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¿Cuáles son las dos familias en Romanos 5?
Cada ser humano es un descendiente de Adán desde su nacimiento, pero los que han aceptado a Cristo y creyeron en él han venido a ser miembros de la familia (o linaje) de Jesucristo. Nuestra muerte con Cristo corta el vínculo con Adán, de manera que pasamos a ser miembros de una nueva familia de la cual Cristo es la Cabeza.
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¿Cuáles son sus actividades como abogado?
Como nuestro abogado, el Señor Jesús siempre está dispuesto a socorrernos cuando pecamos. Los creyentes no tienen necesidad de pecar y no deberían pecar, no obstante pecan: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).
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¿Cuándo comenzó la Iglesia?
La Iglesia comenzó el día de Pentecostés, cincuenta días después de la resurrección del Señor (Hechos 2).
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Cuando el “yo” de Romanos 7 entiende que no puede liberarse del problema por sí mismo, ¿de dónde recibe ayuda?
Hacia el final del capítulo 7, esta persona deja de buscar ayuda en sí misma y comienza a buscarla afuera. Ahora no dice: «¿Cómo podré liberarme?», sino: “¿Quién me librará”? (Romanos 7:24).
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¿Cuándo tendrá lugar la gran tribulación?
Durante la segunda mitad de un período de siete años, entre el arrebatamiento y el reinado de Cristo. En la profecía de las setenta semanas de Daniel 9:25-27 (una semana profética equivale a siete años), hay un intervalo indefinido entre la semana 69 y la 70. Al final de la semana 69 Cristo fue crucificado (“se quitará la vida al Mesías”).
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¿Cuándo y durante cuánto tiempo ocurrirá esto?
El tiempo de la Iglesia aquí abajo se acabará con el arrebatamiento de los creyentes. Luego, posiblemente después de un intervalo, sobrevendrá un período de siete años de tribulación. Al final de dicho período, Cristo aparecerá con poder para establecer su reinado, el cual durará mil años: “Y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4).
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De las dudas a la certeza
A fin de aclarar este punto, me serviré de un ejemplo tomado de la vida diaria. Cierto ganadero, no teniendo suficientes pastos para su ganado, pide en arrendamiento un hermoso pastizal próximo a su finca. Pasa algún tiempo sin recibir contestación del propietario. Entre tanto, un vecino suyo lo visita y procura animarlo, diciendo:
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¿Debemos nombrar ancianos hoy en día?
En el Nuevo Testamento, los ancianos siempre fueron establecidos por los apóstoles (Hechos 14:23) o sus delegados (Tito 1:5). Tito había recibido un mandato expreso de parte del apóstol para proceder así. En nuestros días, ya no hay apóstoles (porque un requisito para ser un apóstol era haber visto al Señor, Hechos 1:21-22 y 9:4-6, compárese con 1 Corintios 15:8).
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¿Deberá cumplirse alguna profecía antes del arrebatamiento?
No, absolutamente nada tiene que cumplirse. El arrebatamiento puede suceder en cualquier momento. En los versículos de 1 Tesalonicenses 4:16-17, citados en la respuesta 4.1, Pablo afirma: “Los que vivimos… seremos arrebatados”. Esto demuestra que ya en el primer siglo los cristianos debían esperar la venida de Cristo en cualquier momento, y esto durante toda su vida.
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¿Debería un creyente guardar la ley (o ciertas reglas) para asegurarse de no cometer pecados? (Romanos 7:1-6)
No. Guardar leyes o reglas no es el camino para lograr esto.
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¿Declaró el Señor si el Antiguo Testamento era inspirado por Dios o no?
Sí, lo hizo muchas veces. El Señor utilizaba el Antiguo Testamento atribuyéndole una autoridad absoluta (ver 8.7). Ponía las palabras del Antiguo Testamento al mismo nivel que sus propias palabras (compárese Mateo 5:18 con Mateo 24:35).
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¿Dejará Cristo alguna vez de ser hombre?
No. Resucitó de entre los muertos (1 Corintios 15) y ascendió a los cielos donde ahora está como Hombre glorificado. Esto es importante, porque él es ahora nuestro Sumo Sacerdote. Él sabe cómo compadecerse de nosotros, porque fue y es hombre; sabe lo que es ser probado y tentado como nosotros en este mundo –excepto que él no tuvo ni tiene una naturaleza pecaminosa–.
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¿Dejó el Señor de ser Dios cuando se hizo hombre?
No. Siempre fue, es y será Dios. Esta es una verdad incontrovertible. Dios es eterno y no puede dejar de ser Dios (Colosenses 1:19; 2:9).
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Depender de cualquier otra cosa es estar perdido
Si estas páginas llegan hasta ti, que aún no tienes un corazón regenerado (aunque tal vez te hayas bautizado y lleves incluso el nombre de «cristiano»), quisiera llamarte la atención sobre el hecho de que la venida del Señor será repentina y serás dejado atrás si él te halla “sin aceite en tu vaso”.
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¿Dios ha predestinado personas para condenación?
No. La Biblia nunca afirma una cosa así. Dios quiere que todos los hombres sean salvos (Tito 2:11; 1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Además, Dios “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). En Romanos 9:18 leemos que Dios endurece a quien él quiere (pero solo después de que el hombre se ha endurecido a sí mismo, tal como observamos en el ejemplo del Faraón; v.
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Dos casos opuestos
La Sagrada Escritura relata un acontecimiento que viene muy al caso para explicar cómo podemos estar seguros de la salvación, según el verso anteriormente citado: es la salida del pueblo de Israel de la tierra de Egipto (Éxodo 12).
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Dos naturalezas distintas en una misma persona
Cada ser humano nace con una naturaleza mala, tan mala que Dios declara que le es imposible someterse a Su santa ley. Ella no puede “agradar a Dios”. “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, dice el salmista David (Salmo 51:5).
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El amigo generoso y el cordero
Este es como un cuadro pintado por Dios mismo acerca de la salvación de un pecador. Por nuestros pecados la justicia divina exige la muerte, el justo castigo. La única alternativa es la muerte de un sustituto aprobado por Dios. El hombre jamás hubiese hallado lo que necesitaba para salir de su desesperada situación; pero Dios lo encontró en la persona de su Hijo.
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El camino de la salvación
En la primera parte de la Biblia, el Antiguo Testamento, abundan las figuras o ejemplos de cosas espirituales. Sirvámonos, pues, de una de estas figuras. En Éxodo 13:13 leemos las siguientes palabras salidas de la boca de Dios: “Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos”.
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El Espíritu Santo es el único poder de la nueva vida
¡Alabado sea Dios!, él mismo nos ha provisto de este poder en la Persona del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios hace más que dar vida a un pecador muerto; también es el poder de esta nueva vida. El Espíritu Santo –como persona distinta– viene a hacer morada en el recién convertido.
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El lazo indestructible y el lazo quebradizo
Pues bien, amado hijo de Dios, tenga presente estas dos cosas: no hay ningún lazo más fuerte que el del parentesco, y nada hay tan delicado como el lazo de la comunión. Todo el poder y el consejo de la tierra y del infierno reunidos no pueden anular el primero, mientras que un deseo torpe o una palabra frívola basta para romper el segundo.
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El leproso de Levítico 14 y Naamán
Usted podrá formarse una idea de la diferencia entre la liberación de los pecados y la redención del pecado al comparar la purificación del leproso como está descrita en Levítico 14:1-7, con la de Naamán, igualmente leproso, en 2 Reyes 5:10-14.
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El pecado que mora en mí”, ¿impide mi comunión con Dios?
Alguien podría preguntar: ¿Cómo es posible que la misma presencia de algo tan malo como lo es la carne no sea un impedimento para la comunión del creyente con Dios? Procuraré explicar esto por medio de otro ejemplo:
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“El pecado” y “los pecados”
El principio malo, que existe en nosotros por naturaleza, con frecuencia es llamado sencillamente “el pecado”, mientras que las acciones, palabras y los pensamientos malos resultados de esta naturaleza corrompida, son llamados “los pecados”. Nótese esta distinción hecha en 1 Juan 1:8-9: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos…” y:
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