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The Mackintosh Treasury
1 Samuel 4
Al principio del capítulo 4, vemos a Israel derrotado por los filisteos; pero, en lugar de humillarse delante de Jehová en una verdadera contrición y en el juicio de sí mismo a causa de su terrible condición, y en vez de aceptar su derrota como el justo juicio de Dios, los hallamos totalmente insensibles y duros de corazón.
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1 Samuel 7
Pasemos ahora al capítulo 7. Encontramos allí otro estado de cosas totalmente diferente. Vamos a encontrar lo que es un vaso vacío y, como siempre, la plenitud de Dios esperando tal condición. “Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová” (v. 2).
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¿A quién debemos orar?
Cuando oramos es importante saber a quién nos dirigimos. Cristo descendió del cielo para darnos a conocer a Dios como nuestro Padre (Lucas 11:2; Mateo 11:27; Juan 17:26). Desde entonces podemos dirigirnos a Dios como un hijo habla a su padre, en una comunión íntima y feliz.
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Adán, Génesis 3 y Ezequiel 1
El tercer capítulo del libro del Génesis nos proporciona nuestro primer ejemplo. Allí encontramos la primera manifestación de la gracia de Dios, así como de su gobierno. En este capítulo tenemos ante nosotros a un hombre pecador, un pecador arruinado, culpable y desnudo. Pero aquí también encontramos a Dios en gracia, que remedia la ruina, purifica al culpable y cubre su desnudez.
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Caín, Set y Noé
El inspirado relato acerca de Caín y de su posteridad nos presenta, con una fidelidad inquebrantable, el progreso del hombre en su condición caída; en tanto que, la historia de Abel y de su descendencia directa nos muestra, en agudo contraste, el progreso de aquellos que fueron llamados a vivir una vida de fe en medio de la misma escena donde terminaron nuestros primeros padres tras su
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Cómo hallar el camino de Dios
Esto nos conduce a la segunda parte de nuestro tema, a saber: ¿Cómo he de hallar el camino de Dios? Sin duda, una pregunta de suma importancia. ¿Adónde he de volverme para hallar la senda de Dios?
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Cómo nos retribuye el Señor
Para terminar este artículo citaremos las preciosas palabras que expresan cómo nos retribuye nuestro bendito Señor y Salvador. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
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¿Cómo se produce el nuevo nacimiento?
Pero es sumamente interesante la respuesta del Señor al “¿cómo?” de Nicodemo: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
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¿Cómo se produce el nuevo nacimiento?
Una vez que presentamos varios pasajes de la Palabra que demuestran que la regeneración o nuevo nacimiento no constituye un cambio en la naturaleza caída del hombre, sino que consiste en la comunicación de una nueva naturaleza divina, pasaremos a considerar, dependiendo de la enseñanza del Espíritu Santo, cómo se produce el nuevo nacimiento, cómo la nueva naturaleza se comunica al hombre.
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Con amor y fe
La oración tiene su origen en un llamamiento de Dios. No somos nosotros los que tomamos la iniciativa para orar, es Dios quien nos llama a orar. Orar es, pues, una gracia que Dios nos concede. Dios no cesa de dirigirse hacia nosotros y nos invita a ir a él y amarlo.
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Con el corazón y el entendimiento
Cuando oramos, debemos hacerlo con el corazón (Marcos 7:6). No se trata de caer en el sentimentalismo, sino de expresar las necesidades reales y sentidas. Las palabras no siempre expresan lo más profundo de nosotros mismos, incluso pueden encubrir una negativa de abrirse a Dios. Uno no ora con las ideas, sino con su persona. No con lo que uno sabe, sino con lo que vive.
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Conclusión
No podríamos terminar estas meditaciones sin dar una ojeada, aunque sea superficial, a la manera en que nuestro apóstol desempeñó sus diversas comisiones. Lo vemos como “pescador de hombres”, abriendo el reino de los cielos a los judíos y a los gentiles, y, finalmente, apacentando y pastoreando los corderos y las ovejas del rebaño de Cristo.
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Condiciones favorables para la oración
La sobriedad y el ayuno: privarse para estar más disponible para Dios Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto (Mateo 6:6).
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Conscientes de nuestra necesidad
Una de las primeras condiciones para orar es ser conscientes de nuestra necesidad. Aquel que dice: “Yo soy rico… y de ninguna cosa tengo necesidad” (Apocalipsis 3:17), no siente la urgencia de invocar a Dios. En cambio, el creyente que se da cuenta de su pobreza espiritual se acerca voluntariamente al Padre.
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Convertidos para esperar a Cristo
Las últimas palabras de 1 Tesalonicenses 1 reclaman ahora nuestra atención. Proporcionan una prueba impresionante y contundente de la claridad, plenitud, profundidad y amplitud del testimonio del apóstol en Tesalónica, y también del esplendor y la autenticidad de la obra en los recién convertidos de aquel lugar. No solamente se volvieron de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero.
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Convertidos para servir
Vamos a considerar ahora un punto sumamente práctico de nuestro tema. Está contenido en la cláusula: “Para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9). Para todo cristiano verdadero, esto es de inmenso interés. Somos llamados a “servir”.
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Cosechamos lo que sembramos
Todo esto es tremendamente solemne. La gracia perdona; sí, perdona libre, plena y eternamente; pero, al mismo tiempo, “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Un amo manda a su criado a sembrar trigo en su campo. El criado, por ignorancia, torpeza o craso descuido, en lugar de sembrar el trigo, llena la tierra de un grano nocivo.
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¿Cuáles son sus resultados?
Como tercer y último punto, consideraremos los resultados de la regeneración, punto –huelga decirlo– de sumo interés. ¿Quién podrá jamás apreciar debidamente los gloriosos resultados de ser hijos de Dios? ¿Quién podrá describir los afectos que pertenecen a una relación tan santa y elevada en la que entra el alma al nacer de nuevo?
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Cuarta carta - La oración
Querido amigo A.: Cuando tomé mi pluma para escribirte la primera carta, nunca imaginé que tendría la oportunidad de escribir una cuarta carta. De cualquier manera, el tema es de gran interés para mí; y solo hay dos o tres puntos más que quiero tratar brevemente.
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David y Urías
Antes de concluir este tema, consideremos todavía a David “en lo tocante a Urías heteo” (1 Reyes 15:5). Aquí tenemos un muy notable ejemplo de la gracia y el gobierno. En un triste momento, David cae de su santa elevación. Bajo el enceguecedor influjo de sus pasiones, se precipitó en un profundo y horrible pozo de corrupción moral.
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Definición de la palabra conversión
Los dos últimos versículos de nuestro capítulo (1 Tesalonicenses 1:9-10) demandan una atención muy especial. Ofrecen una notable declaración de la verdadera naturaleza de la conversión. Muestran con gran exactitud la profundidad, claridad, plenitud y realidad de la obra del Espíritu de Dios en los convertidos de Tesalónica. No había en ello motivo de equivocación.
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Diferencia entre la vida y la paz
Es de suma importancia conocer la diferencia entre vida y paz. La primera es el resultado de nuestra unión con la Persona de Cristo; la última es el resultado de su obra.
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Diferencia entre pedir perdón y confesar los pecados
Hay una inmensa diferencia moral entre orar para pedir perdón y confesar nuestros pecados, así lo consideremos en relación con el carácter de Dios, con el sacrificio de Cristo o con el estado del alma. Es muy posible que la oración de un cristiano pueda contener, en el fondo, si no en la forma, la confesión de su pecado, cualquiera que sea, y entonces esto resulta lo mismo.
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El altar
Esto nos conduce naturalmente a la segunda imagen del interesante cuadro que tenemos ante nosotros, esto es, el altar. En el mismo momento en que Isaías expresó su profunda convicción en cuanto al estado de su alma, fue introducido en los divinos misterios del altar de Dios: “Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenaza
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