Nehemías
Nehemías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 13

A su regreso, Nehemías interviene severamente

Nehemías había sido obligado a volver junto al rey. Tobías, el enemigo muy conocido, aprovechando su ausencia, había conseguido hacerse asignar una de las cámaras contiguas a la casa de Jehová, gracias a la complicidad de uno de los sacerdotes. Este no era otro que Eliasib, quien ya se había mostrado tan negligente en el momento de la construcción del muro. Y los porteros, los varones que en el capítulo precedente habían sido “puestos… sobre las cámaras de los tesoros” (cap. 12:44), tampoco habían guardado lo que su Dios les había dado para guardar.

Al volver, Nehemías, presa de la indignación, arroja él mismo todos los muebles de Tobías fuera de la cámara. Luego hace limpiar las cámaras y volver allí los utensilios y las ofrendas (comp. Mateo 21:12-13). ¡A veces nuestros corazones son como esas cámaras en que el mundo pone sus cosas en el lugar de lo que pertenecía a Dios y servía como ofrendas!

Esa primera negligencia había acarreado otras, y Nehemías debe todavía preocuparse por las porciones de los levitas, así como por la vigilancia y la repartición de los diezmos traídos por el pueblo.

Entristecido, recuerda las verdades divinas

Pese al compromiso que el pueblo había contraído (cap. 10:31), el reposo del sábado ya no era respetado. Nehemías toma las más enérgicas medidas para remediar esa situación.

Queridos hijos de Dios, ¿no deberíamos darle por lo menos tanta importancia al día del Señor como Israel a su sábado? Por cierto, no estamos bajo la ley. Pero es triste que el domingo pueda ser considerado por algunos cristianos como un simple día de reposo o de ocio. ¡O que sea empleado para un trabajo escolar que se podría haber terminado en la víspera!

Por contraste, ¿en qué nos hacen pensar esas puertas que era necesario cerrar durante la noche para protegerse de los peligros del mundo exterior? ¿No nos dirigen una vez más hacia la santa ciudad de la cual está dicho:

Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche… No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira?
(Apocalipsis 21:25, 27).

Ahora la cortina de la historia cae sobre Israel. Solo se levantará cuatro siglos más tarde (exactamente cuatrocientos cuarenta años) para dar paso a su Libertador y Mesías en la primera página del Nuevo Testamento.