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El escenario de la profecía

Dios, desde los días de Abraham, escogió un pueblo para que fuera su testigo en la tierra. Estableció con él una alianza perpetua e incondicional, garantizada por la fidelidad de las promesas de Dios. La alianza de Sinaí, la ley, concedida 430 años más tarde, no anuló las promesas anteriores, si bien la rebelión del pueblo obligó a Dios a aplazar su cumplimiento.

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El gobierno del mundo

En dos ocasiones Dios confirió al hombre autoridad en el ámbito de la creación: En Génesis 1 Dios dijo a nuestros primeros padres: “Llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread… en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (v. 28). Igualmente, después del diluvio, Dios bendijo a Noé y a su familia y entregó en sus manos todo lo que se movía sobre la tierra (cap. 9:2).

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El lado de Dios

Desde la caída, el pecado impide todo reposo al hombre, como lo dice el Señor Jesús: “Mi Padre… trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). No hay reposo sin la redención, sin la Pascua, figura de la obra perfectamente cumplida en la cruz.

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El lado del rescatado

Si bien es cierto que Dios hizo todo, que dio el cordero, también es cierto que, para ser salvo, todo hombre debe apropiarse personalmente de la obra de Cristo: “Tómese cada uno un cordero”. Tomar el cordero, guardarlo, inmolarlo, poner su sangre en la puerta y luego permanecer dentro de la casa era responsabilidad de la familia.

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El mundo creado

Varios pasajes de la Palabra de Dios nos hablan del mundo refiriéndose al planeta tierra, creado por el poder de Dios: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3). “El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría” (Jeremías 10:12; 51:15).

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El objeto central de la profecía

Desde la primera promesa dada por Dios al hombre, Jesucristo siempre aparece en ellas: “Esta (la simiente de la mujer) te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”, dijo Dios a Satanás (Génesis 3:15).

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El octavo día, anticipo del cielo

Mientras espera esos gloriosos tiempos anunciados por los profetas a Israel, la Iglesia, pueblo celestial, ya posee por la fe un anticipo de ese gozo futuro.

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El octavo día, el gran día de la fiesta

Una vez cumplidos los siete días, parecía que la fiesta había concluido y que debía reanudarse la vida normal. Pero llegado el día después del sábado del séptimo día, una asamblea solemne debía ser convocada y nuevos sacrificios debían ser ofrecidos: era el día de la gran fiesta.

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El orden de los sacrificios

¿Por qué se nos presenta primero el holocausto, mientras que, naturalmente, nosotros habríamos puesto el sacrificio por el pecado y por la culpa en primer lugar? Cuando Dios nos revela su pensamiento, procede desde el interior hacia el exterior.

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El origen del hombre

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:26-27).

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El pecado

Las hierbas amargas de la Pascua simbolizan la contrición del alma que siente la amargura de haber causado, con sus pecados, el sufrimiento de Cristo. En relación con la Cena, somos exhortados a juzgarnos a nosotros mismos. Pero aquí se trata de un ejercicio más profundo todavía. Para Israel, este ejercicio está predicho y detallado en Zacarías 12:10-14 e Isaías 53.

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El Pentateuco

Es llamado así por los cinco libros que lo forman. El Pentateuco es la base de la revelación de Dios durante el período que precede a Jesucristo. Moisés es su autor, a excepción del último capítulo de Deuteronomio que nos relata su muerte en el monte Nebo. Tanto Moisés como el resto de los autores fueron inspirados por el Espíritu Santo para escribir estos textos históricos y didácticos.

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El privilegio de este pueblo

Actualmente Israel se halla en estado de desgracia. El profeta Oseas ya lo anunció al decir: “Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel… Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios” (Oseas 1:6, 9).

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El propiciatorio

En la Pascua, la sangre que estaba en las puertas era el fundamento de la salvación. Dios veía la sangre y podía salvar al pueblo. En el día de la expiación, la sangre llevada al santuario permitía a Dios mantener las relaciones con su pueblo. Pero la sangre de animales jamás podía quitar los pecados (Hebreos 10:1-4).

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El propósito de la profecía

Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron acerca de los acontecimientos futuros: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:3-4).

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El real sacerdocio

Estos capítulos del Levítico nos mostraron cómo los israelitas llevaban ofrendas a Dios. Ahora, los creyentes somos piedras vivas; somos edificados como casa espiritual, como sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

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El templo del Espíritu Santo

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad… mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-17). “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).

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El triunfo de Jesús

Mediante su muerte, Jesús destruyó “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). En la cruz, él triunfó sobre las potestades tenebrosas, las despojó y las exhibió públicamente (Colosenses 2:15). Al final de las horas del Calvario, antes de entregar su espíritu en las manos del Padre, dijo: “Consumado es” (Juan 19:30).

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Elementos de la ofrenda vegetal

La flor de harina

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Jesús es la resurrección y la vida

Cuando hablamos de vida, nuestro pensamiento se dirige hacia el Autor de ella: el Dios Creador. Toda forma de vida sobre la tierra salió de manos del Creador. El evangelio de Juan dice que el autor de todas las cosas creadas es “el Verbo”, el Hijo, Jesús, el Amado del Padre. La confirmación de esta verdad se encuentra en Juan 1:3, Colosenses 1:16 y Hebreos 1:2, 10.

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La caída del hombre

No satisfecho con lo que se le había dado, el hombre deseó lo que le había sido prohibido. Con el propósito profundo de sustraerse a su posición de dependencia respecto a su Creador, el hombre desobedeció el único mandamiento que se le formuló. Prefirió escuchar la voz mentirosa de Satanás, porque correspondía al deseo secreto, escondido en el fondo de su corazón.

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La fiesta de los Tabernáculos a través de los tiempos

Al llegar a Canaán, muy pronto Israel olvidó que había sido extranjero en Egipto y peregrino en el desierto. En realidad, solo tres veces encontramos la fiesta de los Tabernáculos celebrada según la ordenanza.

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La fuente de la profecía

“El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua” (2 Samuel 23:2). Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21).

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La gravedad del pecado

Dios no deja pasar nada por alto. Puede perdonar y purificar todo, pero no puede dejar pasar nada. El pecado, escondido a los ojos de aquel que lo ha cometido, no está oculto a los ojos de Dios. Moisés declara a las dos tribus y media que si no van a la conquista del país de Canaán:

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