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Las Escrituras no pueden contradecirse
Así sentados estos principios, damos por aceptado que las Escrituras no se contradicen a sí mismas; que es completamente imposible que un versículo contradiga a otro; aunque, si se juzga con ligereza, así lo parezca en algunos casos. Los incrédulos buscan contradicciones en la Biblia y a menudo encuentran un punto en el que creen que existe una.
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Las obras de la ley y el fruto del espíritu
Alguien dirá: «¿No le parece que debemos guardar los diez mandamientos?». Yo opino que debemos hacer más que esto. Supongamos que tengo dos medidas, una de un metro y medio de altura y otra de dos metros. Si llego a la que tiene dos metros, es natural que llego también a la que tiene un metro y medio. Cristo es la medida del cristiano.
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Lazos familiares
Veamos el siguiente ejemplo: Su hijo le ha desobedecido. El semblante del niño manifiesta que ha hecho algo que no debía. Media hora antes disfrutaba paseando con usted en el jardín, admirando lo que usted admiraba, alegrándose con aquello con que usted se alegraba. En otras palabras, estaba en comunión con usted; sus sentimientos y gustos eran iguales a los suyos.
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Liberación de la antigua posición en Adán
En las epístolas de Pablo, el Espíritu Santo nos presenta la completa liberación del creyente de su antigua posición en Adán, y nos da a conocer su nueva posición: completamente justificado y perfectamente aceptado en Cristo.
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Libres de un diluvio judicial
Voy a presentar otro caso que ilustra la enseñanza que me propongo dar. Dice la Biblia que, cuando Noé y su familia estuvieron dentro del arca, Jehová cerró la puerta (Génesis 7:16).
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Lo que Dios establece y nuestras experiencias
Muchos creyentes pasan por grandes angustias porque continuamente están escudriñando sus propios corazones, pensando encontrar en él la evidencia de su conversión a Dios. Se puede que tal persona diga:
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Lo que Dios ha hecho
Examinemos ahora los cuatro hechos de Juan 3:35-36 mencionados anteriormente:
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Los creyentes esperan el retorno de Cristo – ¿por qué?
Ahora bien, ¿por qué habría de ser distinto para ti y para mí cuando oímos hablar del regreso del Señor? ¿Acaso no experimentamos la dulzura de su amor? ¿No fue él quien sufrió y murió por nosotros? ¿No nos ha guardado a lo largo del camino, desde el día que le conocimos, llevando nuestros dolores y restaurándonos después de muchas caídas?
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Los hechos divinos y nuestros sentimientos y experiencias
Desde el momento en que Dios establece un hecho en su Palabra, debemos creerlo y aceptarlo, aun cuando nuestra razón no pueda comprenderlo, o aquello no concuerde con nuestra experiencia o nuestros sentimientos. Dios es su propio intérprete y, a su tiempo, aclarará todo al que pacientemente espera en él. Y aunque no lo haga, nuestro deber siempre es creer, puesto que Dios no se equivoca.
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Los que recayeron
Puede ser que algunos digan: «¿No hay en la epístola a los Hebreos, capítulo 6, un versículo que habla de recaer?». Que lean con mucha atención los versículos 4 al 6 de ese capítulo. En ellos se dice: "Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados… y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento." Esto significa que no hay misericordia para los que recaen.
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Más que vencedores
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
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Muerto a la ley
En Romanos 7:4 leemos: “Vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo”. Ahora, todo se encierra en Cristo. No agradamos a la carne; no hacemos nuestra voluntad, sino la de Cristo. Esto nos recuerda al ciego Bartimeo, cuyos ojos le fueron abiertos. Lo primero que vio fue la faz de Aquel que le había dado la vista. Jesús le dijo: “Véte”; pero ¿qué hizo él?
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Nadie las arrebatará de mi mano
“Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
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«No comprendo. Fue demasiado fácil».
Algunos nos dicen: «No comprendo el Evangelio; ustedes dicen: Crean solamente. Me parece una cosa demasiado fácil». Tal afirmación la he oído en muchas otras partes del mundo; brota naturalmente del corazón humano. Pero es mejor que reflexione, que piense bien: ¿en realidad fue una cosa demasiado fácil? El Señor Jesús descendió del cielo a la tierra. ¡Qué viaje!
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No hay diferencia: todos somos culpables
“Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
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Nunca dejamos de ser hijos
Supongamos que un hombre rico encuentra a un joven de 17 años, lo lleva a su casa, lo adopta como hijo y le dice: «Desde hoy eres mi hijo, los criados tienen la obligación de servirte. Puedes mandar por el coche cuando quieras, y disponer de todo como si efectivamente fueses mi hijo». Al día siguiente, el rico pregunta: «¿Dónde está mi hijo?».
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Pequeño resumen
Hay tres cosas que están íntimamente unidas: la obra de Cristo; la Palabra de Dios; y su salvación. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Gracias a Dios, esta es nuestra herencia mediante la fe.
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Perfeccionados para siempre
Veamos Hebreos 10:14: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Esto no quiere decir que se haya quitado por completo el mal del corazón del creyente, ni que éste nunca volverá a pecar. La obra de Cristo es tan maravillosa, y Él llevó tan plenamente sobre sí nuestras culpas, que Dios no volverá a suscitar la cuestión de nuestros pecados.
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Pesar trapos inmundos
Muchos creen que en el día del juicio sus buenas obras serán puestas en un platillo de la balanza sostenida por la Justicia, y sus pecados en el otro platillo, y que, en caso de que pesaran más las buenas obras, entrarán en el cielo.
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¿Por cuántos pecados?
Permítame dirigirle una pregunta: ¿Por cuántos de sus pecados fue entregado el Señor Jesucristo? Él fue entregado por nuestros pecados. ¿Por cuántos? Aún no habíamos nacido cuando Cristo murió en la cruz. La historia de nuestras vidas pertenecía al futuro. Pero Dios conocía todos nuestros pasos y él entregó a Cristo por nuestros pecados. ¿Por cuántos?
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¿Puede la nueva naturaleza mejorar a la vieja?
Sólo existe una respuesta: Nada puede mejorar a la carne. Se ha intentado hacerlo de todas las maneras posibles, desde la caída de Adán en el Edén hasta la cruz de Cristo en el Calvario. Pero, ¿cuál ha sido el resultado? El hombre desobedeció voluntariamente la santa ley de Dios, cuando Dios, por ser justo, le pedía que le obedeciese.
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¿Qué diferencia hay entre los dos casos?
Ahora bien, ¿cuál de estas dos familias le parece que estaba más salva? Tal vez diga que la segunda, cuyos miembros gozaban de la tranquilidad que les daba la confianza en Dios.
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¿Qué naturaleza satisfacer?
Hemos visto la convivencia de dos naturalezas que, debido a su diferencia de origen, tienen gustos completamente distintos; existen, pues, “las cosas de la carne” y “las cosas del “Espíritu” (v. 5). No olvidemos que estas dos naturalezas reclaman a diario ser satisfechas, conforme a sus respectivas necesidades.
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¿Qué sucede cuando uno peca después de su conversión?
Saben ustedes que, cuando nos convertimos, empezamos a formar parte de la familia de Dios. Dios es nuestro Padre. Pues bien, algunos de ustedes son padres o madres y saben perfectamente que, cuando sus hijos quieren ser dueños de su voluntad y les desobedecen, ustedes no dejan de castigarlos, pero nunca mandan que las autoridades los apresen.
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