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Orientación cristiana
Quisiera pedirle una breve explicación de los acontecimientos según 1 Corintios 15:23 y 24.
En 1 Corintios 15 tenemos, como se sabe, la resurrección del cuerpo, y el versículo en cuestión comprueba, el orden cronológico de la misma. El primer hombre que ha resucitado fue nuestro Señor Jesucristo. Este hecho testifica que él ha vencido la muerte. Entonces, él era solo para preparar el camino al Padre (Juan 14:1-3).
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Mensaje para todos
Relatos del campo de batalla
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado. (1 Timoteo 6:12)1) El Soldado y el oficialDurante la batalla de Sedán, Francia, 1870, los soldados se abrían paso en el campo de batalla, cargados con un compañero malherido y moribundo que decía: –Voy a morir, déjenme.
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Orientación cristiana
¿Se puede deducir de Hebreos 9:28 que habrá creyentes que no tendrán parte en el arrebatamiento o rapto?
¡No! La Esposa de Cristo, la Iglesia, es una e indivisible. Este versículo no habla de ninguna manera de una selección. Por primera vez nuestro Señor apareció aquí en la tierra para cumplir la obra de la redención y por segunda vez aparecerá para llevar a la casa del Padre a todos los que aceptaron su obra por la fe.
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Orientación cristiana
¿Se salvan los niños fallecidos temprano de la misma manera como los adultos?
Nadie, ni los niños ni los ancianos, puede salvarse, sino únicamente sobre la base de la obra expiatoria de nuestro gran Salvador Jesucristo. En Mateo 18:1-14, el Señor habla acerca de eso. Dice a los discípulos: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”.
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Orientación cristiana
Si conocieras el don de Dios
Pasando Jesús viajando de Judea a Galilea, por una ciudad de Samaria llamada Sicar, y sintiéndose cansado, se sentó junto al pozo de Jacob que se hallaba a su paso. Era como la hora sexta cuando esto sucedió. Acongojado se sentía el tierno corazón de Aquel que, por amor a sus criaturas, vino al mundo para salvarlas de sus pecados, al verse despreciado por ellas.
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Orientación cristiana
Un hallazgo asombroso
Hace algún tiempo la prensa diaria trajo una noticia que en verdad se salió de lo corriente. Se trató del hallazgo de restos de barcos que los historiadores creen que pertenecieron a una flota de guerra griega perdida hace 2.386 años en una de las mayores derrotas navales de la historia antigua.
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Mensaje para todos
Una vida humana – y Dios
Cuando este hecho tuvo lugar, Niccolò Paganini (1781-1840), uno de los violinistas más grandes de todos los tiempos, todavía era joven, pero su fama ya se había extendido ampliamente. Cierto día fue invitado a dar un concierto ante un público selecto, incluyendo a las personas más distinguidas de la ciudad y a los críticos más eminentes.
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El Espíritu Santo en el creyente
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El favor de Dios
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El hombre
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La intercesión de Cristo
Por otra parte, en el lugar de gloria donde entró, nuestro Señor Jesucristo continúa en favor de los suyos su incansable actividad. “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios… intercede por nosotros” (Romanos 8:34). Ahí cumple la doble función de sumo sacerdote y de abogado.
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La salvación final
Creyentes, ante nosotros tenemos una última liberación. De los cielos “esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20-21).
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La salvación por la fe
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La víctima expiatoria
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La vida eterna
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A la imagen de Dios
Nos diferenciamos de todas las demás criaturas vivientes que nos rodean en la tierra en que estamos, de forma más o menos consciente, bajo la acción de Dios. Éste es el carácter distintivo del hombre. El Dios creador de todas las cosas lo ha hecho a su imagen. No se limitó a darle la existencia por medio de su palabra todopoderosa, sino que lo formó y sopló en él “aliento de vida”.
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Cristo, nuestro Abogado
“La sangre de Jesucristo su Hijo nos purifica de todo pecado”. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1:7, 9; 2:1-2).
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Cristo, nuestro Sacerdote
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión (la fe que confesamos). Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Él jamás pecó) (Hebreos 4:14-15).
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El Cordero de Dios
Pero este libro de vida, en el cual haría falta estar inscrito para escapar a la condenación, en otro pasaje del Apocalipsis (13:8) lleva este nombre significativo: “El libro de la vida del Cordero que fue inmolado”.
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El Espíritu de adopción
Esta gloriosa posición de hijo de Dios tiene como consecuencia la recepción del Espíritu Santo: Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gálatas 4:6).
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El poder
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor. Desgraciadamente, no tarda en experimentar que en sí no tiene ninguna fuerza para llevar una vida santa y pura, de manera que el bien que quiere, no lo practica; el mal que no quiere, lo hace (Romanos 7:19).
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El sacrificio de la cruz
Si bien el amado Hijo del Padre vino como hombre a este mundo, no fue solamente para llevar una vida perfecta, toda ella para gloria de Dios, sino para cumplir por medio de su muerte la obra de nuestra salvación. Ningún hombre podía pagar el rescate por otros, estando él mismo ya condenado. Sólo Jesús podía pagarlo, y vino para hacerlo.
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El sello
“Dios… nos ha sellado” (2 Corintios 1:21-22). “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; el Espíritu Santo “con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 1:13; 4:30). Dios ha puesto así su Espíritu sobre nosotros como un sello, una marca indeleble de que procedemos de Él y somos suyos por los siglos.
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El vínculo
El Espíritu une a los creyentes en un solo cuerpo con Cristo (1 Corintios 12:13). Por medio de Cristo “los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). En el Señor somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).
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