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El arca en Sion, capítulo 6
No basta que la sede de la realeza de David –o de Cristo– sea colocada en Sion, en el monte de la gracia. Dios mismo quiere morar allí para siempre con su rey (véase Apocalipsis 22:1, 3). Por eso David está enteramente en la corriente de los pensamientos de Dios, cuando va a buscar el arca para volverla a traer a Jerusalén.
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El candelero - Éxodo 25:31-40; 27:20-21; Levítico 24:1-4; Números 8:1-4
Contrariamente a los otros objetos del tabernáculo hechos de madera de acacia recubierta de oro, el candelero era totalmente de oro puro, forjado en una sola pieza. Él nos habla de lo que es esencialmente divino. Era de oro batido (“labrado a martillo”), recordando que aquel a quien representa –Cristo– pasó por el sufrimiento.
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El cántico de la liberación, capítulo 22
Llegamos aquí a la liberación definitiva de David. Todos su enemigos, de los cuales Saúl formaba parte (v. 1), han desaparecido. Este cántico que tendría lugar, históricamente, al principio del capítulo 7 (v. 1), se coloca aquí, porque el último de los adversarios de David y de su pueblo acaba de ser aniquilado (cap.
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El cinturón (Éxodo 28:4 y 8)
El cinturón ceñía el efod. Era de “obra primorosa” (Éxodo 28:8), subrayando que el servicio del Señor será perfectamente y para siempre cumplido con la fuerza de los lomos ceñidos. Como en otro tiempo en la tierra, Él no se cansa y no se fatiga. Vive siempre para interceder por nosotros.
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El conductor
En el momento en que empezaba esa nueva etapa de la historia de Israel, Josué fue llamado a tomar la conducción del pueblo. Este hombre digno de nuestra atención aparece por primera vez en Éxodo 17, en ocasión al combate contra Amalec; en esta oportunidad, su aparición como jefe de los ejércitos de Israel nos da la clave de su carácter típico.
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El efod (Éxodo 28:5-14)
El efod era la vestidura sacerdotal por excelencia. Como el velo, estaba tejido con azul, púrpura, carmesí (o escarlata) y lino fino, a lo que se añadía oro: “Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa” (Éxodo 39:3).
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El gobierno de Dios - Og, rey de Basán
Moisés continuó: “Volvimos, pues, y subimos camino de Basán, y nos salió al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei. Y me dijo Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo, que habitaba en Hesbón.
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El manto de azul (Éxodo 28:31-35)
Cristo no es nuestro sacerdote en la tierra (Hebreos 8:4), sino en el cielo. Eso es lo que nos recuerda este manto enteramente de azul llevado bajo el efod. Todo en su oficio nos atrae hacia el cielo, donde se cumple actualmente su servicio (Hebreos 9:24).
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El propiciatorio - Éxodo 25:17-21
El arca era un cofre y tenía una tapa llamada propiciatorio. El término hebreo traducido por propiciatorio deriva de “cubrir o cubierta”.
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El servicio, capítulo 17
El rey, como lo hemos visto, había devuelto a Sadoc, a Abiatar y a Husai a Jerusalén, para emplearles en su servicio. Las demostraciones de abnegación no bastan, por preciosas que sean al corazón del amo, y no son sino el preludio del servicio.
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El velo - Éxodo 26:31-35
Según Hebreos 10:20, el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo representa a Cristo venido en carne.
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Hanún, capítulo 10
La gracia de David no se dirige al remanente judío solamente. En el capítulo 10, se presenta a unos gentiles rebeldes. Moab y Amón, descendientes de Lot, formaban casi un solo pueblo, habiéndose sido siempre aliados, entre sí y con los enemigos de Israel, para perjudicar al pueblo de Dios.
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Hebrón, capítulo 2
Al mismo tiempo que pronuncia un lamento sobre Saúl y sobre Jonatán, David –lo hemos visto– tenía el propósito de enseñar a los hijos de Judá a servirse del arco. Hemos notado que el arco significa, para el creyente, la fuerza de Dios que solo se manifiesta en la dependencia. Al principio del capítulo 2, la conducta de David es la ilustración de esta verdad.
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Is-boset, capítulo 4
Este capítulo es el último de los que cuentan los preludios de la realeza de David. Satanás, el seductor, no se desanima en su obra malvada contra el ungido de Jehová y, rechazado una primera vez, no teme volver a la carga. En el capítulo 1 había ofrecido la corona a David por medio de un amalecita.
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Joab, capítulo 14
Hemos notado más arriba que el primer libro de Crónicas guarda silencio sobre los acontecimientos que nos ocupan. En nuestro relato, David no es figura de Cristo más que incidentalmente; representa más bien al remanente restaurado, que atraviesa la tribulación con la culpabilidad de la muerte del Justo.
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La caída, capítulo 11
Al leer este capítulo, un sentimiento de profunda humillación llena el corazón de todo hijo de Dios. Hace más de treinta siglos que ocurrieron estos hechos, pero treinta siglos transcurridos no impiden que Dios haya sido deshonrado por uno de sus siervos. El pecado puede haberse borrado, pero el ultraje hecho a Dios subsiste.
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La endecha de David, capítulo 1:17-27
“Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá” (v. 18). Es una enseñanza para ellos. Como testigos del desastre de Israel, debían saber cómo evitarlo ellos mismos en el porvenir. Saúl había sido por vencido por los arqueros (1 Samuel 31:3), cuando él mismo estaba privado de esta arma.
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La fortaleza de Sion, capítulo 5:1-10
Por espíritu de venganza contra Is-boset, Abner había recomendado a David a las once tribus: “Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos” (cap. 3:18).
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La fuente de bronce (Éxodo 30:17-21; 38:8)
La fuente de bronce, cuyas dimensiones no nos han sido dadas, estaba situada entre el altar de bronce y el tabernáculo. No servía para ofrecer sacrificios, sino para lavarse en ella, lo que Aarón y sus hijos debían hacer cada vez que entraban en el tabernáculo de reunión o se acercaban al altar para ofrecer un sacrificio.
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La gracias, capítulo 19:1-40
Joab reprende a David por su debilidad; ¡Joab exhortando a David! Pero ¿quién, pues, había traído este mal y arrancado las entrañas de este padre sino él solo? Sin duda, ello era según los caminos de Dios que daba libre curso al castigo anunciado (cap.
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La huida de David, capítulo 15
Si Joab, al mismo tiempo que coopera con David, no tiene ninguno de los móviles de este hombre de Dios, el carácter de Absalón es desde el principio el de un reprobado, hijo, moralmente, de Satanás quien es “homicida desde el principio”. Más tarde, les da rienda suelta a todos los malos instintos de su naturaleza para alcanzar su meta.
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La lepra en el vestido
El vestido o el cuero sugiere la idea de las circunstancias o de los hábitos de un hombre, punto de vista eminentemente práctico. Debemos estar en guardia contra el desarrollo del mal en nuestros caminos, e igualmente contra el mal en nosotros mismos. Vemos la misma investigación paciente tanto con un vestido como en el caso de una persona. No hay ninguna precipitación ni indiferencia.
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La mesa de los panes de la proposición - Éxodo 25:23-30; Levítico 24:5-9
La mesa, de pequeñas dimensiones (dos codos de largo, un codo de ancho y uno y medio de alto) era de madera de acacia (o de sittim), cubierta con una lámina de oro puro. Era, evidentemente, una figura de Cristo llevando a su pueblo ante Dios.
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La mitra y la lámina de oro (Éxodo 28:36-38)
Sobre la mitra (o tiara) de lino estaba colocada una lámina de oro puro, puesta con un cordón de azul, la cual tenía grabadas las palabras: “SANTIDAD A JEHOVÁ”. Los israelitas traían a Dios las ofrendas según sus instrucciones. ¿Por qué, pues, se nos habla de “la iniquidad de las cosas santas que santificaren los hijos de Israel, en todas sus santas dádivas”? (v.38, V. M.).
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