Nehemías
Nehemías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

Tristeza, fe, oración, liberación

Mientras los hijos de Judá estaban en la miseria y el oprobio, Nehemías ocupaba en la corte uno de los más honorables puestos: el de copero del rey. Habría podido conservar egoístamente esa ventajosa colocación. O aun justificarla, diciéndose: «Ya que tengo la confianza del rey, junto a él seré más útil a mi pueblo. Dios me colocó aquí con este fin».

Pero Nehemías no razona así. Su corazón, como el de Moisés en otros tiempos, le lleva a visitar a sus hermanos, los hijos de Israel (Hechos 7:23). Y antes que gozar de los deleites temporales del palacio real, él escoge "ser maltratado con el pueblo de Dios" (Hebreos 11:25).

Note que su conversación con Artajerjes no solo es precedida sino también acompañada por la oración (Nehemías 1:1; 2:5). Entre la pregunta del rey y su propia respuesta, Nehemías halla el tiempo de dirigirse a Dios en su corazón. Se ha llamado a esto una «oración flecha». ¡Imitemos a menudo ese ejemplo! Y como ese servidor (de Jehová antes que del rey) veremos la buena mano de Dios descansar sobre nosotros y sobre lo que hagamos.

Nehemías ve la magnitud del trabajo requerido

Nehemías llega a Jerusalén provisto de las cartas del rey. Empieza por hacer la inspección de los muros, o más bien de lo que queda de ellos. Su hermano le había hablado de esto (cap. 1:2-3), pero él desea darse cuenta por sí mismo de la amplitud de los daños. ¡Grande es su consternación ante ese espectáculo, al cual los habitantes de Jerusalén, por su parte, se habían acostumbrado! Creyentes, ciertamente también corremos el peligro de volvernos indiferentes acerca del estado de ruina en el cual se halla hoy la Iglesia responsable. Ningún muro la protege ya contra la invasión del mundo. Y tal estado le conviene perfectamente a sus enemigos.

En tiempos de Zorobabel y Esdras, para Israel esos enemigos se llamaban: Bislam, Tabeel… luego Tatnai, Setar-boznai y sus colegas. En el de Nehemías se trata de Sanbalat, Tobías y Gesem. El diablo se sirve de diversos instrumentos. Renueva su «personal». Pero su meta siempre es la misma: mantener al pueblo de Dios en la humillación y la servidumbre.

Nehemías sabe arreglárselas para exhortar a los hombres de Jerusalén. Su nombre significa: Jehová consoló. Obtiene esta alegre y alentadora respuesta:

Levantémonos y edifiquemos  (v. 18).