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Pruebas cotidianas
Así pasaron meses muy sombríos. Mimosa tomó la costumbre de encogerse de hombros y replicar; no se convirtió en un modelo de paciencia de la noche a la mañana; y los severos y frecuentes castigos no contribuyeron a endulzar su carácter.
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Semillas divinas
En aquella hora amarga, Mimosa encontró un nuevo socorro divino. En el pueblo había algunas familias cristianas. Ninguna, excepto una, se ocupaba de ella porque pertenecían a otra casta; y después de todo eran cristianas sólo de nombre. Es fácil criticar a esa gente y asombrarse por su falta de amor.
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Un vistazo al pasado
Durante los días siguientes pudimos disfrutar de largas conversaciones; eran como miradas a través de ventanas abiertas al pasado. No creo que en la India se mire con frecuencia de esa manera en la vida de alguna persona. Cierta timidez se desliza, como si se hablara detrás de un vidrio. Así que es poco lo que se puede ver de esas vidas.
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Usted no me engaña
Entonces, Mimosa se fue a los campos llevando a su primogénito. Si bien nunca había oído hablar de Agar (Génesis 21:14-19), en su dolor hizo como ella. Con un pedazo de tela de algodón hizo una hamaca improvisada, la cual colgó de una rama de acacia. Colocó a su bebé dentro y balanceó suavemente la hamaca hasta que la criatura se durmió. Luego se alejó sola y clamó al Señor.
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¿… Y si el creyente persevera en su pecado?
Pero si un creyente persevera en su pecado, y no pone atención a las amonestaciones de Dios, ¿qué pasará? Dios tendrá que castigarle; por ejemplo, con una enfermedad, con una pérdida muy sensible, o con cualquier cosa de las muchas que le pueden pasar.
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Caer de la gracia
Ahora quizás alguien diga: «En Gálatas 5:4 leemos que algunos habían caído de la gracia. ¿Qué, pues, significa esto?». Significa lo que textualmente dice: no han caído de la vida, sino de la gracia.
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Carencia de fuerza propia para conseguir la paz
Un amigo mío entró cierto día en un vagón de ferrocarril en el cual se mantenía una acalorada discusión religiosa. Cuando mi amigo hubo tomado asiento, uno de los presentes le dijo, poniéndole amistosamente su mano sobre la rodilla: «Decíamos aquí que, para entrar en el cielo, es necesario ser bueno y practicar el bien».
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Consejos finales
Y ahora, para concluir, el consejo que les doy a todos los creyentes es: «Caminen todos los días dependiendo de Dios». Pero les diré que hace poco, al hacer la misma exhortación, un amigo mío la rectificó así: «Caminen todas las horas —o a toda hora— dependiendo de Dios». Esto me sugirió lo siguiente: «Anden todos los minutos (esto es: siempre) en la dependencia y comunión con Dios».
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Creer en el nombre del Hijo de Dios
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (1 Juan 5:13).
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Dar crédito a la carta de Dios
Ustedes tienen una carta enviada por Dios y, sin embargo, desde hace muchos años están llevando una carga de dudas y temores. Lean por favor esta carta. ¿Pueden darle crédito? Si es así, arrojen al suelo su carga y digan: «No la volveremos a cargar. En vez de ser miserables pecadores, somos hijos de Dios».
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Dediquémonos al Libro más importante
Estamos seguros de que no haremos progresos espirituales si no somos personas dedicadas al Libro más importante y desconocemos, por lo tanto, nuestras Biblias. Dios se reveló a nosotros por medio de un solo Libro, y nuestro privilegio consiste en leerlo, conocerlo y amarlo.
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¿Dentro o fuera?
¿Pueden decir ustedes que aman a Dios de todo corazón? ¿Pueden afirmar que Cristo es para ustedes el señalado entre diez mil? ¿Están perdonados todos sus pecados? ¿O pueden únicamente decir: Hemos sido bautizados, vamos a la iglesia y tomamos la comunión?
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El castigo es educativo
Ahora bien, en la Sagrada Escritura, éste es el sentido de la corrección. No todo es castigo; una gran parte de ella es educación. Incluye al castigo, por cuanto es necesario, porque el castigo es educativo.
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El creyente ha nacido de nuevo
Ahora bien, una persona que es verdaderamente cristiana ha nacido de nuevo; y el deseo de su naturaleza es llevar una vida santa que agrade a Dios. Hay dos cosas en el cristiano: una naturaleza mala y corrompida —la carne— y el Espíritu Santo. La una se opone constantemente al otro, resultando de esto que no hacemos las cosas que de otro modo llevaríamos a cabo:
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El Espíritu mora en los creyentes
Entre los creyentes del Antiguo Testamento y los del Nuevo, existe una diferencia parecida a la que hay entre los barcos de vela y los de vapor. Los creyentes de los tiempos del Antiguo Testamento son como barcos de vela; los del Nuevo Testamento como los vapores. El Espíritu de Dios vino sobre los creyentes antiguos, mientras que ahora el Espíritu mora en los creyentes.
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El Espíritu Santo es el poder que necesitamos
Por último, permítanme que les diga que si como cristianos desean disfrutar de gozo y de felicidad en su carrera, no deben esperar más para confesar sus faltas a Dios. Confiesen sincera y claramente el delito del que son culpables. Pero no digan: «Nunca más haré tal cosa», porque nuestras resoluciones no merecen confianza alguna.
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El infinito precio de la liberación
Voy a servirme de una pequeña ilustración, pues estoy seguro de que contiene toda la sustancia del asunto. Un conocido predicador, empleando un lenguaje muy gráfico, comparaba este mundo con una descomunal cárcel de formidables murallas y pesadas puertas de hierro. La Misericordia –decía él– miró desde el cielo y le dio mucho pesar ver a los prisioneros.
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El testimonio de un paralítico
Cierto ateo dijo un día a un pobre cristiano paralítico: —¡Hace años que estás ahí padeciendo en ese lecho y dices que Dios te ama! Mira, yo tengo un pecho sano, una salud perfecta y disfruto de la vida. No creo en tu Dios. En cambio, tú te pasas los días postrado en un lecho; y ¡dices que Dios te ama!
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El valle y el gigante
Voy a dar dos ejemplos de paz. Miremos un caso bíblico: el de David y Goliat (véase 1 Samuel 17). Fórmese un cuadro en su imaginación. Saúl, cuya cabeza y hombros sobresalían entre los demás, por su estatura, está entre sus guerreros, quienes forman el ejército de Israel. Sin embargo, todos tiemblan. ¿Por qué?
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En el umbral de la paz eterna
Pero, ¿cómo podemos entrar en el gozo de la paz? Mediante Jesucristo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). “De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43). Jesús lo hizo todo. Él dijo de sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.
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Hacer lo que a Cristo le agrada
Bien sé que la salvación es libre, libre como el aire que respiramos; sin embargo, al conocimiento de la salvación le sigue una vida fiel y fervorosa. La fe y las obras van siempre juntas.
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¿Hacia dónde mira usted?
Me despido de este amigo y, al doblar la esquina, me topo con Zutano, quien es uno de esos individuos melancólicos, de aspecto taciturno y conversación pesimista; personas como esta abundan y todos las conocemos. Le saludo y le digo: –¿Qué tiene usted? ¡Su aspecto no es bueno! –Desperté hoy de muy mal humor –me contesta. El diablo me metió en la cabeza ideas que me quitan la tranquilidad.
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Introducción
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. (Juan 10:27-28)
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La Biblia, semejante a un arco
Para comenzar (me dirijo a aquellos que confían en nuestro Señor Jesucristo para la salvación de sus almas) diré que no avanzaremos ni un solo paso en lo que se refiere a nuestras almas si no creemos firmemente que este Libro, la Biblia, es el Libro de Dios, divinamente inspirado desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
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