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El castigo es educativo
Ahora bien, en la Sagrada Escritura, éste es el sentido de la corrección. No todo es castigo; una gran parte de ella es educación. Incluye al castigo, por cuanto es necesario, porque el castigo es educativo.
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El creyente ha nacido de nuevo
Ahora bien, una persona que es verdaderamente cristiana ha nacido de nuevo; y el deseo de su naturaleza es llevar una vida santa que agrade a Dios. Hay dos cosas en el cristiano: una naturaleza mala y corrompida —la carne— y el Espíritu Santo. La una se opone constantemente al otro, resultando de esto que no hacemos las cosas que de otro modo llevaríamos a cabo:
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El Espíritu mora en los creyentes
Entre los creyentes del Antiguo Testamento y los del Nuevo, existe una diferencia parecida a la que hay entre los barcos de vela y los de vapor. Los creyentes de los tiempos del Antiguo Testamento son como barcos de vela; los del Nuevo Testamento como los vapores. El Espíritu de Dios vino sobre los creyentes antiguos, mientras que ahora el Espíritu mora en los creyentes.
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El Espíritu Santo es el poder que necesitamos
Por último, permítanme que les diga que si como cristianos desean disfrutar de gozo y de felicidad en su carrera, no deben esperar más para confesar sus faltas a Dios. Confiesen sincera y claramente el delito del que son culpables. Pero no digan: «Nunca más haré tal cosa», porque nuestras resoluciones no merecen confianza alguna.
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El infinito precio de la liberación
Voy a servirme de una pequeña ilustración, pues estoy seguro de que contiene toda la sustancia del asunto. Un conocido predicador, empleando un lenguaje muy gráfico, comparaba este mundo con una descomunal cárcel de formidables murallas y pesadas puertas de hierro. La Misericordia –decía él– miró desde el cielo y le dio mucho pesar ver a los prisioneros.
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El pan y la copa
La Cena del Señor consta de dos elementos, el pan y la copa. Así lo instituyó el Señor Jesús. Estos dos elementos también se encuentran en 1 Corintios 10 y 11. Son símbolos sencillos, pero tienen un significado profundo. El Señor Jesús mismo explica lo que significan:
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El partimiento del pan en el Nuevo Testamento
Lo que vimos sobre el bautismo cristiano también se aplica al partimiento del pan. Los evangelios nos muestran la institución de la Cena. Los Hechos de los apóstoles nos muestran a los primeros cristianos reuniéndose para partir el pan, y en 1 Corintios hallamos la explicación doctrinal de este hecho:
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El testimonio de un paralítico
Cierto ateo dijo un día a un pobre cristiano paralítico: —¡Hace años que estás ahí padeciendo en ese lecho y dices que Dios te ama! Mira, yo tengo un pecho sano, una salud perfecta y disfruto de la vida. No creo en tu Dios. En cambio, tú te pasas los días postrado en un lecho; y ¡dices que Dios te ama!
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El valle y el gigante
Voy a dar dos ejemplos de paz. Miremos un caso bíblico: el de David y Goliat (véase 1 Samuel 17). Fórmese un cuadro en su imaginación. Saúl, cuya cabeza y hombros sobresalían entre los demás, por su estatura, está entre sus guerreros, quienes forman el ejército de Israel. Sin embargo, todos tiemblan. ¿Por qué?
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En el umbral de la paz eterna
Pero, ¿cómo podemos entrar en el gozo de la paz? Mediante Jesucristo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). “De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43). Jesús lo hizo todo. Él dijo de sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.
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En su memoria
“Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). Estas fueron las palabras del Señor a sus discípulos. Jesús mismo, aquel que se ofreció voluntariamente en sacrificio como Cordero de Dios dispuesto a morir, ocupa así el centro de nuestros pensamientos. No pensamos tanto en nuestra salvación y en nuestras bendiciones, aunque no las descartamos. Pero nuestras bendiciones no son el punto principal.
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Enseñanzas del Antiguo Testamento
El principio de la contaminación por asociación presentado en el Nuevo Testamento es confirmado en el Antiguo Testamento. Los tiempos cambian, es cierto, pero los pensamientos y los principios de Dios sobre su casa son inmutables. El gran principio es:
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Enseñanzas del Nuevo Testamento
Volvamos a 1 Corintios 10. Los corintios se habían vuelto de los ídolos a Dios. Sin embargo, creían que podían participar en los sacrificios ofrecidos a los demonios sin que esto afectara su comunión en la Mesa del Señor. No querían tener comunión con los demonios, pero pensaban que, como parte de su libertad cristiana, tenían derecho a asistir al culto pagano donde se ofrecían sacrificios.
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Es un acto unido a la asamblea local
Vayamos directamente a la respuesta: el partimiento del pan está unido a la asamblea local y no puede separarse de ella, según el pensamiento de Dios.
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Hacer lo que a Cristo le agrada
Bien sé que la salvación es libre, libre como el aire que respiramos; sin embargo, al conocimiento de la salvación le sigue una vida fiel y fervorosa. La fe y las obras van siempre juntas.
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¿Hacia dónde mira usted?
Me despido de este amigo y, al doblar la esquina, me topo con Zutano, quien es uno de esos individuos melancólicos, de aspecto taciturno y conversación pesimista; personas como esta abundan y todos las conocemos. Le saludo y le digo: –¿Qué tiene usted? ¡Su aspecto no es bueno! –Desperté hoy de muy mal humor –me contesta. El diablo me metió en la cabeza ideas que me quitan la tranquilidad.
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Introducción
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. (Juan 10:27-28)
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La Biblia, semejante a un arco
Para comenzar (me dirijo a aquellos que confían en nuestro Señor Jesucristo para la salvación de sus almas) diré que no avanzaremos ni un solo paso en lo que se refiere a nuestras almas si no creemos firmemente que este Libro, la Biblia, es el Libro de Dios, divinamente inspirado desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
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La Cena no es un medio para obtener la gracia
Para comenzar afirmamos que, contrario a una idea muy generalizada, comer el pan y beber la copa no confiere ninguna gracia, es decir, no es un sacramento. El acto mismo de partir el pan no tiene ningún efecto directo sobre la persona que participa en él; no se produce ningún cambio en la persona. Partir el pan no es algo místico o misterioso, no cambia nada en el interior de una persona.
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La clase de confesión que agrada a Dios
Cierto amigo mío me contó la historia de un cristiano que, por desgracia, contrajo el vicio de emborracharse; este hombre le pidió consejo a otro cristiano, quien le contestó de la siguiente manera: —Amigo mío, debe usted confesar su pecado. El culpable se arrodilló diciendo: — Dios mío, he cometido un delito! El amigo le dijo: —No hable usted así; confiese a Dios lo que ha hecho.
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La costumbre de los primeros cristianos
Si nos fijamos en la costumbre de los primeros cristianos, vemos que al principio del testimonio cristiano en este mundo –al menos en Jerusalén– el pan se partía diariamente (Hechos 2:42, 46). Podemos entenderlo bien.
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La mala naturaleza continúa existiendo
Según la Escritura, la mala naturaleza no se desarraiga después de la conversión; sigue existiendo. Sin embargo, también es cierto que no seremos juzgados. Somos justificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una sola vez. Entonces ¿podemos pecar a nuestro capricho?
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La Mesa del Señor
La expresión “Mesa del Señor” solo aparece en 1 Corintios 10. Por supuesto, no se trata de un mueble (aunque, por comodidad, el pan y la copa se ponen sobre una mesa), sino de principios unidos a los privilegios comunes que disfrutamos y que nos animan a asumir nuestra responsabilidad común.
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La puerca lavada
Otro puede decirme: «¿Cómo se compagina esto con lo que se halla escrito en 2 Pedro 2:22?» (“Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”). No está dicho que la oveja vuelva a revolcarse en el cieno, sino la puerca lavada.
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