Capítulo 4
Burlas y amenazas del enemigo
Mientras se reparaban los muros, los enemigos montaban en cólera contra Judá. Sanbalat, su portavoz, se irrita y se burla al mismo tiempo. Somos especialmente sensibles a la burla. El mundo no deja de poner en ridículo la separación de los creyentes, la debilidad de sus reuniones… No nos dejemos turbar por sus reflexiones. En lugar de responder, Nehemías se dirige a su Dios: “Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio…” (v. 4); y no toma en cuenta sus amenazas. “Edificamos, pues…” concluye el hombre de Dios (v. 6).
Entonces el enemigo se prepara para la guerra abierta y el desaliento amenaza a los hombres de Judá. Miran su propia debilidad (v. 10). Eso es estar de acuerdo con el enemigo, quien había menospreciado a “estos débiles judíos” (v. 2). Consideran el peso de las cargas, el volumen de los escombros… Sin embargo, hay quienes, con Nehemías, conocen el doble recurso (v. 9). Este es, al mismo tiempo, una orden del Señor:
Velad y orad
(Mateo 26:41; 1 Pedro 4:7).
La oración ha de ser nuestra primera respuesta a los esfuerzos del adversario. No obstante, no nos exime de la vigilancia. Por eso Nehemías toma diversas disposiciones para asegurar la vigilancia y la custodia del pueblo durante el fin de trabajo.
Servir y luchar – Falta de afecto fraternal
Al final del capítulo 4 vienen a agregarse, a las dificultades y al cansancio de la construcción, las del combate. Y, en efecto, el creyente no solo es obrero sino también soldado. Se parece al miliciano de Nehemías, quien tenía su herramienta en una mano y en la otra su arma (la cual es la Palabra de Dios: Efesios 6:17). No tiene el derecho de dejar la una ni de deponer la otra.
Después del hermoso celo al que hemos asistido, el capítulo 5 nos trae una penosa sorpresa. Esos judíos que habían «escapado», quienes antes de la venida de Nehemías estaban en una gran miseria (cap. 1:3), ahora se hallan en una situación peor todavía. Tuvieron que empeñar lo que poseían y, a veces, entregar sus hijos en servidumbre para poder pagar sus impuestos y no morirse de hambre. Además, los que los redujeron a ese estado no son enemigos. Son sus propios hermanos, quienes transgredieron la ley: (Éxodo 22:25; Levítico 25:39-43; Deuteronomio 15:11; 23:19-20).
¿Dónde estamos en el plano del amor fraterno? Sin él el más hermoso servicio cristiano no tiene valor (1 Corintios 13:1-3). Llevemos a cabo lo que dice el apóstol Santiago (cap. 2:15-16). Sí, examinemos bien nuestro corazón a ese respecto. ¡Y también nuestro comportamiento!
