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Introducción
A muchos cristianos les falta entendimiento con respecto a la vocación del creyente en esta tierra. Creen que todo está arreglado si un pecador se ha arrodillado ante Dios para confesar sus pecados y sabe que éstos le son perdonados por medio de la obra redentora del Señor Jesucristo.
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Introducción
Satanás jamás deja descansar al creyente. Sin cesar está en actividad (Job 1:7; 2:2), acusando a los hermanos día y noche ante Dios (Apocalipsis 12:10), procurando hacerlos tropezar o bien intentando turbarlos. Desde el principio, sus medios para efectuar esta obra de destrucción son los mismos.
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Juntos con Cristo para siempre
El verdadero alcance de Romanos 11 se pierde de vista cuando lo aplicamos a la salvación del alma. Otros pasajes de la Palabra (por ejemplo, la epístola a los Efesios) nos enseñan que los redimidos por Cristo son vivificados y resucitados juntos con El, que están sentados juntos con El en los lugares celestiales, que la Iglesia es un solo cuerpo con Él.
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Justificados ante Dios por la fe
A propósito de la justificación he aquí lo que el apóstol Pablo escribe a los romanos: “Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5), mientras que la enseñanza del apóstol Santiago es esta: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24).
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La salvación del alma está definitivamente lograda
La explicación de Filipenses 2:12 también ha sido dada frecuentemente. El apóstol no tiene en vista la justificación cuando escribe: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. En la epístola que envía a los filipenses presenta la salvación como la meta a alcanzar: la liberación al final de la carrera.
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Nuevo Testamento
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Prólogo
Hay en la Biblia dos libros que llevan el nombre de una mujer: Rut y Ester. Rut era moabita, Ester judía. Pero las dos manifestaron, en circunstancias muy especiales y de manera insospechada, devoción y fidelidad para con Dios.
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Una fe viva y no una simple profesión de fe
El primer versículo de la epístola a los Hebreos muestra claramente que ella fue dirigida a creyentes judíos. Dios había hablado a los padres por los profetas; cuando “ha hablado por (o en) el Hijo”, su pueblo lo rechazó y lo crucificó. Sin embargo, lo hicieron por ignorancia: “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho” (Hechos 3:17).
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Adorar en espíritu y en verdad
Al cotejar Mateo 18:20 con el cap.12 del Deuteronomio puede uno preguntarse si en ambos casos se alude al mismo lugar. En el Deuteronomio se menciona un sitio geográficamente determinado, esto es, Jerusalén, según lo vimos al tratar dicho pasaje. ¿Sería también el caso de Mateo 18:20? Juan 4:20-26 nos da la contestación.
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Después del cautiverio babilónico
Los libros de Esdras y Nehemías nos descubren una nueva época en la historia de Israel. Debido a la infidelidad del pueblo (apostasía que Ezequiel 8 refleja en toda su enormidad) la gloria del Dios de Israel había abandonado el monte de Sion.
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Los israelitas en el desierto
Ante todo, una advertencia sobre el valor que tienen para nosotros las enseñanzas del Antiguo Testamento. En 2 Timoteo 3:16 leemos que “toda la Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñar, para reprensión, para corrección, para instrucción en justicia” (V.M.).
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Los israelitas en el país Canaán
En el Deuteronomio encontramos nuevas enseñanzas. Al final de su marcha de cuarenta años a través del desierto, el pueblo ha llegado al Jordán para entrar en la tierra prometida. Dios les indica entonces cómo han de comportarse allí.
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Reunidos hacia el nombre de Jesús
Como lo notará cualquier lector atento, el evangelio según Mateo nos presenta al Señor Jesús como el rey que viene a su pueblo, Israel, para establecer su reino. En su genealogía se pone énfasis en que es hijo del rey David y el cap. 2 nos describe la adoración que los magos de Oriente tributan al rey.
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Reunirse en tiempos de ruina y apostasía
La Iglesia, considerada como la casa de Dios en la tierra, está siendo edificada por el Señor Jesucristo con “piedras vivas” (Mateo 16:18; 1 Pedro 2:4-7) y no tiene, por lo tanto, defecto alguno. ¿Cómo podría salir un edificio imperfecto de las manos del divino arquitecto?
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