Job
Job

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 9

¿Un Dios despiadado?

Bildad ha subrayado la inflexible justicia de Dios. Job no puede sino estar de acuerdo con él. Pero entonces suscita la gran pregunta: “¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?” (v. 2). ¡Ella ha atormentado a muchos sabios y pensadores desde los orígenes del mundo! La respuesta no se halla en los razonamientos y las filosofías de los hombres, ni aun en las poderosas obras del Creador, de las cuales Job da aquí algunos ejemplos. ¡Solo en la Palabra de Dios la hallamos! Después de haber establecido que “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10), ella anuncia la maravillosa nueva: somos

Justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús
(Romanos 3:24)
.

Y al mismo tiempo: “El hombre es justificado por la fe…” (Romanos 3:28; véase también Tito 3:7; 1 Corintios 6:11; Gálatas 3:24).

A partir del versículo 15, Job expresa su total impotencia. Entre Dios y él, la lucha es desigual. Él se considera quebrantado por un juez despiadado que aumenta sus heridas “sin causa” (v. 15-17). ¡Tristes pensamientos para un creyente!

Nosotros poseemos un tierno Padre en Jesús. ¡Ojalá ninguna circunstancia nos lo haga olvidar!

La brevedad de la vida

En el versículo 6 del capítulo 7, Job había comparado sus días a la lanzadera del tejedor, la que pasa y vuelve a pasar a través de los hilos conductores de su existencia. Aquí emplea la imagen de un correo, luego la de barcas ligeras llevadas por la corriente rápida y por fin la de un águila que cae sobre su presa (véase también Santiago 4:14; Salmo 39:5). Aunque los jóvenes apenas se den cuenta de ello, el testimonio de todos los ancianos es unánime: en realidad, la vida pasa velozmente. Además, no tenemos más que una para vivir.

No, no es posible retener esos días que se escapan para siempre. En cambio, la manera en que los llenemos puede darles un valor eterno. Empleado para el mundo, el tiempo se malgasta en vanidades engañosas. Pero si son utilizados para el Señor, los cortos momentos durante los cuales estamos en la tierra pueden llevar un fruto que permanece. Jesús dijo:

Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca
(Juan 15:16).

Finalmente, unas palabras para aquellos de nuestros lectores que todavía no pertenecerían al Señor: esta rápida huida de los días incita a muchas personas a gozar de la vida. «De la hora fugitiva, apresurémonos a gozar; para el hombre no hay puerto, el tiempo no tiene orilla…» ha dicho un poeta. ¡Mentira! Hay una orilla (Marcos 4:35, V. M.), existe un puerto (Salmo 107:30). ¡No tarde usted en refugiarse en él!