Apocalipsis
Apocalipsis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 5

El Cordero inmolado

Una pregunta mantiene al universo en suspense: “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”. Dicho de otro modo, ¿quién ejercerá el juicio? Uno solo puede hacerlo: Aquel que está sin pecado (comp. Juan 8:7) y ha vencido, por su misma perfección, a Satanás y al mundo. Cristo es este “León de la tribu de Judá”, ya mencionado en Génesis 49:9. Pero, inmediatamente después, es visto bajo la apariencia de un

Cordero como inmolado.

Para triunfar sobre el enemigo, para llenar el cielo de una multitud de criaturas felices y agradecidas, fue necesaria la cruz de Jesús. Su sacrificio es recordado al corazón de todos los santos de la manera más conmovedora. En ese cielo, donde todo habla de poder y majestad, el recuerdo permanente de la humillación de nuestro amado Salvador hará el más asombroso contraste. Su humildad, su mansedumbre, su dependencia, su paciencia… todas esas perfecciones morales que Jesús manifestó en este mundo nunca dejarán de ser visibles y nos darán la medida de su amor por la eternidad.

Entonces, al nuevo cántico entonado por los santos glorificados le responderá el universal eco de todas las esferas de la creación: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (v. 12).