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El pecado después de la conversión
El asunto que vamos a considerar es el que más inquieta a los creyentes al principio de su carrera. Se trata de la pérdida de la comunión con Dios, originada después de la conversión, a causa del pecado.
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La eterna seguridad del creyente
Es conocida la historia de los dos hombres que disputaban acerca de una moneda. Mientras el uno sostenía que era de oro, el otro afirmaba que era de plata. Comenzaban ya a lanzarse miradas siniestras y a usar un lenguaje descortés, cuando apareció un tercero y les preguntó por el motivo de la disputa. «Esta moneda es de oro, y este hombre sostiene que es de plata», dijo el uno; el otro, muy airado, contestó: «Esta moneda es de plata, y este hombre insiste en afirmar que es de oro». Entonces el tercero dijo: «Los dos tienen razón, solo que el uno mira una cara y el otro la otra; la moneda es de oro por un lado y de plata por el otro». Vamos, pues, a examinar nosotros la cuestión de la salvación por los dos lados, y al final llamaré la atención de ustedes acerca de algunos textos de la Escritura que tratan de este asunto y que muy a menudo son mal interpretados por los creyentes.
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Las dos naturalezas del creyente
Muchos creyentes pasan por grandes angustias porque continuamente están escudriñando sus propios corazones, pensando encontrar en él la evidencia de su conversión a Dios. Se puede que tal persona diga: «Mi problema no es ése; no dudo, ni por un solo instante, que el creyente posea actualmente la vida eterna; pero comparando mi experiencia diaria con otras verdades muy claras de la Palabra de Dios, dudo mucho de que yo haya nacido de nuevo.
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Seguridad, certeza y gozo de la salvación
«¿En qué clase viaja usted?». He aquí una pregunta que a menudo se oía antes en las estaciones de ferrocarril. Permítame que le haga la misma pregunta porque, considerándolo bien, usted también está viajando de este mundo a la eternidad, y en cualquier momento puede llegar al final. Permítame, repito, que con el mayor interés le pregunte: «¿En qué clase va viajando?». No hay sino tres clases, y le explicaré cuáles son, para que se pruebe a conciencia, como si estuviera en la presencia de Dios, “a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).
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Después de la conversión empieza la batalla
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Dos naturalezas en pelea
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El camino de la salvación
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El conocimiento de la obra de Dios y la realidad de nuestra vida
El asunto que vamos a considerar es el que más inquieta a los creyentes al principio de su carrera. Se trata de la pérdida de la comunión con Dios, originada después de la conversión, a causa del pecado.
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El conocimiento de la salvación
Abra ahora la Biblia y lea usted el versículo que muestra cómo el creyente puede saber que tiene la vida eterna: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).
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El gozo de la salvación
Hallará en las Escrituras que, si usted es salvo por la obra de Cristo y está seguro de ello por la Palabra de Dios, va a conservar el gozo de la salvación por el Espíritu Santo que mora en cada creyente.
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Hechos divinos, no sentimientos
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La eterna seguridad del creyente
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. (Juan 10:27-28)
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La victoria de la nueva naturaleza
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¿… Y si el creyente persevera en su pecado?
Pero si un creyente persevera en su pecado, y no pone atención a las amonestaciones de Dios, ¿qué pasará? Dios tendrá que castigarle; por ejemplo, con una enfermedad, con una pérdida muy sensible, o con cualquier cosa de las muchas que le pueden pasar.
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¿A quién podemos creer?
Voy a presentar otro ejemplo para explicar mejor esta cuestión. –Una tarde, estando usted en su casa entra un individuo y le dice que el jefe de la estación ferroviaria cercana acaba de morir arrollado por el tren. Pero dicho sujeto es conocido como el más atrevido embustero en toda la vecindad. ¿Creería usted, o se esforzaría siquiera en dar crédito a tal persona?
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Bajo una dirección enteramente nueva
Hace unos meses vi el siguiente anuncio al frente de un gran edificio que parecía ser un hotel: «Esta casa se abrirá de nuevo al público en breve, bajo una dirección enteramente nueva». Supuse que dicho hotel había cambiado de dueño y que éste había puesto un nuevo director. El anuncio me hizo pensar en el pasaje que acabamos de citar (1 Corintios 6:19-20).
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Caer de la gracia
Ahora quizás alguien diga: «En Gálatas 5:4 leemos que algunos habían caído de la gracia. ¿Qué, pues, significa esto?». Significa lo que textualmente dice: no han caído de la vida, sino de la gracia.
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Consejos finales
Y ahora, para concluir, el consejo que les doy a todos los creyentes es: «Caminen todos los días dependiendo de Dios». Pero les diré que hace poco, al hacer la misma exhortación, un amigo mío la rectificó así: «Caminen todas las horas —o a toda hora— dependiendo de Dios». Esto me sugirió lo siguiente: «Anden todos los minutos (esto es: siempre) en la dependencia y comunión con Dios».
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Creer en el nombre del Hijo de Dios
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (1 Juan 5:13).
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¿Creer que estamos muertos con Cristo o sentirlo?
Esta es una dificultad práctica para muchas personas. Una vez oí a un creyente orar con insistencia pidiendo a Dios que le hiciera sentir que él estaba muerto con Cristo. ¿Acaso Dios nos habla de sentir que estamos muertos? ¡Lejos de esto! Él nos dice: “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11).
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¿Cuál es el secreto de nuestro poder?
Recordemos la historia de la gallina y de su nidada de patitos. Su desesperación representa el estado de alma de un gran número de creyentes. ¿A qué se debía la angustia de la pobre gallina? Sencillamente a la imposibilidad de cambiar los patitos en lo que según su instinto polluelos de gallina debían ser.
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Dar crédito a la carta de Dios
Ustedes tienen una carta enviada por Dios y, sin embargo, desde hace muchos años están llevando una carga de dudas y temores. Lean por favor esta carta. ¿Pueden darle crédito? Si es así, arrojen al suelo su carga y digan: «No la volveremos a cargar. En vez de ser miserables pecadores, somos hijos de Dios».
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De las dudas a la certeza
A fin de aclarar este punto, me serviré de un ejemplo tomado de la vida diaria. Cierto ganadero, no teniendo suficientes pastos para su ganado, pide en arrendamiento un hermoso pastizal próximo a su finca. Pasa algún tiempo sin recibir contestación del propietario. Entre tanto, un vecino suyo lo visita y procura animarlo, diciendo:
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Dediquémonos al Libro más importante
Estamos seguros de que no haremos progresos espirituales si no somos personas dedicadas al Libro más importante y desconocemos, por lo tanto, nuestras Biblias. Dios se reveló a nosotros por medio de un solo Libro, y nuestro privilegio consiste en leerlo, conocerlo y amarlo.
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