Rut
Rut

H.L. Heijkoop - 1999

En la confusión que reinaba en Israel en el tiempo de los Jueces, vemos cómo Dios actúa para cambiar la prueba de Noemí y de Rut en bendición, y esto por medio de Boaz. Boaz representa a Cristo que, por su obra, redime a todos los que se reconocen indignos de semejante amor.

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Prólogo

Hay en la Biblia dos libros que llevan el nombre de una mujer: Rut y Ester. Rut era moabita, Ester judía. Pero las dos manifestaron, en circunstancias muy especiales y de manera insospechada, devoción y fidelidad para con Dios.

El nombre de Rut se cita doce veces en el libro que lleva su nombre. Fuera de eso lo encontramos solo una vez más en la Palabra de Dios. Se trata, sin embargo, de un pasaje muy particular: en la genealogía del Señor Jesús (Mateo 1:5).

El libro mismo es un maravilloso ejemplo de cómo el Espíritu Santo puede dar una enumeración de circunstancias domésticas, en una forma que espontáneamente dirige los pensamientos hacia una importante verdad. Aquí se fija la atención sobre uno de los más preciosos títulos del Señor Jesús: el de Redentor. La palabra hebrea (Goel) se repite nueve veces en este libro. Además de esto la encontramos repetidamente en Isaías y de vez en cuando en otros libros. Según el contexto en que aparece es traducida por libertador, el que desata, vengador de sangre, pero mayormente por “el Redentor”. Con razón alguien dijo: Esta palabra en sí merece un estudio.

La ubicación del libro –entre Jueces y Samuel– también es digna de notar.

En el libro de los Jueces vemos cómo el pueblo se desvía, cómo fracasa totalmente en la conservación de un testimonio nacional del único Dios verdadero en medio de la oscuridad de la idolatría en Canaán y las tierras en derredor. Como resultado cae sobre ellos la disciplina de Dios, quien permite que sus enemigos dominen sobre ellos (Jueces 2:6-22).

Por cierto, siempre intervino en gracia al suscitar jueces que les libraban, y les daba así alivio en su opresión. Pero ningún juez les llevó al disfrute normal de la herencia que Dios les había dado. Cada vez era solamente una reconstitución parcial. Y cada juez, aunque tal vez en determinadas actuaciones y en ciertas circunstancias era una figura del Señor Jesús, demostró con demasiada claridad que era imperfecto. Aun aquellos que eran los tipos más claros de Cristos, como Gedeón y Sansón, condujeron al pueblo en caminos de error. El libro de Rut queda vinculado con esto por su frase de introducción: “Aconteció en los días que gobernaban los jueces…”.

Pero frente a esto encontramos en el libro de Rut a alguien que puede ser un redentor perfecto. ¡Booz significa: “En él hay fuerza”! Es un hombre poderoso en riquezas (cap. 2:1, V. M.). Él es el redentor (o libertador). Puede incluso redimir completamente a Rut la moabita, –quien perteneciendo a los enemigos de Dios no tiene ningún derecho– y levantarla hacia sí mismo. Redime la heredad y engendra una simiente que pueda disfrutarla toda. Y luego nuestra vista es dirigida hacia David, quien establecerá el reino en poder y conducirá al pueblo entero en el reposo de la completa heredad. Eso nos lleva a los libros de Samuel.

Por eso el libro de Rut comienza con la huida de Elimelec del país de Dios y finaliza con el nombre de David, el “hombre conforme al corazón de Dios”. Es el eslabón que une Jueces y Samuel. Muestra que a través de la decadencia y el desorden de los jueces, Dios es su providencia obran secreto para ejecutar sus propósitos de gracia: la simiente de Abraham, que bendecirá completamente a su pueblo, y que también será d bendición para todos los pueblos.

Sin duda, en estos libros vemos en figura la historia de Israel. En los jueces, la decadencia total y la apostasía: “En estos días no había rey en Israel, cada uno hacía lo que bien le parecía”. “A mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8:7). Y luego en el libro de Rut vemos, el Redentor, que liberta al pobre residuo de Israel que por la infidelidad del pueblo lo ha perdido todo (y por eso es representado por Rut la moabita, quien se identifica con el pueblo abandonado, con Noemí quien bajo la disciplina de Dios lo había perdido todo), lo vuelve a conducir a la posesión completa de la herencia y lo hace su esposa.

Pero, ¿no han acontecido todas estas cosas a Israel como ejemplos para nosotros? Y ¿no están “escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintos 10:11)? Los principios que se manifiestan en la caída de Israel, ¿no son los mismos que en la caída y en la apostasía de la asamblea? Y, ¿no ocurre lo mismo con la gracia de Dios que siempre intervino en socorro, tanto en la historia de Israel como en la historia de la asamblea? ¿No vemos en el libro de los Jueces y en los siete primeros capítulos de 1 Samuel el paralelo con Apocalipsis 2 y 3, y en Rut, con Filadelfia en Apocalipsis 3:7-13?

Es bajo este aspecto que quisiera dejar que el libro de Rut nos hable; a nuestra conciencia al contemplar los peligros y las consecuencias de abandonar el sitio que Dios nos ha dado, y a nuestros corazones al notar la ilimitada bondad y la ilimitada gracia de nuestro Booz.