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Los santos deben juzgar al mundo

El capítulo 5 nos habla de la disciplina necesaria para que la santidad en la casa de Dios pueda ser una realidad. Los corintios debían quitar al malo de entre ellos (v. 13). En el capítulo 6 el apóstol aborda otro mal, habitual entre los corintios y que lamentablemente también hallamos hoy a menudo entre nosotros.

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Los siete espíritus que están delante de Su trono

Descritos en el cap. 4:5, así como las “siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono”.

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Los siete truenos

La plenituda de la intervención del trono

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Los valientes de David, capítulo 23:8-39

Después de las últimas palabras de David, Dios nos muestra que guarda memoria de los valientes, los compañeros de su ungido hasta el establecimiento definitivo de su reinado. Otros hombres abnegados, como Itai, como Sobi, se encontraron en su camino cuando huía de Jerusalén, pero los que son mencionados aquí eran los asociados de la primera hora.

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Mar de vidrio

Mar de vidrio (véase 4:6) – Pureza estable y definitiva de los que están allí, en contraste con el lavacro, el cual representa la purificación.

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Marca en la mano derecha o en la frente

Marca en la mano derecha o en la frentea – Marca del servicio prestado a la bestia y reconocimiento público de s

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Medios y procedimientos para la restauración

El malo acababa de ser quitado de la asamblea de Israel. Pero, por la presencia del mal en medio de ellos, Dios les había hecho descubrir su confianza en sí mismos. Con frecuencia casos similares se presentan cuando una asamblea se siente satisfecha de sí misma. Se jacta de su estado, de sus bendiciones, crecimiento, etc. Así sucedió con Israel.

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Mefi-boset, capítulo 9

Los capítulos 9 y 10 son una especia de apéndice que presenta en figura, en el capítulo 9 la gracia del Mesías hacia el remanente de Israel, y en el capítulo 10 esta misma gracia ofrecida a las naciones que la rechazan, atrayendo sobre sí el juicio de Dios.

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Mi especial tesoro

En ese día, dice Jehová, los que me temen “serán para mí especial tesoro” (v. 17). Entonces, él reivindicará a los fieles como suyos, como no pertenecientes a nadie más.

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Miguel

Miguela.  

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Mil doscientos sesenta (1.260) días

Mil doscientos sesenta (1.260) días

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Misterio

Misterio – véase 10:7.

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Moriah, capítulo 24

El segundo libro de Samuel termina por la más maravillosa revelación de la obra redentora que haya sido dada bajo la dispensación de la ley.

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Muerte

Abandono de la profesión de relación con Dios. Separación pública respecto de Él. Apostasíaa.

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Muro grande y alto

Seguridad perfectaa.

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No entrará en ella ninguna cosa inmunda

Excluye el mal e incluye el bien.

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No hay más que un Dios

El apóstol añade: “Sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.

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No lo midas

Dejar a un lado como rechazado y dado a las naciones. El patio que está fuera del templo – La profesión exterior ligada al culto judío en Jerusalén, sin relación vital con Dios.

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No selles las palabras

Contraste con Daniel 12:4. Aquí no hay más palabras selladas. Véase el libro, en Apocalipsis 5:9; el librito, en Apocalipsis 10:2. Finalmente, aquí, el Apocalipsis entero.

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No tiene necesidad de sol, ni de luna

No tiene necesidad de sol, ni de lunaa.

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¿Nos reconoceremos en el cielo?

A veces los cristianos se preguntan si reconoceremos en el cielo a aquellos que nos tomaron la delantera. Personalmente, no lo dudo; pero reconoceremos también a los que no habíamos conocido en este mundo, de la misma manera que los discípulos reconocieron en el monte de la transfiguración a Moisés y a Elías en gloria, mientras que éstos no hacían más que hablar con Jesús.

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Nuestra conducta con los que pecan gravemente

El apóstol añade en el versículo 9: “Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios”. Basándose en estas palabras, se ha pensado que el apóstol había escrito una primera carta que actualmente no conocemos.

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Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo

El apóstol añade: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (v. 18). ¡Contra su propio cuerpo! ¿Introduciré la suciedad en el cuerpo de Cristo, del cual el mío es miembro? Nuestros espíritus, nuestros corazones, nuestras conciencias ¡cuán sensibles deberían ser a estas cosas!

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Nuestros cuerpos son para el Señor

Después de terminar con este tema, el apóstol aborda en el versículo 12 la segunda parte de este capítulo 6. En dos versículos enfoca la libertad cristiana. “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen”. De esto se deriva nuestro deber como cristianos. Si no es útil para mis hermanos que yo use de mi libertad, no debo usar de ella.

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