Capítulo 18
Un llamado solemne
Estas visiones se pueden comparar con una serie de diapositivas que proyectan los mismos cuadros o acontecimientos bajo perspectivas distintas y luminosidad diferente. El derrumbe de Babilonia es considerado aquí como cumplido directamente por “Dios el Señor” (v. 8, 20). Pero antes ha resonado un mandamiento en el versículo 4: “Salid de ella, pueblo mío” (compárese con la profecía de Jeremías contra la Babilonia histórica: cap. 51:7-8, 37, 45…). Este llamado ya se hace oír hoy: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (2 Corintios 6:17). Cada hijo de Dios está invitado a separarse enteramente del mundo religioso que tiene principios mezclados, el cual nos es presentado aquí en su estado final (comp. Números 16:26). Algunos nos acusarán de falta de amor, de tener un espíritu estrecho y de estar imbuidos de superioridad. Pero lo esencial es obedecer al Señor.
Los versículos 12 y 13 ofrecen la larga lista de “todo lo que hay en el mundo” (1 Juan 2:16-17), estudiado para satisfacer las múltiples codicias de los hombres. A la cabeza está lo más estimado: el oro, y termina con lo que tiene menos precio a los ojos de esa falsa iglesia… pero que tiene tanto precio para Dios: las almas de los hombres.
Colapso y juicio de Babilonia
Las lamentaciones de los mercaderes (v. 11, 15…) nos recuerdan las quejas de Demetrio y de los artesanos de Éfeso, quienes temían perder su gran “ganancia” y la “riqueza” que les procuraba el culto al ídolo (Hechos 19). En el fondo, ¿qué diferencia hay entre la “grande… Diana de los efesios” y “la gran Babilonia”, es decir, entre la idolatría pagana y la corrupción del cristianismo? Tiene mucho éxito la religión que da al hombre todos “los frutos codiciados por tu alma” (v. 14), que halaga los sentidos mientras adormece la conciencia (la música desempeña en ello un papel importante: v. 22; Daniel 3:7), que favorece el comercio y sirve de pretexto para toda clase de festejos. Basta ver en el período de fin de año de qué profana manera muchos celebran el nacimiento del Señor Jesús.
“Y en ella se halló la sangre de los… santos” (v. 4). Ya en la ciudad que Caín edificó, al comienzo de la Biblia, se hallaba más de una cosa agradable… en tanto que la sangre de Abel clamaba (comp. Génesis 4:10, 17). Hoy el mundo religioso se regocija mientras que el verdadero creyente sufre y se aflige (Juan 16:20). Mañana resonarán los ayes en el mundo, pero el gozo del cielo les responderá (v. 20). ¡Que Dios nos conceda ver ya, por la fe, todas las cosas como él las ve!
