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A la imagen de Dios
Nos diferenciamos de todas las demás criaturas vivientes que nos rodean en la tierra en que estamos, de forma más o menos consciente, bajo la acción de Dios. Éste es el carácter distintivo del hombre. El Dios creador de todas las cosas lo ha hecho a su imagen. No se limitó a darle la existencia por medio de su palabra todopoderosa, sino que lo formó y sopló en él “aliento de vida”.
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Algunas observaciones
1. El desorden sólo será evitado si cada uno está dispuesto a someterse enteramente a la dirección del Espíritu en toda humildad y confianza (léase 1 Pedro 5:5-7; Filipenses 2:3-11; Efesios 5:18-21).
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Características permanentes de una asamblea
En lo que concierne a la congregación de los creyentes, se nos prescribe no dejarla, “y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).
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Conclusión
Si la asamblea realiza su posición fuera del campamento y en los lugares celestiales, probará la poderosa acción del Espíritu de Dios, será nutrida de las cosas celestiales, la espiritualidad se desarrollará y entonces habrá ese sano discernimiento de las cosas.
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Conclusión
No sin tristeza llegamos a hablar de las divisiones, asunto que consume de dolor nuestros corazones, mientras que el ocuparnos de la Iglesia o Asamblea de Dios solo debería producir en nuestro ánimo sentimientos de amor, dulzura, y gozo.
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Cristiandad e Iglesia
Cualquiera que sea la confusión actual, una certidumbre nos conforta: Dios tiene en la tierra, hoy como antiguamente, gran número de hijos Suyos, redimidos de Cristo; hoy como antes constituyen todos juntos lo que es y sigue siendo la Iglesia o Asamblea de Dios.
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Cristo, nuestro Abogado
“La sangre de Jesucristo su Hijo nos purifica de todo pecado”. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1:7, 9; 2:1-2).
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Cristo, nuestro Sacerdote
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión (la fe que confesamos). Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Él jamás pecó) (Hebreos 4:14-15).
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¿Cuál es el camino aprobado por Dios?
De los primeros cristianos la Palabra dice: Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos 2:42).
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¿Cuál es su objetivo?
Quieren seguir el camino señalado por la Palabra de Dios, obedeciéndola. Esta obediencia implica primeramente una separación de todo lo que no tiene la entera aprobación de Dios.
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¿De qué son miembros?
La Santa Palabra no nos habla de miembros de una iglesia particular. Sólo habla de los miembros en el sentido de que todos los verdaderos hijos de Dios son miembros de un solo cuerpo. “Somos miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25).
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Desde los apóstoles hasta nuestros días
Desde entonces, en los casi veinte siglos transcurridos, desgraciadamente, se ha comprobado de todas las formas posibles que el hombre corrompe todo lo que Dios le confía.
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Diferentes categorías de agrupaciones cristianas
Las agrupaciones de la cristiandad actual pueden considerarse divididas en tres categorías. Las dos primeras comprenden todo lo que se denomina oficialmente «iglesias». Estas son sociedades organizadas, con leyes y reglamentos, cada una con su clero, diferenciado de los feligreses. Estas sociedades son efectivamente de dos clases.
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Diversos aspectos de esta unidad
El Nuevo Testamento emplea diferentes figuras para presentarnos la Asamblea. Todas ellas expresan –aunque desde diferentes puntos de vista– la unidad de todos los «nacidos de nuevo».
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El campamento alrededor del Tabernáculo de reunión (Libro de los Números)
El Tabernáculo terrenal, llamado ya, como acabamos de verlo, “tabernáculo de reunión” en las instrucciones recibidas por Moisés en el monte, antes del becerro de oro, toma pues su lugar en el interior del vasto campamento del pueblo de Israel, así este acampe o se desplace por el desierto.
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El clero y el ministerio oficial
Lo que más llama la atención en las congregaciones de creyentes constituidas fuera de las diversas organizaciones eclesiásticas es, sin duda alguna, la ausencia de todo «clero».
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El Cordero de Dios
Pero este libro de vida, en el cual haría falta estar inscrito para escapar a la condenación, en otro pasaje del Apocalipsis (13:8) lleva este nombre significativo: “El libro de la vida del Cordero que fue inmolado”.
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El culto
Si la casa de Dios es una “casa de oración”, también es una casa de “sacrificios espirituales” (1 Pedro 2:5). Adorar es, indiscutiblemente, la más alta función de la Iglesia. Es el culto en el propio sentido de la palabra.
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El Espíritu de adopción
Esta gloriosa posición de hijo de Dios tiene como consecuencia la recepción del Espíritu Santo: Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gálatas 4:6).
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El ministerio de las mujeres
En el Nuevo Testamento, se lo tiene por un ministerio preciosísimo en su lugar, sea para la enseñanza en la familia –en pláticas privadas, como vemos a Priscila al lado de Aquila para enseñar a Apolos (Hechos 18:26), o a las cuatro hijas de Felipe profetizando (Hechos 21:9)–, sea en todos los “servicios” –como el de Febe, “diaconisa de la iglesia en Cencrea” (Romanos 16:1)–, en los cuales la mu
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El poder
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor. Desgraciadamente, no tarda en experimentar que en sí no tiene ninguna fuerza para llevar una vida santa y pura, de manera que el bien que quiere, no lo practica; el mal que no quiere, lo hace (Romanos 7:19).
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El propósito de Dios a su respecto
No temamos extendernos más sobre este asunto. No podremos tener una idea justa de todo lo que concierne a la Iglesia si no fijamos nuestra atención en lo que la Escritura revela acerca del propósito de Dios respecto a ella, en vista de Su propia gloria.
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El retorno de la cristiandad a su estado primitivo: Una quimera
¿Qué hacer? No se trata de reedificar la Iglesia tal como la vemos en los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles. Ello es imposible. En toda la Escritura se comprueba que Dios no restaura integralmente lo que el hombre ha arruinado. Da algo mejor para sustituir el estado de cosas que ha sido dejado de lado, después de haber soportado la infidelidad con suma paciencia.
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El sacrificio de la cruz
Si bien el amado Hijo del Padre vino como hombre a este mundo, no fue solamente para llevar una vida perfecta, toda ella para gloria de Dios, sino para cumplir por medio de su muerte la obra de nuestra salvación. Ningún hombre podía pagar el rescate por otros, estando él mismo ya condenado. Sólo Jesús podía pagarlo, y vino para hacerlo.
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