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Pláticas sencillas

La oveja perdida

Los religiosos y los jefes de los judíos habían despreciado la gracia, por lo tanto, ella busca a los pecadores. Este capítulo comienza con este tema: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (v. 1-2).

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La Palabra es el remedio

Para escapar de las sutilezas del enemigo, autor de todo lo que es antiescritural en la cristiandad, permanezcamos aferrados con toda sencillez a la Palabra de Dios. Ella nos ocupa de Cristo y no de nosotros mismos; no ofrece al cristiano ningún lugar en este mundo, sino el de testigo de un Salvador despreciado y rechazado.

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La Palabra escrita

Los judíos se jactaban de Moisés; esperaban en él, les dice Jesús; pero en el día del juicio será Moisés quien los acusará: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él” (v. 46).

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La parábola de la vid

En esta parábola Jesús presenta a los judíos toda la conducta de Israel desde su origen hasta el rechazo al Señor. En el Antiguo Testamento, varias veces Israel es comparado con una viña.

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La parábola de las diez vírgenes

He aquí una parábola del reino de los cielos, estado que existe mientras el rey es rechazado, pero en el cual le rinden testimonio aquellos que lo recibieron y lo conocen. El Señor presenta aquí una de las formas de este reino (ya vimos otras en el capítulo 13). Lo compara con diez vírgenes que salieron al encuentro del esposo.

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La parábola de los labradores de la viña

En esta parábola, Jesús presentó la manera en que Dios obró con su pueblo desde su origen, y los resultados que había obtenido. Aquí se destaca la culpabilidad de los labradores de la viña, los responsables del pueblo.

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La parábola de los talentos

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes” (v. 14). Este hombre es Cristo, que vino al mundo, a los suyos; no fue recibido, y tuvo que irse por un tiempo. Sabemos dónde se halla ahora.

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La parábola de los viñadores

En esta parábola, Jesús hace una exposición de la historia de Israel, responsable de llevar fruto para Dios. Israel se hallaba en una posición privilegiada para ello. Dios es comparado con un padre de familia que plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar y edificó una torre. Ya en el Antiguo Testamento, Israel se compara a una viña (Salmo 80:8-17; Isaías 5:1-7).

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La parábola del sembrador

Al principio de este capítulo vemos a Jesús saliendo de la casa y sentándose a la orilla del mar. El Espíritu de Dios nos comunica este hecho intencionadamente. La casa representa a Israel, ahora vacía porque Cristo fue rechazado. Luego el Señor se sentó en una barca y desde allí predicó a las multitudes reunidas.

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La parábola del sembrador

Puesto que el hombre natural es incapaz de hacer la voluntad de Dios, dicho en otras palabras, de dar fruto, Jesús indica en este capítulo cómo puede obtenerlo.

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La parábola del sembrador

En este evangelio, la parábola del sembrador es relatada en los mismos términos que en el de Marcos, pero no está seguida por las parábolas del reino como en Mateo.

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La pascua

El Señor todavía quería celebrar con los suyos esta pascua, la última, antes de cumplir en la cruz lo que ella representaba. Sorprendentemente, la crucifixión de Jesús tuvo lugar ese día, aunque los líderes judíos trataron de evitarlo por temor a la multitud. Las cosas suceden cuando Dios quiere; los hombres solo pueden ser instrumentos, a menudo inconscientes, para cumplir Su voluntad.

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La Pascua

El momento de preparar la pascua había llegado. Como Jesús no tenía una casa en la ciudad para celebrar esta ceremonia, en su divina sabiduría indicó a los suyos el lugar donde debían ir. A la entrada de Jerusalén encontrarían a un hombre que llevaba un cántaro de agua.

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La perla preciosa

También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

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La predicación de Juan el Bautista

He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.

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La predicación de Juan el Bautista

Cerca de treinta años habían transcurrido desde el nacimiento de Juan el Bautista. Tiberio había sucedido a Augusto como emperador.

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La predicación de Pedro

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”. Dios quiere realidades. No basta decir: “Tenemos a Abraham por padre” (Lucas 3:8); hace falta producir buenos frutos, como lo decía Juan el Bautista a los judíos.

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La predicación del evangelio del reino

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios.

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La pregunta acerca del tributo

Los sacerdotes y los escribas, implacables en su odio contra Jesús, querían a toda costa encontrarlo en alguna falta. Entonces enviaron espías para sorprenderlo en sus palabras y entregarlo a los magistrados romanos.

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La pregunta de Jesús concerniente a él

Llegó el turno de Jesús para probar a sus contradictores. Cuando estaba en el templo, preguntó: “¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo?” (v. 35-37).

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La pregunta referente al templo

Jesús salió del templo y se fue, cumpliendo lo que había dicho a los judíos en el versículo 38 del capítulo precedente: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta”. Lo dejó para no volver más. ¡Momento solemne para el pueblo, de haber podido comprenderlo!

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La pregunta sobre la resurrección

Cuando el Señor hubo silenciado a los sacerdotes y los escribas, les llegó el turno a los saduceos, razonadores incrédulos de aquel entonces, que negaban la resurrección. Ellos hicieron a Jesús una pregunta, aparentemente sutil como había sido la del tributo; pero con ella pusieron en evidencia su ignorancia e incredulidad.

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La pregunta tocante al Hijo de David

Jesús hizo una pregunta a quienes lo rodeaban, pero ninguno parecía tener una respuesta. Les dijo: “¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?” (v. 41-44; cita del Salmo 110:1).

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La presentación del Evangelio

Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

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