Apocalipsis
Apocalipsis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

La apreciación del Señor

Estas cartas a las siete iglesias de Asia describen en otros tantos cuadros sucesivos la historia de la cristiandad responsable. El Señor se presenta a cada una de estas iglesias, hace un preciso inventario de lo que encuentra y de lo que no encuentra en ellas, exhorta y promete su recompensa al vencedor.

En Efeso aparentemente todo estaba lo mejor posible (v. 2-3). Pero el Señor mira el corazón (1 Samuel 16:7). Por desdicha, no ve más la respuesta a su propio amor; ¡este ha dejado de ocupar el primer lugar en él! Si un río es cortado en su fuente, los ribereños cercanos a la desembocadura no lo notarán enseguida. Mientras corra el agua, las orillas permanecerán verdes; durante algún tiempo todavía mostrarán la misma apariencia… ¡Ah, queridos amigos, hagámonos la siguiente pregunta!: ¿Qué pasa, no con nuestro celo, sino con nuestro afecto por Cristo? Para detener esta decadencia, el fiel Señor usa un medio extraño: la prueba. Da rienda suelta al poder de Satanás. Después de Efeso (la amable) viene Esmirna, que significa «la amarga». Fue el tiempo de los mártires bajo el dominio de los crueles emperadores romanos (segundo siglo y comienzo del tercero). Entonces en los circos romanos, ante las fieras, los cristianos de Esmirna tuvieron la oportunidad de probar su amor por su Salvador al serle fieles hasta la muerte.

La Iglesia en el mundo – El mundo en la Iglesia

Durante el período de Esmirna, diez grandes persecuciones consecutivas no pudieron contra la fe cristiana. Al contrario, como lo escribió alguien,

la sangre de los mártires ha llegado a ser la simiente de la Iglesia.

Entonces Satanás empleó otra táctica, la que se ve en Pérgamo (v. 13). Lo que la violencia no pudo producir, la benevolencia de las autoridades lo hizo. Bajo el reinado del emperador Constantino, en el año 312, la adopción del cristianismo como religión del Estado –acontecimiento que muchos consideran como un gran éxito de la verdad– favoreció el relajamiento, el carácter mundano y la introducción de doctrinas extrañas (v. 14-15).

Pero en Tiatira, iglesia que subsiste hasta el final, el mal avanzó un paso más. Fueron las tinieblas de la Edad Media, comparadas aquí con el siniestro reinado de Acab, al cual su mujer Jezabel incitaba a hacer el mal (1 Reyes 21:25). La Iglesia se cansó de ser extranjera en este mundo y quiso reinar. Y ya conocemos el papel político que ella siempre deseó desempeñar. Pues bien, la dominación que esa iglesia de Tiatira buscó con tanta arrogancia está prometida a aquellos a quienes oprimió, torturó y quemó en las hogueras… pero que son los verdaderos vencedores. Ellos reinarán con Aquel que viene como la Estrella de la mañana.