Ester
Ester

W. Kelly - 1994

“La reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.” Ester 7:3

Pedir en la tienda

Capítulo 5

La intervención de Ester

Por consiguiente, al tercer día Ester se puso sus vestiduras reales "y entré en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento. Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano" (v. 1-2), parque la fe en la bondad de Dios era grande. Todo lo que aparece es meramente humano, pero la mano invisible estaba allí. Ella buscaba esto, y lo halló. "Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro. Dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará". A lo que responde Ester: "Si place al rey, vengan hoy el rey y Aman al banquete que he preparado para el rey" (v. 2-4). Dios le dio sabiduría. Ella no reveló de inmediato lo que era una carga tan pesada para su corazón. "El que creyere, no se apresure" (Isaías 28:16). El Dios invisible que era el objeto de su confianza ejercitó su alma para esperar. Ella no solo convida al rey al banquete, sino también a Aman. Cuántas veces ocurren hechos similares. Así también lo hace el Señor cuando le da a Judas el pan mojado antes de la terrible traición que lo condujo a la cruz. Nada podía suponer Aman acerca de lo que Dios, quien no aparece, estaba reservándole. En el banquete, el rey nuevamente vuelve a la pregunta, porque sabía perfectamente que había algo más que el banquete en la mente de la reina Ester. "¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida" (v. 6).

Nuevamente la reina solicita que ella pueda contar con la presencia de ellos en otro banquete. "Y mañana haré conforme a lo que el rey ha mandado". Así es como se va Aman ese día "contento y alegre de corazón", pero, cuando ve que Mardoqueo, el judío, no se levantaba ni se movía a su paso, se llena de indignación contra aquél. No obstante, Aman se contiene. Cuando regresa a su casa y cuenta a su esposa y amigos acerca del esplendor de sus riquezas, de la multitud de sus hijos, de todas las cosas con que el rey le ha engrandecido y cómo le ha promovido por sobre los príncipes y siervos del rey, menciona como coronación de todos los honores especiales recibidos la invitación de la reina Ester a un banquete al cual había así sido nada menos que el propio rey. "Y también para mañana -dice el- "estoy convidado por ella con el rey. Pero todo esto de nada me sirve" -tal era el odio y la amargura de su corazón- "cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey". La esposa, con la debilidad propia de su naturaleza, sugiere que se haga una horca para este perverse 'Mardoqueo. "Hagan una horca de cincuenta codos de altura, y mañana di al rey que cuelguen a Mardoqueo en ella; y entra alegre con el rey al banquete" (v. 14). El asunto agrado mucho a Aman, y así se hizo.