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Pentecostés

Pentecostés se ubica en el centro de las siete fiestas, es el desenlace de las tres primeras. En cierto sentido las fiestas habrían podido terminar allí si el Espíritu de Dios no hubiera tenido en vista la restauración futura de Israel, tipificada por las tres últimas. Asimismo, en la vida del creyente, la restauración a veces es tan necesaria.

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Prólogo

Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria.

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Aceptado para expiación suya

Aquel que se acercaba a la puerta del tabernáculo de reunión, consciente de no estar limpio en sí mismo para la presencia de Dios, estaba provisto de una ofrenda perfecta. En virtud de ella, se atrevía a acercarse para ser aceptado “delante de Jehová” (Levítico 1:3-4). Aquí no se trata de perdón de pecados ni de purificación.

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Bajo la acción del fuego

“Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Isaías 53:10). ¿Qué significan esas palabras? ¿Por qué Dios quiso quebrantarlo? Éstas son las profundidades inescrutables del misterio divino: Dios ha dado a su Hijo unigénito. Pero, además, Cristo debía ser manifestado perfecto en el sufrimiento.

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Confiar en Cristo es estar preparado

Ahora bien, cada creyente tiene, por fe en la obra cumplida por el Salvador –muerto por nuestros delitos y pecados, resucitado para nuestra justificación y glorificado en el cielo– lo que corresponde al «pasaje» de nuestro ejemplo; es decir, la indiscutible prueba de que su viaje al cielo está enteramente pagado, pues es cierto que la Escritura nos asegura que “en él (Cristo) es justificado tod

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Cristo, el único sin pecado

En efecto, los panes sin levadura nos hablan de Cristo, de su humanidad y de su vida perfecta. El apóstol Pablo dice: “No conoció pecado” (2 Corintios 5:21); Pedro afirma: “El cual no hizo pecado” (1 Pedro 2:22); y Juan subraya: “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

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Cristo estuvo aquí una vez

¿Cuál fue el resultado producido por semejante revelación? ¿Un cántico o la unánime elevación de alabanzas a Dios por cumplir finalmente su palabra, enviando al Mesías tanto tiempo esperado? ¿Irradiaba de gozo cada rostro? ¿Se estremecía de alegría cada corazón? ¡Al contrario! el cuadro que se nos presenta es muy distinto: “El rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él” (Mateo 2:3).

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Cristo para Dios

Ya para la pascua, hacía falta un cordero “sin defecto, macho de un año” (Éxodo 12:5).

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Cristo podría venir hoy

Pero es necesario recordar que lo anunciado sucederá después y no antes del arrebatamiento de la Iglesia, la Esposa celestial de Jesús. ¡Cuán a menudo olvidamos que él mismo viene pronto para reunir a su alrededor a aquellos a quienes rescató!

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Cristo prometió volver otra vez

¿Cuál es, entonces, esta nueva promesa? Si leemos atentamente el evangelio según Juan, capítulo 14, la hallaremos entre los primeros versículos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

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Cristo resucitado

Esta gavilla, primer fruto de la siega, es figura de Cristo resucitado, primicias de los que durmieron (1 Corintios 15:20). La gavilla era mecida delante de Dios para presentar así todos los aspectos de la resurrección. En efecto, qué momento glorioso cuando Cristo resucitado, alzado al cielo, entró en la presencia de Dios habiendo obtenido eterna redención.

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Cristo vino para cumplir las promesas de Dios

Cuando Dios envió a su Hijo a este mundo cumplió las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob.

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Cristo volverá como la estrella de la mañana – ¿por qué?

Puede ser que hoy sucedan cosas que nos indiquen que, según las palabras del profeta Malaquías, no está lejano el día en que “nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” para los hijos de Israel que temen a Jehová; mientras que, para los impíos, será “el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará,

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Cristo volverá por su Iglesia; después reinará sobre Israel y el mundo entero

Al volver, pues, al cielo, el Señor dejó sin realizar, sin cumplir dos series de bendiciones prometidas:

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¿Cuál era la ordenanza de la fiesta para los israelitas?

El primer día ellos debían tomar “ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos” (Levítico 23:40).

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Depender de cualquier otra cosa es estar perdido

Si estas páginas llegan hasta ti, que aún no tienes un corazón regenerado (aunque tal vez te hayas bautizado y lleves incluso el nombre de «cristiano»), quisiera llamarte la atención sobre el hecho de que la venida del Señor será repentina y serás dejado atrás si él te halla “sin aceite en tu vaso”.

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El andar de separación del rescatado

En Cristo, el creyente no tiene levadura (1 Corintios 5:7). Se trata de manifestarlo en la práctica, de andar no para volvernos santos, sino “como conviene a santos”, demostrar que realmente hemos “salido de Egipto”.

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El costo del sacrificio

En 1 Crónicas 21:24, David indica que no quiere ofrecer a Dios “holocausto que nada me cueste”. Los “sacrificios espirituales” que hoy ofrecemos ¿nos cuestan algo?

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El lado de Dios

Desde la caída, el pecado impide todo reposo al hombre, como lo dice el Señor Jesús: “Mi Padre… trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). No hay reposo sin la redención, sin la Pascua, figura de la obra perfectamente cumplida en la cruz.

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El lado del rescatado

Si bien es cierto que Dios hizo todo, que dio el cordero, también es cierto que, para ser salvo, todo hombre debe apropiarse personalmente de la obra de Cristo: “Tómese cada uno un cordero”. Tomar el cordero, guardarlo, inmolarlo, poner su sangre en la puerta y luego permanecer dentro de la casa era responsabilidad de la familia.

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El octavo día, anticipo del cielo

Mientras espera esos gloriosos tiempos anunciados por los profetas a Israel, la Iglesia, pueblo celestial, ya posee por la fe un anticipo de ese gozo futuro.

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El octavo día, el gran día de la fiesta

Una vez cumplidos los siete días, parecía que la fiesta había concluido y que debía reanudarse la vida normal. Pero llegado el día después del sábado del séptimo día, una asamblea solemne debía ser convocada y nuevos sacrificios debían ser ofrecidos: era el día de la gran fiesta.

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El orden de los sacrificios

¿Por qué se nos presenta primero el holocausto, mientras que, naturalmente, nosotros habríamos puesto el sacrificio por el pecado y por la culpa en primer lugar? Cuando Dios nos revela su pensamiento, procede desde el interior hacia el exterior.

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El pecado

Las hierbas amargas de la Pascua simbolizan la contrición del alma que siente la amargura de haber causado, con sus pecados, el sufrimiento de Cristo. En relación con la Cena, somos exhortados a juzgarnos a nosotros mismos. Pero aquí se trata de un ejercicio más profundo todavía. Para Israel, este ejercicio está predicho y detallado en Zacarías 12:10-14 e Isaías 53.

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