La Iglesia del Dios viviente

Mirar al Maestro

Cuando haya captado plenamente estas cosas en el alma, el siervo será sostenido, en la dignidad de la fe, por el pensamiento fortalecedor y la conciencia de ser un siervo del Señor Jesucristo. De esta manera, el asunto del apoyo material que necesita en el servicio del Señor se hace sencillo y claro.

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La Iglesia del Dios viviente

Mujeres del Nuevo Testamento

En dos grandes aspectos Dios honró de manera especial a la mujer más que al hombre en el Nuevo Testamento: 1) Cristo nació de una mujer, la virgen María. 2) El Señor, después de su resurrección, se apareció primero a una mujer, María Magdalena. Estas dos mujeres tienen un lugar admirable en conexión con el Señor.

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La Iglesia del Dios viviente

Ninguna autoridad absoluta

Sin embargo, una asamblea no es infalible; por consiguiente, está expuesta a errar en sus decisiones o acciones. Si la asamblea quita sus ojos del Señor, puede ser que actúe impulsada por la carne y no por el Espíritu, y así falle en comprender los pensamientos del Señor, quien está en medio de ella.

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La Iglesia del Dios viviente

Ninguna esperanza de recuperación

En seguida leemos acerca del viento huracanado que se levantó y de los esfuerzos hechos para preservar la nave. Esta tempestad puede referirse a la oposición que Satanás ofrece a la Iglesia. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos (v. 20).

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Ninguna ordenación humana

En las Escrituras no hubo ordenación ni autorización humanas en relación con Pablo o cualquier otro profeta o predicador, ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento. Pablo aun dice que, cuando Dios le llamó, no consultó con ninguna persona humana ni subió a Jerusalén para recibir, por decirlo así, el consentimiento y la autorización de los apóstoles allí (véase Gálatas 1:15-17).

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Ninguna posición pública

Hemos visto a través de varios pasajes de la Biblia que el lugar de la mujer no es un lugar público, sino que le corresponde más bien desarrollar las múltiples actividades para su Señor y Salvador en la esfera privada. Ya que hemos venido considerando lo que a la mujer no le es permitido hacer, observemos en la Escritura varias posiciones u oficios que no le fueron dados.

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No hay tal costumbre entre nosotros

“Con todo esto, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (v. 16). El apóstol había declarado la mente de Dios en este asunto, y, por si algunos fueran a contender sobre ello, argüir y argumentar, él simplemente agrega: “Nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios”.

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No negando Su nombre

Resulta, por lo tanto, que si nos congregamos de veras en el nombre y la persona de Cristo, no alzaremos como estandarte otros nombres bajo los cuales adherirnos y ser registrados. Tampoco nos llamaremos con nombres tal como se hace en la mayoría de las denominaciones.

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“No provoquéis a ira a vuestros hijos”

Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4).

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No todos los dones se encuentran en una sola persona

Esta verdad se pone de relieve en Romanos 12:5-8: “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

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Nuestra actitud para con el expulsado

El que ha sido excomulgado ha sido puesto fuera de la esfera de la comunión cristiana. Con tal persona no debemos asociarnos de ninguna manera, ni siquiera para comer. “Con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). “Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (v. 13). Notemos que esta amonestación no habla meramente de expulsar al perverso del seno de la asamblea, sino “de entre vosotros”.

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Nuestros afectos y nuestra fidelidad

Mientras nosotros, su Esposa, gozamos de su amor, los afectos de nuestro corazón deberían brotar –y de veras brotarán– para Él. Desearemos intensamente a nuestro Esposo y procuraremos asiduamente serle fiel aquí en este mundo que lo rechazó. Hemos de recordar las palabras de Pablo a los corintios y darnos cuenta de que se aplican a todo creyente.

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Nutrir los corazones

¡Cuán bueno es llenar los tiernos corazones y las mentes de los niños con las verdades de la preciosa Palabra de Dios! Es de gran valor instruir en las Escrituras a los niños cuando aún lo son y adiestrarlos en un conocimiento profundizado de la Palabra de Dios. Es como preparar bien los elementos de una fogata, de modo que baste una chispa para convertirla en llama.

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Obligar a obedecer

Para ser obedecidos, los padres deben atenerse a su palabra y cumplir sus advertencias de castigo en caso de desobediencia. Los niños son vivos observadores y pronto saben si lo que decimos, lo decimos seriamente o no, si castigaremos la desobediencia y recompensaremos la obediencia. Los padres deben insistir, aun apelando al castigo si fuese necesario, en ser obedecidos.

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Oraciones definidas

Muchas veces las reuniones de oración parece que no tuvieran un objetivo. Las oraciones se notan confusas y desorientadas. En las Escrituras los discípulos generalmente tenían alguna meta definida en su mente. Estaban completamente de acuerdo sobre un objetivo y oraban con un espíritu de unanimidad.

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Origen, canales y extensión del ministerio

La base sobre la cual Cristo da estos dones para ministrar es la redención, la que Él efectuó por su sangre y su ascensión al cielo. Como Salvador victorioso, resucitado y ascendido, da dones a sus siervos para que desempeñen el ministerio cristiano, a fin de que las almas sean salvas. Pero su obra no termina con esto.

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Otros dones

Ya hemos considerado detalladamente los cinco dones prominentes dados a la Iglesia –apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros– tal como se los menciona en Efesios 4:11. Estos son los dones mayores, y podemos estar seguros de que los últimos tres (evangelistas, pastores y maestros) continuarán hasta que el Señor reúna a la Iglesia en la gloria de la casa del Padre (Efesios 4:13).

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Pablo anima y testifica

Pero dentro de la oscuridad hay ánimo y estímulo para los que de veras pertenecen al Señor. Durante la tempestad, el ángel de Dios apareció a Pablo, diciéndole que no temiera. Le dijo que era necesario que compareciese ante César y que Dios le había concedido la vida de los que navegaban con él (v. 22-25).

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“Para que vuestras oraciones no tengan estorbo”

En 1 Pedro 3:7 los esposos son exhortados a habitar con sus esposas “sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia y de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

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