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¿Qué había en el principio?

Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

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¿Quiénes son esos cristianos?

Son hombres y mujeres que han venido a la cruz con sus pecados; personas que han encontrado en Jesús el perdón, la paz y la vida eterna. En ellas el Espíritu de Dios ha producido una vida nueva, la vida de Dios, por medio de su Palabra. No sólo llevan el nombre de cristianos, sino que verdaderamente han nacido de nuevo.

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Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento

El tema propuesto hoy para nuestra meditación interesa en alto grado a nuestra vida práctica individual y a la de las asambleas. Estamos en medio de la cristiandad, de la que formamos parte. Sería erróneo, por un lado, creer que estamos fuera de ella y, por otro, que no hay más hijos de Dios que aquellos que se reúnen con nosotros alrededor del Señor.

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¿Son mejores que otros?

No, estos cristianos en sí no son mejores. Alaban a Dios, quien por gracia los ha salvado, los guarda y restaura cuando han pecado. Saben que “la carne”, la vieja e incorregible mala naturaleza, todavía mora en ellos y que pueden deshonrar mucho a su Señor por falta de vigilancia.

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Tu amor lo ha consumado todo

No existe ninguna palabra en el vocabulario humano para expresar el amor extraordinario de Cristo, ese amor que puso al Dios todopoderoso, creador de todas las cosas, en presencia de los hombres, quienes le insultaban sin que él les respondiera una sola palabra. Él habría podido exterminar a sus enemigos o abandonarlo todo, pero no hizo nada de eso.

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Tu cruz hace brillar la gloria del Padre santo

El Señor, que se colocó bajo la maldición y la soportó, abre ahora las puertas de la alabanza a todos aquellos a quienes atrae en pos de él sobre el terreno de la resurrección. Se constituye un pueblo de adoradores. Nunca olvidemos que la adoración es la parte más elevada del servicio actual de los cristianos y la única parte que continuará eternamente.

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Un descubrimiento en la pagoda

Días más tarde el llanto de un recién nacido se escuchó en la habitación de Si-Hiang. Ella acababa de dar a luz una niña. Pero cuando las parteras la vieron, dieron un grito de espanto. Sobre un ojo y la mejilla de la niña se extendía una mancha roja, marca de nacimiento que no se borraría jamás. Para los chinos supersticiosos, era una terrible señal de desgracia.

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Una carga de dolores indeciblemente pesada

El Salmo 22, muy conocido por todo cristiano familiarizado con la Escritura, casi no menciona, salvo por una idea general, las consecuencias de la obra de Cristo. Estas son desarrolladas más extensamente en otros salmos y, en lo concerniente a la Iglesia, en el Nuevo Testamento.

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Una última pregunta

A través de la respuesta a siete preguntas hemos visto lo que la Biblia dice en relación con el partimiento del pan, el segundo acto visible junto al bautismo. Hemos aclarado varias cosas. Por último, se plantea la pregunta decisiva y final para cada uno de nosotros:

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Una visita en la noche

La honorable madre pasaba por un duro combate. Entre su amor a su hijo, el miedo a su marido y a los diablos extranjeros, el amor prevaleció.

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1 Crónicas 13:6-11; 15:2-26

Consideremos ahora el pasaje leído en 1 Crónicas 13. ¿Qué significa el arca y qué simboliza llevar el arca? El arca es una figura de Cristo; su construcción era de madera de Sittim, recubierta de oro, lo cual representa la persona del Señor en su perfección humana y divina, y este es el objeto del testimonio que somos invitados a presentar en este mundo.

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1 Juan 5:1-5

Consideremos aún lo dicho en 1 Juan 5:1-5. La posición de separación que la gracia de Dios nos ha dado a conocer, y que es según las enseñanzas de la Palabra, no puede llevarnos al aislamiento de los afectos del corazón de todos los que constituyen la familia de Dios.

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2 Timoteo 2:19-22

El pasaje de 2 Timoteo 2:20 establece claramente la posición de separación del testimonio. Este no ha quedado establecido por el hecho de que los hermanos y hermanas hayan tenido el pensamiento de reunirse fuera de las denominaciones cristianas ya existentes y de los organismos religiosos oficiales.

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A la imagen de Dios

Nos diferenciamos de todas las demás criaturas vivientes que nos rodean en la tierra en que estamos, de forma más o menos consciente, bajo la acción de Dios. Éste es el carácter distintivo del hombre. El Dios creador de todas las cosas lo ha hecho a su imagen. No se limitó a darle la existencia por medio de su palabra todopoderosa, sino que lo formó y sopló en él “aliento de vida”.

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¿A quién debemos orar?

Cuando oramos es importante saber a quién nos dirigimos. Cristo descendió del cielo para darnos a conocer a Dios como nuestro Padre (Lucas 11:2; Mateo 11:27; Juan 17:26). Desde entonces podemos dirigirnos a Dios como un hijo habla a su padre, en una comunión íntima y feliz.

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Acciones de gracias

La reunión para partir el pan también tiene el carácter de acción de gracias. En Lucas 22:19 dice que el Señor Jesús, después de tomar el pan, dio gracias, lo cual está confirmado en 1 Corintios 11:24. No nos reunimos para dirigir a Dios nuestras oraciones y peticiones. Eso también tiene su lugar en la vida de una asamblea local, pero no es el objetivo del culto.

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Algunas observaciones

1. El desorden sólo será evitado si cada uno está dispuesto a someterse enteramente a la dirección del Espíritu en toda humildad y confianza (léase 1 Pedro 5:5-7; Filipenses 2:3-11; Efesios 5:18-21).

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Anunciar su muerte

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis” (1 Corintios 11:26). Este es el acto central de nuestra reunión para partir el pan. Pensamos en él y anunciamos su muerte.

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Aporte del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento nos ayuda en lo concerniente a este tema. Aunque en él no se menciona el partimiento del pan, podemos aplicar los principios que Dios dio a su pueblo terrenal. 1 Corintios 10:18 nos autoriza a utilizar el Antiguo Testamento para ayudarnos con este asunto. Aquí Pablo escribe: “Mirad a Israel según la carne”.

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Aporte del Nuevo Testamento

La costumbre de los primeros cristianos también confirma esta práctica. Por ejemplo, en ninguna parte vemos que durante uno de sus viajes el apóstol Pablo partiera el pan con sus compañeros, fuera de una asamblea local. Al contrario, en Hechos 20:7 vemos que, aunque tenía mucha prisa, esperó siete días en Troas para partir el pan con los hermanos de la asamblea local allí.

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Comer y beber

Con respecto al pan encontramos dos afirmaciones: la primera es que el pan se parte, la segunda es que se come (1 Corintios 10:16; 11:26). En cuanto a la copa solo se nos dice que bebemos de ella. ¿Cuál es la diferencia entre partir y comer el pan? El Señor Jesús tomó el pan, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciéndoles que comieran de él.

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Con amor y fe

La oración tiene su origen en un llamamiento de Dios. No somos nosotros los que tomamos la iniciativa para orar, es Dios quien nos llama a orar. Orar es, pues, una gracia que Dios nos concede. Dios no cesa de dirigirse hacia nosotros y nos invita a ir a él y amarlo.

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Con el corazón y el entendimiento

Cuando oramos, debemos hacerlo con el corazón (Marcos 7:6). No se trata de caer en el sentimentalismo, sino de expresar las necesidades reales y sentidas. Las palabras no siempre expresan lo más profundo de nosotros mismos, incluso pueden encubrir una negativa de abrirse a Dios. Uno no ora con las ideas, sino con su persona. No con lo que uno sabe, sino con lo que vive.

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Conclusión

Si la asamblea realiza su posición fuera del campamento y en los lugares celestiales, probará la poderosa acción del Espíritu de Dios, será nutrida de las cosas celestiales, la espiritualidad se desarrollará y entonces habrá ese sano discernimiento de las cosas.

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