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Las travesías

Al atardecer de una jornada, después de que el Señor enseñó a la multitud anunciando la Palabra “conforme a lo que podían oír”, dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado”. Iban a cruzar el mar, símbolo de toda la agitación de las circunstancias de la vida, pero Jesús estaba con los suyos. ¿Por qué temieron ante el viento y las olas, y no tenían fe?

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Los dos estremecimientos del Señor

Conmueve hondamente notar los dos estremecimientos de nuestro Señor cuando iba hacia la tumba de su amigo. El primer estremecimiento fue causado al ver llorando a los enlutados que le rodeaban: “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió”.

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Mi Señor

María Magdalena lloraba por la desaparición de su Señor (Juan 20:13). Cuando por fin, Tomás cree que ha resucitado, dice: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28). Pablo habla de “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:8). Conocerle como Salvador da la paz con Dios, pero nos obliga en la práctica a decirle “Señor mío”, y a obedecerle en todo.

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Nuestra seguridad del perdón de los pecados

Hasta aquí, hemos considerado el aspecto de la obra de Cristo que tiene que ver con el perdón de los pecados, y esperamos sinceramente que el lector tenga ya una idea muy clara y definida de este tan importante punto. Seguramente será un feliz privilegio para él si solo toma lo que Dios dice en su palabra:

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Objetos

En primer lugar, el arca del Lugar Santísimo nos habla de Su persona. Era de madera y oro, lo que recuerda su humanidad y su divinidad. En ella estaba el maná, figura del que descendió del cielo (Juan 6:32-38); las tablas de la ley, su perfecta obediencia; la vara de Aarón, símbolo de vida y resurrección.

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Ofrendas

A lo largo del Antiguo Testamento, se ofrecieron sacrificios. No eran más que imágenes de “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). La primera alusión se halla en Génesis 3:21, cuando Dios, tras la caída, viste a Adán y Eva con pieles, para lo cual tuvo que morir una víctima.

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Personajes

Hay tres hombres que son, de un modo particular, figuras del Señor Jesús: José, Moisés y David.

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Rey de reyes y Señor de señores

La imagen del sueño de Nabucodonosor representaba los cuatro imperios de las naciones. Bastó “una piedra” para desmenuzarla. Entonces, dominio, gloria y reino son dados al “hijo de hombre”, y “su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 2:44-45; 7:13-14).

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Se apartó

Ezequiel había visto la nube dejar lentamente el santuario, detenerse a la entrada del templo, después a la puerta de la ciudad, para luego desvanecerse en el monte de los Olivos. Jesús se apartó. “Salió Jesús de la casa” (Mateo 13:1); se fue “a un lugar desierto y apartado” (Mateo 14:13); “de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón” (Mateo 15:21).

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Su aparición delante de Dios por nosotros: “Entró Cristo… en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”

Muchísimas personas se inclinan a confundir dos cosas que, aunque conectadas inseparablemente, son totalmente distintas: la intercesión y la expiación. Como no ven la perfección divina de la expiación, buscan de alguna manera en la intercesión lo que la expiación ya ha consumado.

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Su concepción

En Isaías 7:14 ya se había anunciado que la virgen concebiría y daría a luz un hijo. Hay que acudir a los evangelios para entender el alcance de esta profecía.

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Su futura aparición por los suyos: “Y aparecerá por segunda vez… para salvar a los que le esperan”

Hasta aquí, en cuanto a la expiación y la intercesión. Solo nos resta tratar el Advenimiento, la segunda venida del Señor. Deseamos especialmente recordarle al lector que, al tratar la muerte de Cristo, hemos dejado completamente sin tocar un punto importante que está relacionado con ella, a saber, nuestra muerte en él.

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Su ministerio

Es hermoso ver a Jesús de lugar en lugar en sus idas y venidas, su compasión, sus enseñanzas, su perfecta humanidad. A veces su divinidad brilla como un relámpago, cuando calma la tempestad o resucita a Lázaro, o cuando hace tantos milagros. Como alguien dijo: «Escondía la forma de Dios bajo la de un esclavo, su divinidad bajo el espeso velo de un Galileo despreciado».

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Su muerte

Han pasado los años. Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua, en la cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. “Cuando era la hora, se sentó a la mesa” (Lucas 22:14). Había llegado la hora “para que pasase de este mundo al Padre” (Juan 13:1). ¿Va a retroceder ante el sufrimiento? ¿Obedecerá hasta la muerte?

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Su nacimiento

Miqueas 5:2 había anunciado que el Cristo nacería en Belén. José y María vivían en Nazaret. ¿Qué iba a hacer Dios para que María fuera a la ciudad de David y diera a luz allí? Dios está por encima de todo. El emperador promulgó un edicto para que todos se empadronaran (de hecho el censo se hizo más tarde).

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Su resurrección

En 1 Corintios 15:4 se nos dice que “fue sepultado”, para que nadie diga que sufrió un desvanecimiento temporario al clamar a gran voz y expirar en la cruz. Murió realmente y resucitó realmente. Algunos negaban la resurrección, pero “si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es… vuestra fe” (v. 13-14).

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Un único hijo amado (Marcos 12:6)

En la parábola de los labradores malvados, el Señor explica toda la historia de Israel, su infidelidad, las persecuciones que hizo padecer a los profetas. Por último, el amo de la viña les envía su “hijo… (único) amado”; también a él lo matan y le echan fuera de la viña. Los principales del pueblo comprendieron perfectamente “que decía contra ellos aquella parábola” (v. 12).

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Yahveh

Yahveh, traducido por Jehová (el Eterno) se encuentra unas seis mil quinientas veces en el Antiguo Testamento. La esencia misma de Dios es, en el original, designada por el tetragrama sa­grado YHVH, nombre que los judíos ni siquiera pronunciaban; para escribirlo, los rabinos de­bían lavarse y tomar cada vez una pluma nueva.

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