Ester
Ester

W. Kelly - 1994

“La reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.” Ester 7:3

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Capítulo 10

Mardoqueo enaltecido

El libro termina, en este capitula, con un relato de la grandeza del reinado del rey, y también de la de Mardoqueo, su ministro. "Porque Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos, y estimado para la multitud de sus hermanos, porque procuré el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje" (v. 3). Así, dignamente, se cierra este muy notable libre. El judío, librado de todas sus angustias, es conducido al lugar más cercano al gran rey, y en lugar de ser víctima del odio del gentil, tiene autoridad plena para ejecutar venganza sobre todos los que quisieron aniquilar a la simiente de Abraham.

Conclusión

¡Quiera el Señor concedernos el deleite que se halla en los caminos de Dios! ¡Que podamos leer Su Palabra y sacar provecho de ella con toda sabiduría e inteligencia espiritual!... Vemos el lugar que habrá de ocupar el antiguo pueblo de Dios cuando el orgulloso gentil sea destituido por causa de su desobediencia y el judío restituido con toda la hermosura que Dios puede poner sobre él, dentro de su debido lugar ante el mundo.

Estas son las perspectivas que nos da este libro. Se notará además que su hermoso carácter se halla completamente preservado desde el principio hasta el final: todo esta fue dado durante el día nublado (el día de la oscuridad, de la dispersión, del no reconocimiento del judío). El nombre de Dios está absolutamente ausente de él. Es el poder secreto de Dios el que obra a través de circunstancias que pueden parecer desesperantes o fatales. Pero ¡que consuelo para nosotros! Nosotros también tenemos que ver con la misma providencia de Dios, aunque no por cierto trabajando para el mismo fin; porque el propósito de Dios no es darnos ocasión de venganza sobre el enemigo, ni exaltarnos con la grandeza terrenal, pero tenemos que ver con el mismo Dios; solamente que -¡a Dios gracias!- él no nos desecha, como lo hace con Israel. Nos ha traído a una relación que no se puede perder jamás, relación que depende de Cristo y que es sellada por el Espíritu Santo. Consecuentemente, él nunca se rehúsa a que le invoquemos como "nuestro Dios y Padre, ni se rehúsa a reconocernos alguna vez como los hijos de su amor.

Como se ve, el libro no se aplica de ningún modo a nosotros, en lo que a Ester se refiere; pero seguramente, se justifica que tomemos todo el consuelo de la poderosa mano de Dios. Donde los hombres no ven más que las circunstancias que pasan a nuestro alrededor, sabemos que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28). Quizás no podamos ver el camino, pero conocemos a Dios, vemos a Dios, podemos acercarnos al Dios que controla todas las cosas a nuestro favor.

En resumen, por lo tanto, la providencia de Dios es una verdad universal, hasta que venga el día en que los designios de Dios sean hechos públicos y manifiestos, y su nombre sea invocado por su pueblo. Sera la parte de Israel. Sabemos que ahora ellos están dispersos, que están en una situación completamente anómala, pero que el día vendrá en que Dios pondrá a un lado al gentil y, una vez más, introducirá a Israel, y nuestros corazones podrán regocijarse. No será ninguna pérdida para nosotros; estaremos con el Señor Jesús en las alturas, y solo después de esto Dios juzgará al gentil y volverá a llamar al Judío.

W. Kelly