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La humanidad
El segundo sentido de la palabra “mundo” se refiere a la humanidad. Esto se expresa muy bien en las siguientes palabras de Jesús: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
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La iglesia local
Cuando la Palabra de Dios fue escrita, había asambleas formadas en distintas localidades. El apóstol Pablo fue el medio utilizado para constituir diferentes iglesias a lo largo de sus viajes por Asia y Europa. Cuando escribió sus cartas, las dirigió a ellas, reconociéndoles el título de asambleas de Dios.
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La justicia de Dios
El apóstol comienza proclamando que la justicia de Dios se ha manifestado. Al declarar que el hombre es pecador, Dios ya había demostrado su justicia y que Él no podía hacer ningún compromiso con el pecado. Pero ahora, esta justicia es manifestada con brillo incomparable por la obra de Jesucristo.
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La justificación de vida
Hasta ahora hemos visto la justificación en relación con nuestros pecados (los actos cometidos). Otro aspecto de este tema es el que se refiere a “la justificación de vida” (Romanos 5:18) en relación con el pecado, es decir, con la raíz del mal en nosotros.
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La justificación por medio de la fe
La fe es el eslabón que nos une al Señor Jesús y que nos hace partícipes de las bendiciones que su muerte proporciona. La fe, pues, es necesaria; únicamente los creyentes son justificados. En ese sentido, somos “justificados… por la fe” (Romanos 5:1).
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La justificación por medio de la sangre
La justicia de Dios así manifestada se despliega para “todos” los hombres. La gracia de Dios es ofrecida a todos. Es uno de sus aspectos maravillosos. Ella pone a todos los hombres en el mismo nivel, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).
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La liberación del dominio de Satanás
Satanás es el jefe de este mundo. Para él, todos los medios son buenos para reinar sobre el hombre. Utiliza tanto las obligaciones religiosas como las mundanas detrás de las cuales se esconde. “No manejes, ni gustes, ni aun toques” (Colosenses 2:21) o, por el contrario, siguiendo “la corriente de este mundo” (Efesios 2:2; véase también Colosenses 2:8).
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La liberación respecto de la ley y del mundo
La obra redentora de Cristo es presentada igualmente en la epístola a los Gálatas: Cristo nos redimió de la maldición de la ley (Gálatas 3:13).
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La muerte para el cristiano
Si bien el Señor Jesús entreabrió un poco la puerta del más allá en la parábola del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31), los apóstoles tuvieron la oportunidad de revelar más plenamente lo que concierne a este asunto. Ya en la parábola de Lucas 16 vemos una distinción absoluta entre el lugar de bendición del rescatado y el lugar de tormento del malo.
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La muerte para el incrédulo
El destino definitivo del hombre pecador que no se haya vuelto a Dios antes de su muerte ya ha sido fijado, pero no se le introducirá allí hasta el cumplimiento del último juicio descrito en Apocalipsis 20:12-15.
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La muerte será abolida
El postrer enemigo que será destruido es la muerte (1 Corintios 15:26). “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14).
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La muerte tal como era considerada por los creyentes antes de Jesucristo
Aparte de la repetición fúnebre: “y murió”, del capítulo 5 de Génesis, repetición interrumpida con Enoc, quien fue arrebatado para no ver la muerte, después de andar con Dios durante 300 años, el principio de la historia del hombre muestra que la muerte es el fin ineludible de su caminon terrenal.
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La necesidad de reconciliación
La ruptura era total entre Dios y el hombre pecador. ¿Cómo restablecer la relación? El Evangelio responde: por medio de la reconciliación. Pero ¿quién debe ser reconciliado? Por cierto el hombre, puesto que su voluntad se opone a Dios. La Escritura no habla de que Dios deba reconciliarse, pues él es amor y no cambia. Nada puede detener su designio de amor, ni siquiera el pecado del hombre.
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La necesidad del nuevo nacimiento
Nicodemo formaba parte de aquellos que estaban convencidos de que Jesús era un maestro venido de Dios. Mientras algunos se contentaban con creer superficialmente, él dio un paso más y mostró su inquietud al procurar informarse personalmente mediante la enseñanza del Señor (Juan 2:23-25 y 3:1-2). Nicodemo era un jefe de los judíos, un “maestro de Israel”.
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La obra de Jesús
El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).
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La realización o el cumplimiento de la profecía
Por la fe sabemos que no es necesario que se cumplan estas cosas para poner nuestra confianza en la Palabra de Dios. No obstante, Dios ha juzgado oportuno relatar algunas profecías que se cumplieron según el anuncio profético que Él había hecho. Con tres ejemplos será suficiente para demostrarlo:
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La reconciliación de todas las cosas
Al principio de la epístola a los Colosenses, la Escritura despliega en pocas palabras la excelencia de la persona del Señor y la extensión de su obra: Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas (Colosenses 1:19-20).
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La reconciliación del creyente
Dios ha hecho lo necesario para que nuestra reconciliación sea posible sobre una base de santidad. En cada uno de nosotros debe cumplirse una obra, puesto que para Dios éramos “extraños y enemigos” en todos nuestros pensamientos. Hace falta, pues, un cambio fundamental en nuestras disposiciones. Nuestro corazón debe volverse hacia Dios.
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La redención de nuestros cuerpos
La redención hecha por Cristo tiene resultados eternos (Hebreos 9:12) que solo son visibles por medio de la fe. Satanás, aunque fue vencido en la cruz, todavía ejerce su dominio sobre el mundo y la creación aún gime bajo la “esclavitud de corrupción” (Romanos 8:21).
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La redención por la victoria o por el pago de un rescate
El Antiguo Testamento habla frecuentemente de la redención, en particular en los libros del Éxodo, de Rut y de Isaías. A menudo ella consiste en una liberación que se obtiene por una victoria o por un pago. En efecto, para liberar a un prisionero de guerra, hacía falta vencer a aquel que le tenía en su poder, mientras que, para liberar a un esclavo, se necesitaba pagar el rescate.
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La relación de Dios con su criatura
Si bien esta relación se interrumpió a causa del pecado, el pensamiento de Dios, así como su deseo en cuanto al hombre, permanecen. Para la felicidad del hombre, Dios estableció una relación correspondiente a la revelación que él da de sí mismo. Esta revelación de Dios es progresiva en el transcurrir de los tiempos.
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La responsabilidad del hombre
Desde su creación, el hombre fue considerado responsable ante Dios, quien le asignó una función: señorear “en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28). “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (cap. 2:15).
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La resurrección de condenación
Es mencionada por el Señor Jesús en Juan 5:29 y por el apóstol Pablo en Hechos 24:15. La resurrección de condenación tendrá lugar después de la disolución de todas las cosas creadas, antes de la introducción de los nuevos cielos y la nueva tierra. El texto de Apocalipsis 20:11-15 describe esta escena solemne.
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La resurrección de vida
“Los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:23); esta expresión designa a todos los que se habrán beneficiado con la obra que Jesús hizo en la cruz, la cual también incluye a los creyentes del antiguo pacto, ya que son salvos en virtud de la sangre de Cristo, cuyo valor les ha sido imputado por anticipado.
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