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Palabras inefables

No hay un cuarto cielo, de modo que el paraíso es el lugar más alto, es el cielo de Dios, “el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7). Allí fue arrebatado el apóstol Pablo. ¿Cómo? Sólo Dios lo sabe; pero Pablo estaba seguro de que podía estar allí tanto como alma separada del cuerpo como en el cuerpo.

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Paraíso y gloria

Notemos además que el paraíso no es la gloria. No cabe la menor duda de que la gloria está allí donde Cristo se encuentre; pero nosotros sólo podremos entrar en la gloria como seres completos; tendremos cuerpo y alma reunidos, y no nos hallaremos en un estado intermedio. Generalmente nos hacemos una falsa idea de la gloria al considerarla como un lugar. La gloria es una manifestación.

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Paréntesis - El librito o la última media semana de Daniel

Tenemos aquí un nuevo paréntesis intercalado entre la segunda y la tercera trompeta de “ayes”, el cual tiene un lugar determinado entre esos dos períodos. La duración de los sucesos relatados aquí, la única que es mencionada en el Apocalipsis, corresponde a la última media semana de Daniel (cap. 9:27): tres años y medio, ó 1.260 días, o un tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo (cap. 12:14).

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Paréntesis - Los 144.000 sellados y la gran multitud

Este capítulo es un paréntesis intercalado en el curso del relato. Nos presenta dos clases de personas preservadas durante el período que estamos considerando. En primer lugar, 144.000 sellados (número simbólico) de entre las doce tribus de Israel.

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Pelearán contra el Cordero

Pelearán contra el Cordero – cap. 19:19.

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Perdón, disciplina y restauración, capítulo 12

Cierto tiempo había transcurrido desde la falta cometida por David. La guerra contra Amón –comenzada en el capítulo precedente que, por sí solo, abarca acontecimientos de casi un año– continuaba todavía. El sitio de Rabá no había acabado, y sabemos que en esa época el sitio de una ciudad podía durar años.

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“Piensan en su nombre”

Dos cosas describen aquí al remanente: teme a Jehová y es de los que “piensan en su nombre”. Se piensa en el nombre de una persona que está ausente. Tal era la posición del remanente de Israel antes de la primera venida del Mesías; tal es también la nuestra, la de quienes esperamos su segunda venida.

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Poner a Dios a prueba

Entonces Dios les pone a prueba, o más bien les invita a que le prueben a él. Traed –les dice– los diezmos prescritos por la ley, a fin de que haya alimento en mi casa, y probadme así.

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¿Por qué no tienen un nombre distintivo?

Una designación particular es absolutamente condenada por la Biblia: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído” (1 Corintios 3:4-5). “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).

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Primer derramamiento del Espíritu, el día de Pentecostés

A continuación de esta victoria, Cristo, resucitado de entre los muertos y subido a lo alto, habiendo llevado “cautiva la cautividad”, se sentó a la diestra de Dios. Entonces pudo bautizar con el Espíritu Santo a los que creían en Él. Este gran hecho tuvo lugar en Pentecostés.

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Primer rasgo de un remanente: oponerse a toda mezcla con el mundo

Encontramos aquí el primer rasgo que debe caracterizar a un remanente. En un tiempo normal, no se tenía que presentar la genealogía, pues era evidente para todos que un sacerdote no podía pretender un lugar que no le pertenecía.

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Primera división (cap. 4 al 11:18)

Acontecimientos proféticos hasta el establecimiento del reinado de Cristo

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Primera sección - Los seis primeros sellos

Los cuatro primeros sellos son juicios providenciales cuyas causas pueden parecer naturales a los hombres, pues ellas no superan los límites de acontecimientos terrenales del pasado: guerras de conquista, luchas y matanzas mutuas, hambre, en fin, los terribles cuatro juicios de Jehová (Ezequiel 14:21).

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Primera subdivisión - Actores principales de la escena final (cap. 11:19 al 14:5)

Estos capítulos nos presentan los actores principales de la escena final, la cual se desarrolla en el terreno judío y corresponde al paréntesis de la última media semana citada en el pasaje que incluye todo el capítulo 10 y la porción del capítulo 11 que se extiende hasta el versículo 13 inclusive.

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Primera subdivisión - La escena celestial: el trono y el Cordero

La Iglesia responsable ha llegado al final de su historia en la tierra. Los que vencieron fueron trasladados al cielo, según la promesa hecha a Filadelfia. La voz del Hijo del hombre revelado en el capítulo 1 invita al profeta a asistir a la escena celestial. Contempla ahora (cap. 4) el trono del gobierno divino en el cielo, puesto que ya no está en la tierra.

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Profanación y deslealtad

La segunda parte del capítulo 2 aborda un nuevo tema. Ya no se trata aquí del sacerdocio, sino del pueblo.

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¿Puede la nueva naturaleza mejorar a la vieja?

Sólo existe una respuesta: Nada puede mejorar a la carne. Se ha intentado hacerlo de todas las maneras posibles, desde la caída de Adán en el Edén hasta la cruz de Cristo en el Calvario. Pero, ¿cuál ha sido el resultado? El hombre desobedeció voluntariamente la santa ley de Dios, cuando Dios, por ser justo, le pedía que le obedeciese.

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Purificación del mal

La humillación, pues, es necesaria, pero la energía para purificarse del mal es también indispensable. Los corintios lo habían comprendido después de la exhortación del apóstol. La tristeza según Dios había operado en ellos un arrepentimiento para salvación, una verdadera humillación; pero esta, ¡qué solicitud había producido, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, qué vindicación!

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Purificación inicial y diaria

Este lavacro, como lo hemos dicho, ha tenido lugar una vez para siempre por la Palabra, la cual nos presenta la muerte de Cristo poniendo fin a nuestro estado de hombres pecadores y manchados. Pero, para la marcha y para todo acto de servicio sacerdotal, hay necesidad, además de la purificación inicial, de una purificación diaria.

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Purificará a los hijos de Leví

Hemos insistido en el hecho de que la descripción del estado del pueblo y del sacerdocio, en el capítulo 2, no ofrece ni un solo atisbo de aliento. Pero he aquí que, en el capítulo 3, el profeta nos dice: “Limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia” (v. 3). Los hijos de Leví son para Dios el verdadero remanente.

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Púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas

Poderío, riqueza, lujo, esplendor. Cáliz de oro – Imitación profana del cap. 5:8. En este pasaje, las oraciones de los santos, y en el cap. 15:7 la ira divina; aquí el vino, con el que embriaga a los demás, aparenta darlo en un cáliz de justicia divina.

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¿Qué diferencia hay entre los dos casos?

Ahora bien, ¿cuál de estas dos familias le parece que estaba más salva? Tal vez diga que la segunda, cuyos miembros gozaban de la tranquilidad que les daba la confianza en Dios.

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¿Qué doctrina tienen estos cristianos?

Ellos tienen única y exclusivamente la doctrina de la Palabra de Dios. Reconocen que la Biblia (el Antiguo y el Nuevo Testamento) es en su totalidad la Revelación dada por Dios. Esta Palabra debe ser la única base de sus enseñanzas y la única guía para todos los asuntos de su vida.

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¿Qué había en el principio?

Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos "(Mateo 18:20). En el transcurso de los siglos esta cita a menudo ha sido interpretada de una manera no conforme a la Palabra de Dios.

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