Job
Job

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 10

Job sin recursos ante la mirada de Dios

“¿Te parece bien que oprimas?”. Tal es la pregunta que, en su amargura, Job quisiera hacerle a Dios (v. 3). La Palabra le responde con un versículo que no debemos olvidar en nuestras pruebas:

Dios no aflige de su agrado  ni contrista a los hijos de los hombres
(Lamentaciones 3:33, V. M.).

Con mayor motivo cuando se trata de Sus hijos.

Como Job lo hace en lode su agrado s versículos 8 a 12, David se maravilla en el Salmo 139 (v. 14-16) de la manera como fue creado. Y la conclusión es la misma: Él que así me ha formado y tejido “con huesos y nervios” me conoce hasta el fondo del alma. ¿Cómo sería posible esconderle lo que sea? La luz de Dios, sus ojos que escudriñan el pecado, esto es lo que disgusta a Job (Job 10:6; 13:9) y le hace desear las tinieblas de “sombra de muerte” (v. 22). Se siente ante Dios como una presa cazada por un león (v. 16). De igual manera el autor del Salmo 139 primeramente busca en vano resguardarse de las miradas de Dios. Pero al final, por el contrario, llega a desear ser sondeado y conocido por Él. ¡Qué progreso cuando hemos llegado a esto! ¿No tememos a veces la divina luz?

“Tu cuidado guardó mi espíritu”, reconoce Job (v. 12). Si hubieran faltado esos cuidados, ¿quién sabe hasta dónde se hubiese hundido? ¿Quizás hasta maldecir a Dios o quitarse la vida? (cap. 2:9). ¡Ojalá sepamos hasta qué punto nuestro espíritu –tan pronto excitado como abatido– necesita ser guardado por el Señor!