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The Mackintosh Treasury

Lo que implica estar en Cristo

¿Está usted en Cristo? ¿Cree en su Nombre? ¿Ha depositado toda su confianza en él? Si es así, tiene “vida eterna”, es una “nueva criatura”, “las cosas viejas pasaron”. Dios no ve el menor rastro de lo viejo en nosotros. “Todo se ha hecho nuevo. Y todas las cosas son de Dios” (2 Corintios 5:17-18, V. M.). Usted puede decir que no siente que todas las cosas viejas hayan pasado.

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Lo que implica tener vida eterna

Solo nos queda ahora por ponderar la última cláusula de la fructífera porción de la Escritura que ha sido objeto de nuestra consideración (Juan 3:16). Expresa el resultado positivo, en cada caso, de la fe sencilla en el Hijo de Dios. Declara, del modo más sencillo y claro, que todo el que cree en el Señor Jesucristo es poseedor de vida eterna.

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Los apóstoles y la gran comisión

Volvámonos un momento a los Hechos de los Apóstoles, y veamos cómo los embajadores de Cristo cumplieron la segunda parte de Su bendita comisión. Oigamos al apóstol de la circuncisión dirigiéndose a los judíos en el día de Pentecostés. No citaremos todo el pasaje; sino solo la breve aplicación final:

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Los dos Adanes

Pero puede que el lector todavía encuentre dificultades y escollos en torno a este tema tan importante. Quizás todavía no consiga comprender lo que significa la expresión “en la carne”. Si es así, le recordamos que la Escritura habla de dos hombres: “El primer hombre” y “el segundo hombre” (1 Corintios 15:47). Estos dos hombres se presentan como las cabezas de dos razas distintas.

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Los que rechazan el mensaje del Evangelio

Pero ¿qué sucede con los que rechazan este glorioso mensaje, los que cierran sus oídos y apartan sus corazones de él? Esta es una pregunta solemne. ¿Quién puede contestarla? ¿Quién puede intentar expresar el destino eterno de los que mueren en sus pecados, como de hecho habrán de morir todos aquellos que rechazan la única base de perdón divina?

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Los términos de la gran comisión: arrepentimiento y perdón de pecados

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

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Los términos de la gran comisión: arrepentimiento y perdón de pecados

"Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

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Los tiempos de la gloria

¡Y vemos también qué gloria redunda en el nombre del Señor cuando, por su gracia, su pueblo es hecho capaz de cruzar victoriosamente una prueba! Lea Daniel 3:26-28, y diga dónde se podrían encontrar frutos más abundantes y más bellos de una marcha fiel.

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Los tiempos de la paciencia de Dios

Pues bien, querido lector, ¿no vale la pena pasar a través de un horno de fuego si es para gozar aún más de la presencia de Cristo, y de la simpatía de su amante corazón? ¿No es preferible estar lleno de cadenas junto a Cristo, que poseer, sin él, un sinnúmero de preciosas joyas? Un horno con él ¿no es un lugar más deseable que un palacio donde él no vive?

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Males que resultan de una mala aplicación de la doctrina de la elección

Ahora descubriremos, en breves momentos, tres distintos males que resultan de una mala aplicación de la doctrina de la elección:

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Mardoqueo el judío

Este notable hombre vivió en una época en que la economía judaica había fracasado por la infidelidad y desobediencia del pueblo judío. El gentil estaba en el poder. La relación entre Jehová e Israel ya no podía ser reconocida públicamente, y el fiel judío solo tuvo que colgar su arpa sobre los sauces y derramar sus lágrimas por el brillo empañado de sus días pasados (véase el Salmo 137).

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Más consideraciones sobre la base de la gran comisión

Al tratar con nuestro tema, debemos considerar aún la autoridad y la esfera de «la gran comisión»; pero antes debemos detenernos un poco más sobre su base. La comisión es realmente grande, y requiere un fundamento sólido sobre el cual descansar; y este fundamento, bendito sea Dios, se encuentra en la muerte expiatoria de Su Hijo.

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Motivos de desaliento en el pueblo de Dios

Desde el principio del capítulo 1, encontramos un cuadro muy desalentador del estado de cosas en lo que respecta al testimonio exterior rendido a Dios en la tierra. “En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió.

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“¿Ni aun temes tú a Dios?”

En el caso del ladrón arrepentido, vemos un primer fruto como resultado de la acción santificadora del Espíritu eterno, en las palabras dirigidas al otro ladrón: “¿Ni aun temes tú a Dios?” (Lucas 23:40). Él no dice: “¿No temes tú el castigo?”. La santificación del Espíritu se evidencia, en cada caso, por el temor del Señor, y un santo aborrecimiento del pecado, por lo que es el pecado.

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No es cuestión de entendimiento ni de sentimientos, sino de fe

Si me considero a mí mismo desde mi punto de vista o me juzgo por mis sentimientos, jamás podré entender esta verdad. ¿Por qué? Porque tengo el sentimiento de ser exactamente la misma criatura pecaminosa de siempre.

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No es posible conciliar responsabilidad e incapacidad ni incumbe al hombre hacerlo

Algunos dirán que no es posible reconciliar ambas cosas: la incapacidad del hombre y su responsabilidad, y plantearán sus objeciones. Debemos recordar que no nos incumbe reconciliarlas. Dios lo ha hecho al colocarlas una junto a la otra en su eterna Palabra. Nos corresponde sujetarnos y creer, no razonar.

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Otros ejemplos para nuestra ayuda

Pero ¿es verdad que los casos registrados en las Escrituras son tan especiales o extraordinarios que no pueden constituir un precedente para nosotros? Si de alguno podría decirse tal cosa sería ciertamente de Abraham. No obstante leemos: “Su fe le fue contada por justicia.

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Parte 1

Dos preguntas de gran importancia práctica son:

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Parte 2

Rogamos al lector que abra su Biblia y lea Hebreos 10:7-24. Tendrá allí una visión profunda y maravillosa de la posición y de la obra del cristiano. El inspirado escritor nos ofrece, por decirlo así, tres sólidos pilares sobre los cuales se apoya el edificio entero del cristianismo:

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Parte 3

Dada su importancia, quisiéramos explayarnos un poco más en el tercer punto de nuestro tema –El testimonio del Espíritu Santo en la Escritura–, al que tan solo le hemos dado una rápida ojeada.

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Pecado temporal vs. castigo eterno

No le atribuimos ninguna importancia al argumento deducido de la falta de proporción entre unos pocos años de pecado y una eternidad de ayes y tormentos. No creemos que esta sea la verdadera forma de medir el asunto.

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Pecados totalmente perdonados: ¿sueño o realidad?

Oh, qué bendición poder repetir con el salmista: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”, y: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:1, 5-6). Verdaderamente esto es bendición, y fuera de ella no existe ninguna.

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Por la fe nos apropiamos de nuestra posición en Cristo

Pero esto nos lleva a otro punto. ¿Cómo podemos entrar en esta maravillosa posición? ¿Cómo puede alguien hablar este lenguaje? ¿Cómo puede alguien cuyos ojos han sido abiertos para ver su completa e irremediable ruina –su relación con el primer hombre, su posición en la vieja creación, que es una piedra del viejo edificio–, alcanzar alguna vez una posición en la que pueda agradar a Dios?

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Preparación de Josías antes de emprender su obra de reforma

De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén (2 Crónicas 34:1).

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