Capítulo 6
Dios obra
Pero el Dios invisible estaba obrando esa noche. El rey no podía dormir (v. 1); de no haber sido así, habría ocurrido un acontecimiento muy amargo para Ester antes de la fiesta con el rey. "Aquella misma noche se le fue el sueño al rey". Él solicita los archivas del reino. La providencia de Dios estaba actuando. Se halló escrito que Mardoqueo había denunciado a los camareros traidores, y el rey pregunta; "¿Qué honra o que distinción se hizo a Mardoqueo par esto?" "Nada" (v. 3), contestaron los servidores. En ese mismo momento, Aman llegaba a la corte. Quería ver al rey para pedirle la vida de Mardoqueo. Nada sabia de lo que estaba en el corazón del rey. A su pedido se le introduce a la presencia del rey, y este, lleno de lo que estaba en su propio corazón, es providencialmente inducido a preguntar que debía hacer en favor de aquel a quien deseaba honrar. "¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey?" (v. 6).
Aman atrapado en su propio juego
Aman no había pensado en ningún otro sino en si mismo. De este modo fue atrapado en su propia red. Solicité sin rodeos. Sugirió al rey los más altos honores, los mayores que se hubieran conferido j amas a un súbdito. "Para el varan cuya honra desea el rey, traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que esta puesta en su cabeza; y den el vestido y el caballo en mano de algunos de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de el: Así se hará al varón cuya honra desea el rey" (v. 7-9). Así el rey al instante dice a Aman: "Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real; no omitas nada de todo lo que has dicho".
¡Oh, que caída! ¡Qué horror de horrores debe de haber llenado el corazón de ese hombre perverse, pues aquel a quien el más odiaba de entre todos los hombres vivientes era el mismo a quien el, principal noble del imperio se veía obligado a rendir este honor conforme a su propia sugerencia! De todos modos, era imposible alterar la palabra del rey. "Y Aman tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo condujo a caballo par la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de el: Así se hará al varón cuya honra desea el rey" (v. 11). Muy diferentemente volvió Aman a su esposa y sus amigos ese día. Aman se dio prisa para irse a su casa apesadumbrado y cubierta su cabeza. Contó luego Aman a Zeres su mujer y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido. Entonces le dijeron sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la descendencia de los judíos es ese Mardoqueo delante de quien has comenzado a caer, no lo vencerás, sino que caerás por cierto delante de él" (v. 12-13). Tal es el sentimiento secreto del gentil con relación al judío. Puede estar todo muy bien para el gentil mientras el judío es echado fuera de la presencia de Dios, pero, cuando llegue el día señalado para exaltar al judío, la grandeza del gentil deberá entonces desaparecer de la faz de la tierra. El judío es el future señor aquí abajo. El judío será la cabeza y el gentil la cola.
