Capítulo 7
Aman, traidor descubierto y prontamente ejecutado
Así prosigue el banquete y el rey y Aman se encuentran, porque no había tiempo que perder. El camarero había convocado a Aman al banquete, y ahora el rey, por tercera vez, requiere de la reina su petición. "¿Cuál es tu petición reina Ester? y te será concedida. ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada. Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición" (v. 2). cómo! ¿Tal es el estado de cosas que la reina ruega por su vida? "Séame dada mi vida para mi petición, y mi pueblo por mi demanda. Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte seria para el rey un daño irreparable" (v. 3-4). Ella había pulsado la cuerda correcta. No solo todos los afectos del rey estallaron ante ese insulta que le había sido hecho a aquella a la que él amaba por encima de todos en el reino, si no aún más: existía la audaz presunción de que habría de intentarse la destrucción de la reina y de todo el pueblo de la reina -de todo su pueblo- sin siquiera el conocimiento del rey. ¿Quién podría ser el traidor?
"Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Aman". Entonces se turbó Aman, por más que estuviera "delante del rey y de la reina. Luego el rey se levante del banquete, encendido en ira, y se fue al huerto del palacio". Bien sabia Aman que ésa era la sentencia de muerte pronunciada sobre él. "Y se quedó Aman para suplicarle a la reina Ester par su vida; parque vio que estaba resuelto para él el mal de parte del rey" (v. 5-7). Y cuando el rey vuelve, lo encuentra a Aman, en su agonía, caído sobre la cama donde estaba Ester, y el rey se imagina lo peor. La palabra sale de su boca y sus servidores cubren el rostro de Aman para su inmediata ejecución. Y Harbona, uno de los camareros, sugiere al rey la horca que estaba ya hecha en la propiedad de Aman, lo que también cuenta con el beneplácito del rey. "Entonces el rey dijo; Colgadlo en ella. Así colgaron a Aman en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey" (v. 9-10).
