Capítulo 5
La virtud educativa de la prueba
El tema principal que los tres amigos van a desarrollar de distintas maneras en sus discursos es el siguiente: Dios es justo. No habría herido a Job de esa manera si este no lo hubiese merecido. Todas sus pruebas son un castigo, un juicio. ¡Que confiese sus pecados y será restaurado! Pero, mediante el comienzo de ese relato, sabemos que Job no había incurrido en ninguna falta en especial. Dios mismo había dicho a Satanás: “Tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa” (cap. 2:3). Era, pues, equivocado considerar su prueba como un castigo. Mas, con excepción de esta última palabra, los versículos 17 y 18 son un maravilloso resumen de toda su historia. Comparémoslos con Proverbios 3:11-12 citado en la epístola a los Hebreos 12:5-6: “No menosprecies, hijo mio, el castigo del Señor, ni te fatigues de su corrección; porque el Señor al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”.
En efecto, Dios tenía algo que reprender y enderezar en su siervo: era, como tendremos la oportunidad de verlo, un espíritu de propia justicia. Dios había hecho la herida, pero también iba a curarla para felicidad de Job.
¡Aquel a quien el Señor ama! ¡Qué extraordinario consuelo! La tempestad que Satanás desencadena es, finalmente, para el creyente, una prueba del amor divino.
