Capítulo 8
Nuevo decrete imperial salvando a último momento a los judíos
Pero esta no fue todo. Dios no solamente hizo que el cruel adversario de su pueblo cayese en sus propias redes, sino que cuidará de los judíos a lo largo de todos los dominios del rey, donde estaban todavía sujetos a sentencia de muerte. La liberación no era aún completa. El enemigo principal había sido destruido, pero ellos estaban aún en peligro; y así Mardoqueo vino ante el rey. "Porque Ester le declara lo que él era respecta de ella" (v. 1). El rey se quita su anillo y se lo da a Mardoqueo. El judío, en consecuencia, asume el lugar del gobierno sobre la tierra; sus enemigos son destruidos, pero todavía tienen que ser vindicados y completamente liberados par todo el imperio. Y Ester se echa a los pies del rey y le suplica con lágrimas que quite el mal de Aman, y el rey nuevamente extiende el cetro de oro. Ester explica que los correos que habían salido con las cartas del rey estaban llevando destrucción a los judíos por todas sus provincias. El rey responde: "He aquí yo he dado a Ester la casa de Aman, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió sus manos contra los judíos. Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; parque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado (v. 7-8).
¿Cómo, entonces, debía entenderse este asunto? De esta manera: a todo el imperio, por medio de un nuevo mensajero, fueron enviadas cartas por las cuales "el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos, y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes" (v. 11). Y así fue hecho. "Y salió Mardoqueo de delante del rey", ahora con todos los atributos del honor real. Y "los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra. Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer" (v. 17).
