Hebreos
Hebreos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

Un Hombre glorificado en el cielo

“Dios… nos ha hablado por el Hijo… Por tanto,” –prosigue el capítulo 2– “es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído”. Ya sobre el santo monte, una voz del cielo había mandado solemnemente a los tres discípulos que ya no escucharan a Moisés o a Elías, sino al Hijo amado.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo
(Mateo 17:5-8).

Nosotros también, por la fe, “vemos… a Jesús” (v. 9). El capítulo 1 nos lo presenta bajo sus títulos divinos de Creador y Primogénito. Aquí aparece como el Hombre glorificado y vencedor de la muerte. En el capítulo 1 todos los ángeles le rinden culto; en el capítulo 2 Jesús ha sido hecho un poco menor que ellos a causa de esa muerte cuyo sabor infinitamente amargo tuvo que conocer (v. 9). Pero el Salmo 8, citado aquí, nos revela en su conjunto el propósito de Dios respecto de “Jesucristo hombre”. Una corona de gloria y de honra ciñe su frente; el dominio universal le pertenece por derecho y pronto todo se doblegará bajo su ley. Pero el lugar ocupado por “el autor de nuestra salvación” proclama ya la excelencia de esa salvación. ¿Cómo escaparemos nosotros si la “descuidamos”? (cap. 10:29). Fijémonos bien que basta ser descuidado y postergar para más tarde… Sí, apresurémonos a asir “una salvación tan grande”.

Razón por la que se hizo hombre

A Dios le convenía perfeccionar “por aflicciones” al autor de nuestra salvación (v. 10). “Quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento”, dice también Isaías (cap. 53:10). ¿Y con qué objetivo? Para llevar a “muchos hijos a la gloria”. “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje”, agrega el profeta. Esos hijos que Dios ha dado a Cristo para que sean sus compañeros en la gloria son sus amados redimidos.

No se avergüenza de llamarlos hermanos (v. 11).

Pero, para poder tomar su causa, debía ser hecho semejante a ellos y llegar a ser verdaderamente hombre (v. 14). Este capítulo nos da varios motivos infinitamente preciosos de ese gran misterio:

– Jesús vino con nuestra naturaleza para glorificar a Dios como hombre y permitirle realizar sus propósitos respecto al hombre.

– Tomó un cuerpo para poder morir y así obtener la victoria sobre el que tenía el imperio de la muerte, y eso en su propia fortaleza.

– Finalmente, Jesús se vistió de nuestra humanidad para entrar perfectamente en nuestras aflicciones y comprenderlas con un corazón humano. Su propia experiencia del sufrimiento le permite simpatizar plenamente con nuestras pruebas como un sacerdote fiel y misericordioso. ¡Qué consuelo para todos los afligidos!