Capítulo 1
Job, su piedad, su puesta a prueba
El libro de Job es completamente diferente de los que lo preceden. Primeramente es un libro poético, por lo menos en su mayor parte. En segundo lugar, es muy antiguo. Finalmente, sus personajes son escogidos fuera del pueblo de Israel. Estos dos últimos caracteres subrayan cuán importante es la instrucción de ese libro! Tan antigua como la historia del hombre, esta lección concierne no solamente a la familia de Abraham, sino a toda criatura. Pidamos a Dios que nos la enseñe al mismo tiempo que a Job.
«No era útil hacernos un largo relato de la prosperidad de Job; el Espíritu Santo, en cambio, nos da a conocer detalladamente todo lo que sucedió durante sus pruebas. Valía la pena contarlo, pues a los hijos de Dios les será provechoso hasta el final de los tiempos» (J. N. D.).
Los cinco primeros versículos nos muestran quién es ese hombre, lo que posee y lo que hace por los suyos. Los siguientes nos revelan lo que acontece en el cielo en relación con él. El temible Acusador (Satanás) entra en escena (Apocalipsis 12:10). Pero notemos dos cosas tranquilizadoras: 1) Dios es quien emprende primero la acción; 2) El permiso que Él concede a Satanás es rigurosamente limitado. Finalmente, no olvidemos la preciosa pregunta:
¿Quién acusará a los escogidos de Dios?
(Romanos 8:33)
ni tampoco el versículo 28 del mismo capítulo. Vamos a ver cómo “todas las cosas” (las pruebas después de la prosperidad) van a ayudar juntamente a bien al que teme a Dios.
Primera tragedia y reacción de Job
Hasta aquí, Dios había cercado a su siervo Job con un vallado protector (v. 10). Una invisible barrera protege a los creyentes de los ataques de fuera y al mismo tiempo de su propia tendencia a dejar el lugar de la bendición. Por ejemplo, los hijos de padres creyentes son guardados por medio de la enseñanza recibida en casa y en las reuniones. ¡No derrumben deliberadamente ese vallado! (Eclesiastés 10:8).
Satanás ha obtenido el permiso para obrar (véase Lucas 22:31). Elige el día favorable y, con un apresuramiento que recalca su odio, hiere al desdichado Job con cuatro golpes de progresiva intensidad. En un instante, nuestro patriarca, sin haber tenido el tiempo de recuperarse (Job 9:18), se ve despojado de toda su prosperidad y privado de sus diez hijos. De pie, en medio de esas ruinas, no se altera. Muestra así que su confianza no descansaba en los bienes recibidos sino en Aquel que se los había dado. El diablo trabajó en vano. “¿Acaso teme Job a Dios de balde?” había preguntado él (v. 9). Job responde mostrando que, aun cuando no tiene nada más, por gracia continúa temiendo a Dios.
Satanás había afirmado: “Verás si no blasfema contra ti” (v. 11). “Sea el nombre de Jehová bendito” exclama Job cuando se le quita todo (v. 21). Pone en práctica la exhortación particularmente difícil de llevar a cabo:
Dad gracias en todo
(1 Tesalonicenses 5:18).
