Capítulo 8
Lectura respetuosa, seguida con atención
Para la hermosa escena que ocupa este capítulo, Nehemías cedió el lugar principal a Esdras, el sacerdote. Sabemos que este era “escriba diligente en la ley de Moisés” y que hacía mucho que “había preparado su corazón… para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esdras 7:6, 10). ¡Feliz deseo que halla la ocasión de cumplirse cuando el pueblo se lo pide! Se trata de la lectura clara y de la explicación de la Palabra de Dios. Al abrirla, Esdras no deja de bendecir a Jehová, quien dio esta Palabra, lo mismo que hoy se empieza por dar gracias cuando la Biblia va a ser leída y meditada en una asamblea. En cuanto a los asistentes, no basta que tengan inteligencia (Nehemías 8:3); también es necesario que estén atentos. ¿Lo estamos siempre durante las reuniones o la lectura en familia? Comprender la Palabra es el medio para que uno mismo sea alimentado y se vea regocijado por la comunión con el Señor (v. 12). Pero pensemos también en “obsequiar porciones”, es decir, hagamos participar a tal o cual ausente de lo que nos fue provechoso.
Finalmente, subrayemos este magnífico versículo:
El gozo de Jehová es vuestra fuerza
(fin del v. 10; comp. Salmo 28:7).
Y sobre todo, ¡sea esta nuestra experiencia!
Una fiesta olvidada
Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía… dice Jehová
(Isaías 55:11).
Esta promesa se cumple aquí. Según la divina instrucción, bajo la conducción de sus jefes, el pueblo celebra la fiesta de los tabernáculos con más brillo todavía que en los más hermosos días de Salomón. Demasiado ocupados con el presente reposo, los israelitas habían olvidado el que está por venir, y ese peligro nos asecha también. Ahora que la flaqueza y la ruina son tan evidentes, los ojos se dirigen más fácilmente hacia los gozos del reino futuro, y el carácter de extranjeros (la habitación en los tabernáculos o tiendas) es realizado mejor.
Al principio del capítulo 9, la escena cambia por completo. Los hijos de Israel vuelven a reunirse el día fijado. Esta vez, la finalidad de la reunión es la confesión de los pecados. ¿Hay también, en nuestra vida de creyentes, momentos particulares en que hemos de hacer el balance de nuestras faltas y humillarnos por ellos? Algunos piensan que hay motivos para practicar esa puesta en orden cada sábado a la noche; otros, al final de cada día. Ni los unos ni los otros tienen razón. El juicio de nosotros mismos es una acción continua. Hemos de practicarlo cada vez que el Espíritu Santo nos hace conscientes de un pecado.
