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Confiar en Cristo es estar preparado

Ahora bien, cada creyente tiene, por fe en la obra cumplida por el Salvador –muerto por nuestros delitos y pecados, resucitado para nuestra justificación y glorificado en el cielo– lo que corresponde al «pasaje» de nuestro ejemplo; es decir, la indiscutible prueba de que su viaje al cielo está enteramente pagado, pues es cierto que la Escritura nos asegura que “en él (Cristo) es justificado tod

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¿Creer que estamos muertos con Cristo o sentirlo?

Esta es una dificultad práctica para muchas personas. Una vez oí a un creyente orar con insistencia pidiendo a Dios que le hiciera sentir que él estaba muerto con Cristo. ¿Acaso Dios nos habla de sentir que estamos muertos? ¡Lejos de esto! Él nos dice: “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11).

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Cristo estuvo aquí una vez

¿Cuál fue el resultado producido por semejante revelación? ¿Un cántico o la unánime elevación de alabanzas a Dios por cumplir finalmente su palabra, enviando al Mesías tanto tiempo esperado? ¿Irradiaba de gozo cada rostro? ¿Se estremecía de alegría cada corazón? ¡Al contrario! el cuadro que se nos presenta es muy distinto: “El rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él” (Mateo 2:3).

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Cristo podría venir hoy

Pero es necesario recordar que lo anunciado sucederá después y no antes del arrebatamiento de la Iglesia, la Esposa celestial de Jesús. ¡Cuán a menudo olvidamos que él mismo viene pronto para reunir a su alrededor a aquellos a quienes rescató!

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Cristo prometió volver otra vez

¿Cuál es, entonces, esta nueva promesa? Si leemos atentamente el evangelio según Juan, capítulo 14, la hallaremos entre los primeros versículos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

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Cristo vino para cumplir las promesas de Dios

Cuando Dios envió a su Hijo a este mundo cumplió las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob.

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Cristo volverá como la estrella de la mañana – ¿por qué?

Puede ser que hoy sucedan cosas que nos indiquen que, según las palabras del profeta Malaquías, no está lejano el día en que “nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” para los hijos de Israel que temen a Jehová; mientras que, para los impíos, será “el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará,

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Cristo volverá por su Iglesia; después reinará sobre Israel y el mundo entero

Al volver, pues, al cielo, el Señor dejó sin realizar, sin cumplir dos series de bendiciones prometidas:

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¿Cuál es el secreto de nuestro poder?

Recordemos la historia de la gallina y de su nidada de patitos. Su desesperación representa el estado de alma de un gran número de creyentes. ¿A qué se debía la angustia de la pobre gallina? Sencillamente a la imposibilidad de cambiar los patitos en lo que según su instinto polluelos de gallina debían ser.

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Cualidades morales de Jesús

El Señor no se dejaba arrastrar por la dulzura cuando se requería fidelidad; y, sin embargo, pasó por alto muchas circunstancias que habrían herido la sensibilidad humana y de las que el sentido moral del hombre habría juzgado correcto resentirse. Jesús no quiso ganar a sus discípulos con los pobres medios de una naturaleza amable.

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Cumplimiento de las promesas

¡Maestro perfecto!

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Dar al Señor

En el mismo libro del Eclesiastés, que antes citamos, leemos que hay “tiempo de guardar, y tiempo de desechar” (Eclesiastés 3:6). El Señor Jesús guardó y desechó cada cosa en su debido tiempo. En el servicio espiritual del corazón o de la mano de quien adora a Dios no hay desperdicio, por pródigo que parezca el modo de obrar, pues, como David, aquel dice al Señor:

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De las dudas a la certeza

A fin de aclarar este punto, me serviré de un ejemplo tomado de la vida diaria. Cierto ganadero, no teniendo suficientes pastos para su ganado, pide en arrendamiento un hermoso pastizal próximo a su finca. Pasa algún tiempo sin recibir contestación del propietario. Entre tanto, un vecino suyo lo visita y procura animarlo, diciendo:

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Debemos reflejar su luz

La luz de Dios brilla algunas veces ante nosotros a fin de que, según el poder que nos es dado, podamos discernirla, gozarla, valernos de ella y seguirla. No tanto para acusarnos o exigir algo de nosotros, sino que ella más bien brilla ante nosotros –como ya lo he dicho– a fin de que la reflejemos, si tenemos gracia.

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Depender de cualquier otra cosa es estar perdido

Si estas páginas llegan hasta ti, que aún no tienes un corazón regenerado (aunque tal vez te hayas bautizado y lleves incluso el nombre de «cristiano»), quisiera llamarte la atención sobre el hecho de que la venida del Señor será repentina y serás dejado atrás si él te halla “sin aceite en tu vaso”.

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Dios complacido en su Hijo

La obra de Dios, como Creador, había sido rápidamente echada a perder en manos del hombre. El hombre cayó en la ruina, se corrompió, por lo cual está escrito: Se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra (Génesis 6:6).

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Dos avecillas vivas y limpias

He aquí pues al leproso bajo la mirada del sacerdote, quien no encuentra sobre su cuerpo ni un solo lugar sin lepra. ¡Qué gozo, está curado! Usted que ha seguido hasta aquí el camino del leproso en su desgracia, ¿quiere prestar completa atención acerca de lo que debe hacer para su purificación?

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Dos casos opuestos

La Sagrada Escritura relata un acontecimiento que viene muy al caso para explicar cómo podemos estar seguros de la salvación, según el verso anteriormente citado: es la salida del pueblo de Israel de la tierra de Egipto (Éxodo 12).

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Dos invitaciones

La invitación encubría una intención premeditada. Tan pronto como el Señor hubo entrado en la casa, el dueño de esta hace el papel de fariseo y no el de dueño de casa, pues se asombra de que su invitado no se hubiera lavado antes de comer; y el carácter que asume así desde el principio se muestra en toda su fuerza hacia el final.

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Dos naturalezas distintas en una misma persona

Cada ser humano nace con una naturaleza mala, tan mala que Dios declara que le es imposible someterse a Su santa ley. Ella no puede “agradar a Dios”. “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, dice el salmista David (Salmo 51:5).

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El amigo generoso y el cordero

Este es como un cuadro pintado por Dios mismo acerca de la salvación de un pecador. Por nuestros pecados la justicia divina exige la muerte, el justo castigo. La única alternativa es la muerte de un sustituto aprobado por Dios. El hombre jamás hubiese hallado lo que necesitaba para salir de su desesperada situación; pero Dios lo encontró en la persona de su Hijo.

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El camino de la salvación

En la primera parte de la Biblia, el Antiguo Testamento, abundan las figuras o ejemplos de cosas espirituales. Sirvámonos, pues, de una de estas figuras. En Éxodo 13:13 leemos las siguientes palabras salidas de la boca de Dios: “Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos”.

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El carácter de Pedro

El Señor, mientras ejercía su ministerio en medio de sus discípulos, mucho tuvo que ver con Pedro, más que con cualquiera de ellos, tanto antes como después de la obra del Calvario. Casi todo el último capítulo del evangelio de Juan está ocupado con Pedro.

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El corazón atraído por el Señor

En un sentido relevante, los discípulos conocían a Cristo personalmente. Era su persona, su presencia, él mismo lo que los atraía, y, sin duda, necesitamos más de ello.

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