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Los ejercicios y las decepciones en las asambleas (oposición interior)

Esta oposición interior fue aún mucho más dolorosa para el apóstol que todas las persecuciones. ¿Por qué tuvo que soportar esto el apóstol de Jesucristo, “constituido predicador y apóstol, y maestro de los gentiles en fe y verdad”? (1 Corintios 1:1; 1 Timoteo 2:7).

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Los excesos en el comer y el beber

En el desierto, el pueblo de Israel deseaba volver a encontrar los alimentos que crecían a orillas del Nilo (Éxodo 16:3; Números 11:5). Cuando Dios los daba, esos alimentos podían recibirse de su mano. El peligro consistía en querer volver a Egipto, al mundo, para satisfacer un deseo carnal fuera de lugar. 1 Pedro 4:3-4 recuerda que algunos andaban en esos excesos antes de su conversión.

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Los que deben dar el ejemplo tienen más responsabilidad

Por su pecado, un sumo sacerdote debía ofrendar un becerro (v. 3), un príncipe o jefe debía ofrecer un macho cabrío (v. 22-23) y una persona cualquiera del pueblo solo tenía que ofrecer una cabra o un cordero (v. 27-28, 32). Quienes deben dar el ejemplo tienen una responsabilidad más grande, expresada por la importancia del animal ofrendado.

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Los recabitas

Los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, habían recibido de su padre la orden terminante de no beber vino, ni construir casas, ni sembrar campos, ni plantar viñas. Así, eran señalados como peregrinos, extranjeros en la tierra. Acordémonos de las palabras de ese siervo que podía decir: «El tesoro que encontré en Su amor me hizo ser un peregrino en este mundo».

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Los recursos divinos

Como lo hemos visto, ante la tentación exterior se trata de «resistir». Ahora bien, cuando estamos expuestos a la concupiscencia de la carne, debemos «huir» (1 Corintios 10:14). Colosenses 3:5 nos habla de «hacer morir» nuestros miembros. Aquí, «hacer morir» significa: dejar que el órgano vaya muriendo por falta de alimento, que se atrofie.

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Los recursos divinos

Ya lo hemos destacado antes: “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13). a) En las tentaciones exteriores

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Los remedios divinos

Tras haber cedido a la vanidad de mostrar todos sus tesoros a los enviados del rey de Babilonia, “Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló” (2 Crónicas 32:26). Este es un ejemplo que se debe seguir cada vez que comprobamos que el orgullo se ha deslizado en nosotros y ha producido sus frutos.

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Los tres amigos

La mujer de Job lo incitó a maldecir a Dios. Sus amigos llegaron para compadecerse de él y consolarlo. A pesar de todas sus buenas intenciones, lo presionaron demasiado. No entraban, en absoluto, en el plan de Dios, y exponiendo sus puntos de vista se enredaban aún más en sus erróneas afirmaciones.

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Lot

Sin duda para Abraham era muy natural llevar consigo a su sobrino Lot, el hijo de su difunto hermano. Pero el llamamiento de Dios no se había dirigido directamente a Lot. Este seguía a Dios por una fe educativa, bajo la influencia de Abraham.

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“Mi hermana”

Cuando Dios había hecho deambular a Abraham lejos de su casa paterna, este había llegado a un acuerdo medio mentiroso con su mujer: “Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es” (Génesis 20:13).

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Mi pecado mancha el testimonio del Señor Jesús

Por mi pecado yo hago comprender a todos los que me ven (Dios, los ángeles, el diablo y sus ángeles, los creyentes y el mundo) que no tomo en cuenta a Dios, que más bien hago caso al diablo y que no me he dejado separar enteramente del mundo por la cruz del Señor Jesús (Gálatas 6:14).

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Mi pecado me aleja de los hijos de Dios

Este es otro punto importante: Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él esta en luz, tenemos comunión los unos con los otros (1 Juan 1:6-7).

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Mi pecado me coloca bajo la disciplina de la asamblea

En la Palabra de Dios encontramos varias formas de disciplina ejercidas por la asamblea o iglesia local reunida en el Nombre del Señor Jesús. Esto comienza con formas de actuar de carácter pastoral, como la de restaurar a un hermano que ha sido sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1).

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Mi pecado ofende a Dios

Este es un punto poco considerado. No olvidemos que el pecado ha entrado en el mundo porque el hombre ha creído en las mentiras del diablo y no en las declaraciones de su Dios y Creador. El diablo sugirió que Dios había mentido, no queriendo el bien del hombre.

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Moisés

La fe de los padres de Moisés había discernido que el niño era divinamente hermoso (agradable a Dios, Hechos 7:20; Hebreos 11:23). Después de haber sido expuesto a la muerte, Dios dirigió todo para que durante un tiempo Moisés fuera criado en su propia familia. Desde pequeño oyó hablar de Dios.

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“Para a la postre hacerte bien”

Deuteronomio 8:2-6 y 14-17 ilustra, en la historia de Israel, el pensamiento de Dios acerca de la disciplina. Estas cosas han sido escritas para servirnos de advertencia (1 Corintios 10:11). Es, pues, importante considerarlas. Dios dijo a su pueblo: Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto.

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Pedir

A través de las diversas circunstancias de la vida, muy a menudo debemos pedir. ¡Tenemos tantas necesidades! La Palabra nos dice que debemos orar en todo tiempo, con toda oración y súplica (Efesios 6:18). Tratemos de discernir, pues, las clases de oraciones que dirigimos a Dios, conservando siempre el elemento imprescindible de la acción de gracias.

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Perdonados

Para ser perdonado, es necesario reconocerse culpable (Romanos 3:19).

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Prélogo del editor

La disciplina en la Iglesia es una necesidad a causa del Santo y Verdadero (Apocalipsis 3:7), quien está en medio de su pueblo. Él, como lo leemos en Habacuc 1:13, es muy limpio de ojos para ver el mal y no puede soportar el agravio. Allí donde el Santo tiene su habitación no es posible permitir que continúe una situación en la que el pecado no sea juzgado.

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Purificados

Además del pecado-deuda, la culpabilidad (Romanos 3:19), que acabamos de considerar y que está ilustrado por el Señor en la parábola de Lucas 7:41-42 y 47-48, existe también el pecado-mancha, del cual tenemos necesidad de ser “lavados”.

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¿Qué es la disciplina?

La palabra disciplina viene del griego paideia (παιδεία), derivado de pais (παις = hijo, niño), que se encuentra al principio de palabras españolas como pedagogo, pediatra. En la Biblia, la Palabra de Dios, podemos discernir tres sentidos de esta palabra:

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¿Qué es la oración?

Mi gozo está en tus atrios, la casa de oración, Do el alma tantas veces su fuerza y luz halló. Con cuánto amor el ruego Tú sueles escuchar, ¡Qué dulce hablar contigo, cuán bello en Ti esperar!  

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Reconciliados

Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo (Romanos 5:10). Cristo nos ha “reconciliado en el cuerpo de su carne, por medio de la muerte” (Colosenses 1:21-22, V. M.).

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Redimidos

Redimir es liberar mediante el pago de un precio. Por ejemplo, alguien quiere liberar a un esclavo. Va al mercado de esclavos y compra uno. Le quita sus cadenas y lo libera. El esclavo está redimido. Eso es lo que la Biblia llama redención. Gálatas 3:13 nos dice que Cristo nos redimió de la maldición… hecho por nosotros maldición.

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