Capítulo 19
Pensar que Dios está contra nosotros – Soledad del que sufre
“¿Cuándo?” había preguntado Bildad (cap. 18:2). “¿Hasta cuándo?” replica Job, cuyo tono se enardece. En efecto, no hay motivo para que termine ese diálogo de sordos en el cual cada uno prosigue con su idea. «Job cree que Dios está en contra de él sin razón; sus amigos, en cambio, piensan que Dios está en contra de él con razón. A la verdad todos se equivocan. Dios está a favor de Job» (A. G.).
Luego, la queja del afligido se vuelve desgarradora (véase Lamentaciones 3:1). Nosotros, quienes en gran parte estamos rodeados del afecto y de la comprensión de los nuestros –y ¡qué decir de la del Amigo supremo!– pensemos de qué manera Job debió de sentirse en semejante trance de dolor sin poder abrir su corazón a nadie (Salmo 69:20). Los versículos 13 a 19 nos dan un patético eco de ese sentimiento de total soledad, tanto más grande cuanto Job piensa que Dios está contra él: “Hizo arder contra mí su furor” declara él (v. 11). ¡No, Job! La cólera de Dios que tú y yo habíamos merecido castigó a Otro en nuestro lugar. Los que pertenecen a Jesús nunca la conocerán.
Teniendo delante de Él el desamparo de Dios, Cristo no pudo confiar su dolor a nadie. Fue incomprendido por todos y abandonado por los suyos (Marcos 14:37, 50). En medio de un sufrimiento que nunca fue igualado, nunca nadie se halló tan solo como Él.
La esperanza gloriosa de todo redimido
La vehemencia del pobre Job contrasta con las frías sentencias de sus tres compañeros. Estos no podían ofrecerle ningún socorro en su dolor, pero descubrimos que Job poseía un punto de apoyo inquebrantable: su fe en un Redentor vivo. Los notables versículos 25 a 27 nos lo enseñan: Job, como los patriarcas, había recibido una revelación divina respecto de la resurrección: “En mi carne he de ver a Dios” (comp. Salmo 17:15).
¡Cuánto más sabemos que ellos, según la plena luz del Nuevo Testamento! (en particular en 1 Corintios 15). A pesar de esto, muchos hijos de Dios no van más allá de la cruz en la que contemplan a un Salvador muerto por sus pecados. Por cierto, es una verdad inestimable, pero ¿saben ustedes, mis queridos amigos, que su Redentor vive ahora? (v. 25; Apocalipsis 1:18).
Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros
(Romanos 8:34).
A esas notables palabras de fe que el Espíritu de Dios ha dictado a Job, Zofar responde con su propia inteligencia (Job 20:2). Volviendo a tomar el tema de Elifaz y de Bildad (cap. 15:20-35; 18:5-21), se extiende largamente sobre la muerte que aguarda a los malos, atacando así indirectamente y sin compasión a su amigo (ver Proverbios 12:18).
