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El altar de oro - Éxodo 30:1-10

El altar de oro era de dimensiones mucho más reducidas que el altar de bronce, o sea un codo de ancho, un codo de largo (cuadrado) y dos codos de alto. Era de madera de acacia cubierta de oro puro y nos habla esencialmente de Cristo. Ubicado frente al velo (v. 6), está íntimamente ligado al arca y al propiciatorio.

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El Amalecita, capítulo 1:1-16

Dos hechos señalan el reinado de David en su aurora: el juicio de Israel y de su príncipe sobre los montes de Gilboa, y la victoria obtenida sobre Amalec por aquel que será rey mañana.

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El arca - Éxodo 25:10-22

En las ordenanzas para el tabernáculo dadas por Dios a Moisés, en los capítulos 25 a 27, el arca ocupa el primer lugar. De igual manera, cuando Dios se nos revela, parte del santuario y sale hacia el atrio; nos presenta primeramente lo que es el objeto supremo de su corazón: la persona de Cristo.

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El arca en Sion, capítulo 6

No basta que la sede de la realeza de David –o de Cristo– sea colocada en Sion, en el monte de la gracia. Dios mismo quiere morar allí para siempre con su rey (véase Apocalipsis 22:1, 3). Por eso David está enteramente en la corriente de los pensamientos de Dios, cuando va a buscar el arca para volverla a traer a Jerusalén.

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El candelero - Éxodo 25:31-40; 27:20-21; Levítico 24:1-4; Números 8:1-4

Contrariamente a los otros objetos del tabernáculo hechos de madera de acacia recubierta de oro, el candelero era totalmente de oro puro, forjado en una sola pieza. Él nos habla de lo que es esencialmente divino. Era de oro batido (“labrado a martillo”), recordando que aquel a quien representa –Cristo– pasó por el sufrimiento.

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El cántico de la liberación, capítulo 22

Llegamos aquí a la liberación definitiva de David. Todos su enemigos, de los cuales Saúl formaba parte (v. 1), han desaparecido. Este cántico que tendría lugar, históricamente, al principio del capítulo 7 (v. 1), se coloca aquí, porque el último de los adversarios de David y de su pueblo acaba de ser aniquilado (cap.

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El cinturón (Éxodo 28:4 y 8)

El cinturón ceñía el efod. Era de “obra primorosa” (Éxodo 28:8), subrayando que el servicio del Señor será perfectamente y para siempre cumplido con la fuerza de los lomos ceñidos. Como en otro tiempo en la tierra, Él no se cansa y no se fatiga. Vive siempre para interceder por nosotros.

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El conductor

En el momento en que empezaba esa nueva etapa de la historia de Israel, Josué fue llamado a tomar la conducción del pueblo. Este hombre digno de nuestra atención aparece por primera vez en Éxodo 17, en ocasión al combate contra Amalec; en esta oportunidad, su aparición como jefe de los ejércitos de Israel nos da la clave de su carácter típico.

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El efod (Éxodo 28:5-14)

El efod era la vestidura sacerdotal por excelencia. Como el velo, estaba tejido con azul, púrpura, carmesí (o escarlata) y lino fino, a lo que se añadía oro: “Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa” (Éxodo 39:3).

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El enebro

Después de la tensión del Carmelo, Elías tendría que haberse apresurado a retirarse. El cansancio, tanto físico como psíquico, requería un descanso.

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El manto de azul (Éxodo 28:31-35)

Cristo no es nuestro sacerdote en la tierra (Hebreos 8:4), sino en el cielo. Eso es lo que nos recuerda este manto enteramente de azul llevado bajo el efod. Todo en su oficio nos atrae hacia el cielo, donde se cumple actualmente su servicio (Hebreos 9:24).

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El propiciatorio - Éxodo 25:17-21

El arca era un cofre y tenía una tapa llamada propiciatorio. El término hebreo traducido por propiciatorio deriva de “cubrir o cubierta”.

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El servicio, capítulo 17

El rey, como lo hemos visto, había devuelto a Sadoc, a Abiatar y a Husai a Jerusalén, para emplearles en su servicio. Las demostraciones de abnegación no bastan, por preciosas que sean al corazón del amo, y no son sino el preludio del servicio.

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El velo - Éxodo 26:31-35

Según Hebreos 10:20, el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo representa a Cristo venido en carne.

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Elimelec y Noemí

Un hambre sobrevino en la tierra de Canaán, prueba permitida por Dios con un propósito conocido por él. ¡La actitud de la fe sería buscar la razón de esta disciplina, arrepentirse, someterse! (1 Reyes 8:35). Pero Elimelec y los suyos no lo entendían así. Querían evadir la prueba que Dios permitía y se fueron a los campos de Moab, más allá de las fronteras fijadas por Dios, para “morar” allí.

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Eliú

Durante las largas conversaciones de Job y sus amigos, Eliú, mucho más joven, escuchaba (cap. 32:11-12). Sus rasgos característicos eran la paciencia, la modestia, la humildad; no discutía; no halagaba; no se parcializaba, mas estaba movido por un espíritu de rectitud. No dio prueba de suficiencia, sino que supo ponerse al nivel del pobre que sufría (cap.

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Hanún, capítulo 10

La gracia de David no se dirige al remanente judío solamente. En el capítulo 10, se presenta a unos gentiles rebeldes. Moab y Amón, descendientes de Lot, formaban casi un solo pueblo, habiéndose sido siempre aliados, entre sí y con los enemigos de Israel, para perjudicar al pueblo de Dios.

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Hebrón, capítulo 2

Al mismo tiempo que pronuncia un lamento sobre Saúl y sobre Jonatán, David –lo hemos visto– tenía el propósito de enseñar a los hijos de Judá a servirse del arco. Hemos notado que el arco significa, para el creyente, la fuerza de Dios que solo se manifiesta en la dependencia. Al principio del capítulo 2, la conducta de David es la ilustración de esta verdad.

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Horeb

En la soledad del monte de Dios, en la cueva donde Moisés posiblemente estuvo refugiado cuando Dios paso delante de él (Éxodo 33:22), la palabra divina se dirigió al siervo desalentado: ¿Qué haces aquí, Elías?

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Is-boset, capítulo 4

Este capítulo es el último de los que cuentan los preludios de la realeza de David. Satanás, el seductor, no se desanima en su obra malvada contra el ungido de Jehová y, rechazado una primera vez, no teme volver a la carga. En el capítulo 1 había ofrecido la corona a David por medio de un amalecita.

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Joab, capítulo 14

Hemos notado más arriba que el primer libro de Crónicas guarda silencio sobre los acontecimientos que nos ocupan. En nuestro relato, David no es figura de Cristo más que incidentalmente; representa más bien al remanente restaurado, que atraviesa la tribulación con la culpabilidad de la muerte del Justo.

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Job bendecido

La Palabra nos dice que Job era un hombre perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Dios mismo lo llama “mi siervo”. Fue bendecido en su familia: parece que sus siete hijos y sus tres hijas tenían buena armonía entre ellos. Tenía éxito en sus empresas: su ganado se multiplicaba, sus cultivos prosperaban.

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Job probado

Las pruebas iban a caer sobre Job. Sería despojado de sus bienes y profundamente tocado en sus afectos por medio de la muerte de sus diez hijos. Pero su actitud permanecería intachable: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Luego fue tocado en su cuerpo, la enfermedad cayó sobre él, “una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza”.

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La caída, capítulo 11

Al leer este capítulo, un sentimiento de profunda humillación llena el corazón de todo hijo de Dios. Hace más de treinta siglos que ocurrieron estos hechos, pero treinta siglos transcurridos no impiden que Dios haya sido deshonrado por uno de sus siervos. El pecado puede haberse borrado, pero el ultraje hecho a Dios subsiste.

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