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El octavo día
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El perdón
¡Qué felicidad ser perdonado! Un hijo lo experimenta desde muy joven cuando su conciencia se despierta. Del mismo modo, la necesidad del perdón de Dios, como resultado del sentimiento de culpabilidad ante él, es frecuentemente el primer signo de que el Espíritu ha empezado a obrar en alguien.
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Hechos divinos, no sentimientos
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Introducción
Hoy más que nunca el Señor Jesucristo está a punto de volver, su regreso es inminente. Muchas personas están preocupadas, persuadidas de que algo grave debe acontecer pronto. Pero los burladores y escarnecedores de los últimos tiempos repiten: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento (venida)?
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Introducción
La Biblia presenta esta “salvación tan grande, la cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad’’ (Hebreos 2:3-4).
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La justificación
En su gracia, Dios nos perdona y, aun más, nos justifica. Ser justificado es estar liberado de toda acusación que pudiera ser presentada contra nosotros. Es lo contrario de ser condenado, así como ser culpable es lo opuesto de ser perdonado.
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La nueva creación
“Nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva” (2 Pedro 3:13). La nueva creación, suprema esperanza de todos los rescatados, es el último punto al que nos conduce el Evangelio. Ella pronto se verá concretada en el cielo; pero nosotros ya tenemos el privilegio de formar parte de ella espiritualmente.
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La purificación del leproso
El Señor mismo dijo: Muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio (Lucas 4:27).
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La reconciliación
¿Un hijo se ha fugado de su casa? Es culpable; tiene necesidad de ser perdonado. Lejos del hogar paterno, ¿anda en malas compañías? Debe ser liberado de ellas; tiene que ser rescatado. Bajo esas lamentables influencias, ¿tomó repugnancia de la casa paterna? Hace falta reconciliarlo con ella.
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La redención
Así como el Evangelio proclama el perdón y la justificación, también revela a Dios como el Redentor.
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La salvación
“¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30). Es esta una pregunta fundamental para el hombre que de pronto advierte que está perdido. “Ser salvo” resume muy a menudo todo lo que una alma necesita y –¡bendito sea Dios!– todo lo que el Evangelio le ofrece. La salvación tiene un alcance muy amplio; implica a la vez el perdón, la justificación, la redención y la reconciliación.
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La santificación
La santidad es un atributo esencial de Dios. Ella también caracteriza a los creyentes, puesto que somos designados como “los santificados en Cristo Jesús” (1 Corintios 1:2). Por tal motivo, la santificación ocupa un lugar importante en toda la Biblia. Ella debe captar tanto más nuestra atención cuanto sus diferentes aspectos son generalmente poco conocidos.
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La victoria de la nueva naturaleza
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La vivificación
Cuando consideramos la amplitud de los estragos causados por el pecado, entrevemos la plenitud de la respuesta divina que da el Evangelio. El pecado ha provocado:
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Prefacio del Editor
Este libro fue escrito a petición de un cristiano de la China, después que varias personas hubieron demostrado un gran interés a la explicación que se había dado oralmente sobre el asunto. Salió a luz por primera vez en chino, alrededor de 1938, llevando un mensaje de salvación y de gozo. Muy pronto se difundió por toda la China.
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¿A quién podemos creer?
Voy a presentar otro ejemplo para explicar mejor esta cuestión. –Una tarde, estando usted en su casa entra un individuo y le dice que el jefe de la estación ferroviaria cercana acaba de morir arrollado por el tren. Pero dicho sujeto es conocido como el más atrevido embustero en toda la vecindad. ¿Creería usted, o se esforzaría siquiera en dar crédito a tal persona?
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Andar en el Espíritu
¿Cómo podemos conocer el poder victorioso del Espíritu en nuestras vidas? La epístola a los Gálatas da la respuesta resumida en esta exhortación: Andad en el Espíritu (Gálatas 5:16).
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Aplicación actual
Hemos visto en el cuadro del leproso que fue hecho apto para estar en la presencia de Dios, el aspecto que nos habla de nuestra entrada en las moradas celestiales, en las glorias de la casa del Padre. Pero creemos que esta maravillosa figura puede ofrecer una aplicación más para el tiempo actual, y que encierra a la vez una lección importante.
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Bajo una dirección enteramente nueva
Hace unos meses vi el siguiente anuncio al frente de un gran edificio que parecía ser un hotel: «Esta casa se abrirá de nuevo al público en breve, bajo una dirección enteramente nueva». Supuse que dicho hotel había cambiado de dueño y que éste había puesto un nuevo director. El anuncio me hizo pensar en el pasaje que acabamos de citar (1 Corintios 6:19-20).
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Confiar en Cristo es estar preparado
Ahora bien, cada creyente tiene, por fe en la obra cumplida por el Salvador –muerto por nuestros delitos y pecados, resucitado para nuestra justificación y glorificado en el cielo– lo que corresponde al «pasaje» de nuestro ejemplo; es decir, la indiscutible prueba de que su viaje al cielo está enteramente pagado, pues es cierto que la Escritura nos asegura que “en él (Cristo) es justificado tod
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¿Creer que estamos muertos con Cristo o sentirlo?
Esta es una dificultad práctica para muchas personas. Una vez oí a un creyente orar con insistencia pidiendo a Dios que le hiciera sentir que él estaba muerto con Cristo. ¿Acaso Dios nos habla de sentir que estamos muertos? ¡Lejos de esto! Él nos dice: “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11).
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Cristo estuvo aquí una vez
¿Cuál fue el resultado producido por semejante revelación? ¿Un cántico o la unánime elevación de alabanzas a Dios por cumplir finalmente su palabra, enviando al Mesías tanto tiempo esperado? ¿Irradiaba de gozo cada rostro? ¿Se estremecía de alegría cada corazón? ¡Al contrario! el cuadro que se nos presenta es muy distinto: “El rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él” (Mateo 2:3).
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Cristo podría venir hoy
Pero es necesario recordar que lo anunciado sucederá después y no antes del arrebatamiento de la Iglesia, la Esposa celestial de Jesús. ¡Cuán a menudo olvidamos que él mismo viene pronto para reunir a su alrededor a aquellos a quienes rescató!
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Cristo prometió volver otra vez
¿Cuál es, entonces, esta nueva promesa? Si leemos atentamente el evangelio según Juan, capítulo 14, la hallaremos entre los primeros versículos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
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