Job
Job

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 33

¡Finalmente alguien habla de parte de Dios!

Dos veces ya, Job había reclamado la intervención de un árbitro (o mediador)… (cap. 9:33; 16:21), ¡deseo que se cumple! Eliú va a ser para él el intérprete de los pensamientos de Dios. Este papel –Job lo había comprendido– solo podía ser cumplido por un hombre como él (cap. 9:32). “Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho; de barro fui yo también formado” (Job 33:6), responde Eliú. La Palabra nos enseña que hay

Un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…
(1 Timoteo 2:5).

¡Profundo misterio de la humanidad del Señor, sin la cual tampoco habría podido hacerse el intérprete del hombre ante Dios!

“En una o en dos maneras habla Dios…” (v. 14). Después de haber hablado por medio de los profetas, Dios habló por el Hijo. ¡Qué atención hubiera tenido que prestar el mundo a semejante lenguaje! (Hebreos 1:1-2; 2:1). No obstante, nuestro versículo 14 prosigue así: “…pero el hombre no entiende” (o considera). Sí, ¡tan grande es la indiferencia y la dureza del corazón del ser humano! Por eso la misma epístola advierte solemnemente: “Mirad que no desechéis… al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12:25). Por medio de una breve sentencia, Eliú pone a un lado todos los razonamientos: “Mayor es Dios que el hombre” (Job 33:12). Y no tiene que dar cuentas a este último (v. 13).

La manera en que Dios habla a los hombres

Los versículos 23 y 24 dirigen una vez más nuestras miradas hacia Jesús, el Intérprete por excelencia, el Mensajero del amor divino. Vino para mostrar al hombre pecador el camino de la rectitud (o de su deber) o, dicho de otro modo, para llevarle a reconocer su estado y a juzgarse a la divina luz. La vida de Cristo aquí abajo tiene además este propósito: manifestar por contraste el verdadero estado del hombre. Para que Dios le perdone, un rescate era necesario. ¡Y ha sido hallado! Es la muerte de Cristo. Por medio de ella, somos liberados del hoyo de la destrucción. ¿Es todo? No; los versículos 25 y 26 sugieren la nueva vida, la comunión, el gozo y la justicia que son nuestra parte. Dios “nos hizo aceptos” (Efesios 1:6); todo esto como consecuencia de la resurrección de Cristo nuestro Mediador, y de su actual presencia en la gloria. Finalmente, en los versículos 27 y 28 hallamos el testimonio que somos llamados a rendir ante los hombres respecto de lo que Dios ha hecho por nosotros. ¡No lo olvidemos!

En el capítulo 34, Eliú está obligado a hablar de una manera severa. Al justificarse, Job había acusado a Dios de injusticia (cap. 32:2). ¡Era más grave de lo que él pensaba! En esto se había asociado con los incrédulos y los malos, y debía ser reprendido duramente (Romanos 9:14).