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Nos gloriamos en Dios

“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (v. 11). No es la gloria, ni las tribulaciones y sus benditos resultados los que están ante el espíritu del apóstol, sino Dios mismo.

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Nuestra posición como hijos o niños de Dios

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios” (v. 14). Mediante este pasaje llegamos a la maravillosa relación a la que hemos sido llevados como seres que ya no son conducidos por la carne y que tampoco se hallan más, como otrora Israel, en la posición de siervos o esclavos.

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Oposición absoluta entre la carne y el Espíritu

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (v. 6-7). La carne y el Espíritu son y permanecen opuestos entre sí. El pensamiento de la carne está dirigido a las cosas visibles, conduce a la muerte, tanto ahora como eternamente.

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Pablo deseaba visitar a los creyentes de Roma

Pero, como ya no tenía motivo de detenerse en las regiones que acababa de visitar (pues había anunciado plenamente el Evangelio desde Jerusalén y sus alrededores hasta Iliria, como también probablemente hasta la costa oriental del mar Adriático), esperaba, al ir de paso para España, ver a los creyentes de Roma, y, después de haber gozado un poco de su compañía, ser encaminado por ellos a su des

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Padecer con Cristo

El camino que conduce a esa meta gloriosa, colocada ante nosotros, pasa por el sufrimiento. Ningún cristiano puede eludirlo. Por eso tenemos como final de la frase: “si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

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Priscila y Aquila

En el versículo siguiente encontramos dos nombres conocidos: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no solo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles”.

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Privilegios de los judíos y su infidelidad

Si Dios, pues, exige tan solemnemente la sinceridad y rechaza toda forma exterior, ¿no es preferible ser un pagano incircunciso, con una responsabilidad menor que la de un judío? Muy naturalmente se plantea la cuestión: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión?”. El apóstol responde: “Mucho, en todas maneras.

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¿Qué es la ley aquí?

Poco antes el apóstol había dicho que los creyentes no estaban “bajo la ley, sino bajo la gracia”. ¡Qué necesario resultaba explicar esta contradicción, en apariencia insoluble! Había demostrado categóricamente que ellos no estaban “sin ley”, es decir, que no podían hacer su propia voluntad ni obedecer a sus inclinaciones y concupiscencias.

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¿Quién estará contra nosotros?

Y además, si Dios es por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? ¿Quién podría oponerse al Dios eterno y arrancarnos de sus brazos poderosos? ¿Quién podría quitarnos su favor o impedirle que ejercite su amor por nosotros? Por eso son bienaventurados todos aquellos que pueden decir con fe infantil: ¡Dios es por mí!

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¿Quién tiene derecho a bautizar?

Así como el Nuevo Testamento nos enseña claramente de qué modo se debe efectuar el bautismo, se nos muestra también quién puede bautizar. Vemos en los Hechos de los Apóstoles, que todos los hombres que predicaban el Evangelio eran llamados a bautizar a los que por su predicación llegaran a creer en el Señor Jesucristo.

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Resucitados con Cristo

Dirijamos seguidamente nuestra atención hacia el tercer pasaje que, en las cartas del apóstol Pablo, se refiere al bautismo. Lo encontramos en la epístola a los Colosenses, capítulo 2. El estado de los colosenses tenía, en cierto sentido, semejanza con el de los gálatas.

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Resultados de una vida según la carne o según el Espíritu

En los versículos siguientes, el apóstol extrae la conclusión práctica de lo que ha dicho hasta aquí: “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (v. 12-13).

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Resumen

Hemos visto el bautismo sucesivamente relacionado con el perdón o el lavamiento de nuestros pecados, con nuestra muerte al pecado, con la muerte y resurrección del creyente con Cristo y con nuestra introducción en una posición completamente nueva como hijos de Dios en Cristo. En esta p

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¡“Retén firme lo que tienes”!

¿Acaso volveríamos poco a poco a lo que nuestros padres o nosotros mismos, hemos abandonado por ser malo? ¿Nos inclinaríamos hacia lo que no está establecido sobre «el firme fundamento de Dios»?

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Sabios para el bien

Al mismo tiempo, les exhorta a ser sabios para el bien e ingenuos para el mal (v. 19). Las últimas palabras del apóstol son especialmente dignas de nuestra atención. Las personas del mundo están atentas al mal, y procuran no ser engañadas ni caer en las trampas que se les tienden.

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Ser bautizado no significa ser salvo

Mateo 28:19 dice: “Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

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Títulos gloriosos de los creyentes

Ahora bien: ¿qué pasaba con los creyentes de Roma? No eran apóstoles llamados, y sin embargo eran llamados: “Llamados para ser de Jesucristo… amados de Dios, llamados a ser santos”, y todo ello por Jesucristo, Señor de ellos.

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Última liberación

De esta tercera y última liberación habla el apóstol en el magnífico pasaje que sigue: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (v. 11).

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Un andar conforme al Espíritu

Es cierto que el creyente ahora puede levantar la cabeza con toda confianza, pero también puede y debe seguir, por gracia de Dios, los gustos y las tendencias de la nueva naturaleza que está en él, del Espíritu de vida en Cristo Jesús. El versículo 4 conduce a ese resultado práctico.

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Un muerto no puede pecar

Sin embargo, señalemos que la epístola a los Romanos no considera la resurrección del creyente con Cristo como un hecho cumplido, sino solo su muerte con él. Saca la conclusión que es una consecuencia de lo que señalamos: “Porque si hemos venido a ser unidos con él por la semejanza de su muerte, lo seremos también por la semejanza de su resurrección” (v. 5, V. M.).

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Un remanente escogido por gracia

Pero Pablo no era el único monumento de la gracia divina. Ya en otros tiempos Dios había obrado de la misma manera. “¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y solo yo he quedado, y procuran matarme?”. Pero ¿cuál es la respuesta divina?

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Una buena conciencia delante de Dios

Esta advertencia nos lleva por sí misma al último pasaje en el cual el Espíritu de Dios habla del bautismo: 1 Pedro 3:21-22. En los versículos anteriores el apóstol instruye a los creyentes, de origen judío, sobre el hecho de que el Señor vino para predicar arrepentimiento a los hombres que vivían en ese entonces.

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Una libre entrada

El segundo y precioso fruto de la justificación es que, por medio del Señor Jesucristo, Tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes (v. 2).

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Una maravillosa esperanza

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó” (v. 29-30).

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