Hebreos
Hebreos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 13

Fe y amor en acción – Salir a Él

El amor fraternal puede ejercerse bajo muchas formas: la hospitalidad que se vuelve provechosa para el que la practica (v. 2), la simpatía que se identifica con los que sufren (v. 3; cap. 10:34) y la beneficencia de la que Dios mismo se agrada (v. 16).

La avaricia, por desdicha, también tiene varias caras. Se puede amar al dinero que uno posee, pero también al que se desea tener. Sepamos contentarnos con lo que tenemos actualmente. Y para las necesidades o los peligros de mañana, apoyémonos “confiadamente” en la fidelidad del Señor (v. 6; Mateo 6:31-34). El que es nuestro ayudador no podría cambiar. “Tú eres el mismo”, proclamaba el versículo 12 del capítulo 1. El versículo 8 de nuestro capítulo completa esa afirmación con otra de un insondable alcance: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Si él nos basta, las “doctrinas diversas y extrañas” no hallarán asidero en nosotros (v. 9). Así estaremos listos para salir del campamento religioso formalista (véase Éxodo 33:7) a fin de ir solo hacia Jesús, al lugar en el que su presencia está prometida. Él ofreció el supremo sacrificio. Nuestro privilegio es ofrecer a Dios, en cambio, no solo el culto del domingo, sino un incesante sacrificio de alabanza, ese fruto de nuestros labios que madura primero en nuestro corazón (Salmo 45:1).

Mirar solo a Él

En tiempos pasados tuvimos fieles conductores o “pastores” . Veneremos su memoria, imitemos su fe… y leamos sus escritos (v. 7). Pero Dios nos los da hoy también (v. 17, 24). ¿Cuál es nuestro deber hacia ellos? Obedecerles, orar por ellos (v. 18), actuar de modo que puedan cumplir su servicio con gozo –ya que velan por nuestras almas– e igualmente soportar “la palabra de exhortación” cuando nos es dirigida por su medio (v. 22). No obstante, que la personalidad de ningún obrero del Señor nos haga perder de vista al “gran Pastor de las ovejas”. Solo él dio su vida por ellas y ahora las lleva con él fuera del campamento de la religión humana (Éxodo 33:7).

De ahí en adelante, todos los creyentes constituyen un único rebaño, a la cabeza del cual se halla un único “Pastor” (Juan 10:4, 16). A lo largo de esta epístola, los elementos del judaísmo han sido quitados uno tras otro y reemplazados por las gloriosas verdades cristianas. Todas se hallan resumidas en Jesucristo. Finalmente, ésta es la obra que Dios cumple en nosotros (v. 21): nos libera de toda atadura, nos despoja de las formas para apegarnos a su Hijo resucitado y glorificado. Mientras aguardamos su próxima aparición, que esta epístola nos haya enseñado a poner los ojos en él, ya ahora por la fe (véase cap. 12:2).