Hebreos
Hebreos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 3

Superior a Moisés – Una advertencia

La epístola a los Hebreos ha sido llamada “la epístola de los cielos abiertos”. ¿Y a quién contemplamos en los cielos? A Jesús, a la vez apóstol, es decir, portavoz de Dios ante los hombres y sumo sacerdote, el portavoz de los hombres ante Dios.

Al escribir a los cristianos hebreos, el autor muestra, apoyándose en la historia del pueblo, cómo Jesús reúne y supera en su persona las glorias que veneraban los judíos: la de Moisés (cap. 3), la de Josué (cap. 4), la de Aarón (cap. 5)… Pero no podemos aprender a conocer al Señor sin descubrir al mismo tiempo la perversidad del corazón natural. Dios lo llama un “corazón malo de incredulidad” y nos recuerda que en él está el origen de nuestras miserias. “Siempre andan vagando en su corazón”, declara el versículo 10 (comp. Marcos 7:21).

Por esa razón, quienquiera que oiga la voz del Señor (¿y quién se atrevería a decir que nunca la ha oído?) está solemne y triplemente invitado a no endurecer su corazón:

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones 
(v. 7, 15; cap. 4:7).

Generalmente limitamos esta exhortación al Evangelio de la cruz. Pero nosotros, que somos creyentes, ¿no tenemos cada día la oportunidad de oír la voz del Señor en su Palabra? ¡Que seamos guardados de toda forma de endurecimiento, cualesquiera sean las exigencias de su Palabra para con nosotros hoy!

El reposo de Dios

El reposo de Dios en el séptimo día, después de la obra de la creación, pronto fue turbado por el pecado del hombre. Y desde entonces, “hasta ahora” (Juan 5:17), no ha cesado el trabajo que el Padre y el Hijo realizan conjuntamente para la redención. Mas aquí aprendemos esto:

1° Dios siempre tiene en vista Su reposo.

2° Este está por venir y no se confunde con el establecimiento del pueblo en Canaán bajo la conducción de Josué. Israel gozará del reposo terrenal en el milenio, y la Iglesia en la gloria celestial.

3° Si bien Dios quiere compartir su reposo con su criatura, no todos entrarán en él.

Como otrora en el desierto, la “incredulidad” (cap. 3:19) y la “desobediencia” (cap. 4:6) cierran el acceso a la promesa. Juan 3:36 nos muestra, además, que el que desobedece está en la misma situación que el que no cree, porque hacer la obra de Dios es creer “en el que él ha enviado” (Juan 6:29). Por desdicha, esto ocurrió con Israel como con las multitudes de hoy: “No les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (v. 2; leer Romanos 10:17).

De modo que la obediencia al Señor es la que nos permite entrar ahora en el trabajo de su gracia y nos prepara para compartir mañana el reposo de su amor (véase Sofonías 3:17).